When the dark night passes, capítulo 9

Por @autoresinvitados @Jeannelok

Jimin, Bangtan Boys, BTS 3Capítulo 9:

Ye Gi no fue a clase esa semana. Ji Min y los demás fingieron diciendo que la muchacha tenía un resfriado. Tampoco estaban muy seguros de si no daba señales de vida por las heridas, o por algo más, pero ella les había escrito pidiendo que no se preocupasen y que no iba a volver a meterse en más peleas. A pesar de sus palabras y de que quería confiar en lo que le decía, Ji Min seguía sintiéndose inseguro. Sin embargo, sabía que no podía hacer nada más.

Esa mañana, estaba intentando concentrarse en la asignatura de inglés, cuando la profesora les explicó que iban a hacer un trabajo en conjunto con la otra clase. Ji Min no hubiera prestado más atención, de no ser porque cuando la maestra le dio la información, vio el nombre de Tae Hyung escrito en él.

Sabía que los de la otra clase se enterarían del trabajo a penúltima hora, así que no le sorprendió recibir un mensaje del otro chico diciéndole que tendrían que quedar para hablar.

—Noona, hoy tengo que quedarme para hablar con Tae Hyung.—le dijo a Sun Young, cuando igual que cada día, ella y Yoon Gi fueron a buscarlo.

—¿Con… Tae Hyung?

—¡Sí! Nos han mandado hacer un trabajo de inglés juntos…—sabía que si el otro chico le pillaba, le daría una colleja al verlo tan contento porque tuvieran que pasar tanto tiempo juntos. Pero a él le daba igual. De algún modo, sentía que las cosas con él comenzaban a ir mejor.

—Vaya…—musitó Sun Young. Ji Min recordó entonces que le había visto abrazar a Ye Gi. Se lo había contado Jung Kook. Sin embargo, Sun Young no había sacado el tema en toda la semana. No obstante, a nadie se le escapaba que parecía estar decaída y pensativa.

Toda la emoción que había sentido por lo de Tae Hyung poco antes, se esfumó, al recordar el tipo asqueroso y terrible que era. Ji Min se había dado cuenta de que por más que intentase estar con Sun Young, no podía quererla de otra manera que como su amiga. Aunque le había costado, ahora sabía lo que sentía por Ye Gi. El verla en peligro… Al abrazarla… se había dado cuenta. No recordaba haber sentido esa necesidad de tocar a nadie antes, de comprobar que estaba bien y no dejarla escapar de entre sus brazos. Aún recordaba el calor del cuerpo de Ye Gi contra el suyo.

Pero él estaba saliendo con Sun Young. Y por más vueltas que le daba, no sabía cómo iba a romper con ella, pues no quería herirla.

—Noona…

—Vale, vamos a ir a buscar a Jung Kook. Creo que, otra vez, nos iremos los tres juntos a tomar algo y pasarlo bien—lo interrumpió Yoon Gi, pasándole un brazo por los hombros a la chica—. Dentro de poco, nosotros dos estaremos preparándonos para los últimos exámenes y la entrada a la universidad. Casi no tendremos tiempo de vernos.—sabía por qué Sun Young se mostraba tan extraña esos días, pero no entendía por qué notaba diferente también a Yoon Gi. Éste parecía enfadado todo el rato, al menos con él. Y, sobre todo, a la defensiva.

—Lo siento, la próxima vez me uniré a vosotros.

—No sabemos cuándo será la próxima vez, Ji Min. Nos vamos, Jung Kook debe estar esperando y… mira, Tae Hyung ya sale.—Yoon Gi no soltó a Sun Young mientras se daban la vuelta y se alejaban. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, al fin la chica abrió la boca para decir algo.

—¿Me puedes explicar a qué ha venido todo eso?

—A que estoy muy enfadado con Ji Min y no puedo ocultarlo.

—¿Enfadado? ¿Por qué?—se había detenido cuando llegaron al final de la escalera, para preguntárselo. Yoon Gi la miró, suspiró entornando los ojos y la soltó, volviendo a caminar.

—Porque te hace sufrir.—dijo para sí mismo, y ella no pudo escucharlo bien.

—He avisado a mi padre de que vas a venir—le explicó Tae Hyung a Ji Min mientras caminaban hacia su casa. Para el trabajo, tenían que usar el diccionario de inglés, y éste reconoció avergonzado que no tenía ninguno—. Me ha dicho que mi hermano regresará hoy un poco más tarde, así que tenemos la salita toda para nosotros.

—¿Sigue igual que siempre?

—Sí. Supongo que los muebles están más viejos, pero aparte de eso, sigue todo igual.

No hablaron más en todo el camino, y sin lugar a dudas, a ambos se les hizo muy extraño estar en silencio. Estaban acostumbrados a no cerrar la boca ni para dormir, pero el ambiente se había vuelto a tensar.

Cuando llegaron a la casa, y Tae Hyung le dejó pasar, a Ji Min le sorprendió que no sólo recordaba el aspecto del hogar del otro chico. A Ji Min le sorprendió recordar no sólo el aspecto del hogar del otro chico, sino también el olor e incluso el ruido que sus pies hacían sobre el suelo. No pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro, mientras sentía que unas lágrimas de emoción acudían a sus ojos. Se resistió a dejarlas salir, porque se temía que eso provocase de nuevo el enfado de su examigo.

Fueron hasta la salita, y sin mediar palabra sacaron el material y comenzaron a trabajar. Transcurridos quince minutos, Ji Min no había hecho otra cosa que girar un lápiz con sus dedos y Tae Hyung se había bebido cinco vasos de agua e ido al baño dos veces.

—Esto es una tortura… ¡qué aburrimiento!—lloriqueó Tae Hyung. Por un momento, volvió a ser el mismo que Ji Min recordaba. Se echó a reír al ver su cómica expresión.

—Ya no saben qué mandarnos hacer. Sabes…—justo en ese momento, la puerta de la entrada se abrió. Instantes después, escucharon a Bon Hwa dejar caer su mochila

—¡¡Hyung!!—exclamó, observando a Ji Min. Se acercó a él despacio, casi parecía estar viendo un espejismo— ¿Por qué estás aquí?

—Un trabajo de clase—respondió, con un ligero movimiento de cabeza—, nada interesante, desde luego.

—¡Podrías haberme dicho que ibas a venir! En nuestra última conversación…

—¿En vuestra última conversación?—intervino, entonces, Tae Hyung. Su tono de voz estaba entre la curiosidad y la amenaza. No parecía que le hiciera gracia que su hermano pequeño se hubiera estado escribiendo con Ji Min, sin decirle nada.

—Me encontré a Bon Hwa e intercambiamos nuestros teléfonos. A veces, nos escribimos.—le explicó con sinceridad. No había pensado que eso pudiera enfadar también a Tae Hyung, pero parecía ser que se confundía.

—¿Te intentas camelar a mi hermano para que volvamos a hablar, o de qué va todo esto?—preguntó, poniéndose en pie. No había alzado la voz, pero sonaba peor que si lo hubiera hecho. Ji Min abrió la boca dispuesto a responder, pero para su sorpresa, Bon Hwa lo hizo.

—¡Ya está bien, ¿no, hyung?! Te has estado comportando como un niño pequeño desde que tenéis 14 años, ¡y no hay derecho!

—¡No te entrometas, Bon Hwa! ¡Esto no va contigo!—gruñó Tae Hyung. No parecía haberle ninguna gracia que su hermano pequeño, encima, se pusiera de parte de Ji Min. Éste se levantó, dispuesto a poner calma en todo aquel asunto, aunque él era la principal causa de la discusión.

—¡Tiene más que ver conmigo de lo que te piensas!

—¡No, Bon Hwa!

—¡Sí, Ji Min hyung! Estoy harto de que el idiota de mi hermano, no sea capaz de volver a dirigirte la palabra. No sólo por una tontería. Además, por algo que no has hecho.—tras soltar aquello, la sala se quedó en silencio. Éste fue roto por la voz de su hermano mayor.

—¿Qué has dicho?—preguntó, remarcando cada una de sus palabras

—Que ese peluche, lo destrocé yo. Lo único que hizo Ji Min hyung, fue cubrirme porque así se lo pedí—aquella confesión cayó como un balde de agua fría sobre Tae Hyung, que se balanceó. Sus ojos bailaron de Ji Min a Bon Hwa.

—Mentira…

—¡No, no lo es! Te escuché contarle la historia de ese peluche a hyung… y un día que no estabas… ¡aproveché para destrozarlo! ¡¿Por qué mamá sólo te dejaba un recuerdo a ti?! ¿A mí no me quería? ¿No había sido un buen hijo? No podía dejar de hacerme esas preguntas mientras lo rompía. Tenía envidia de ti. Pero entonces, Ji Min me vio. Y me cubrió, porque yo se lo pedí. Me prohibió contarte la verdad, ¡pero ya no podía aguantar más!

Ji Min tenía la vista clavada en un punto indeterminado del suelo. Podía imaginarse el rostro desencajado de Tae Hyung, y no se atrevía a mirarlo.

—Tae Hyung—dijo al fin, poniéndose en pie. El aludido le observó como si no le viera—, Bon Hwa ha estado todo este tiempo muy arrepentido por lo que hizo. Yo lo sé. Era un niño, y estaba asustado por lo que había hecho. No lo pagues con él, por favor.

—Tú… no fuiste…

—No…

—Y me he pasado todos… estos años… sin querer hablarte, porque no me dabas ninguna explicación, al menos… no podía ni verte… y resulta que…

—No se me ocurría ninguna buena excusa.

—Yo…—Tae Hyung se llevó una mano a la frente— Necesito que me dé el aire. Tengo que ir fuera…—comenzó a caminar hacia el exterior. Ji Min decidió coger sus cosas y acompañarlo, después de palmear la espalda de Bon Hwa para agradecerle lo que acababa de hacer.

Fuera, Tae Hyung caminó sin rumbo hasta que llegaron a un parque. No había niños, pues ya se estaba haciendo tarde, así que se dejó caer en uno de los columpios. Estaba tratando de procesar lo que su hermano pequeño acababa de confesarle, pero le estaba costando.

Ji Min se sentó en el columpio de al lado, y comenzó a balancearse.

—Recuerdo que cuando éramos pequeños, nos gustaba mucho jugar aquí.—dijo, sonriendo.

—He estado culpándote estúpidamente todo este tiempo.

—Es normal que lo hicieras. Te hicimos creer que fui yo. Era lo mejor. Siento haberte engañado, Tae Hyung.—dijo, deteniendo el columpio y observándolo con vehemencia. El otro chico negó con la cabeza, y se pasó una mano por el flequillo.

—¿Por qué estaba enfadado contigo, Ji Min? ¿Por qué? Porque me rompieras mi más preciado recuerdo… porque no fueras capaz de darme una excusa… joder, ahora todo tiene sentido—los hombros de Tae Hyung se sacudieron, y éste escondió el rostro entre los brazos. No volvió a añadir nada por un rato largo, y Ji Min se quedó en silencio a su lado, sin saber qué decir. Al fin, aunque sin levantar la cabeza, siguió hablando—. Lo siento, Jimin… fui un estúpido… y aunque… aunque tú lo hubieras destrozado… quería hablarte pero… pero estaba acostumbrado a estar enfadado y me… me daba vergüenza… Creí que continuar con esta representación… Y tú… tú, mientras, protegías a mi hermano… Soy un capullo… un maldito capullo…

—Sí, lo eres. Pero ya antes lo eras un poquito, ¡qué se le va a hacer! Sólo hazme un favor. No te enfades con Bon Hwa. No lo hagas.

—No lo haré. No puedo seguir enfadado más tiempo.

—Y…—se levantó y se acercó a Tae Hyung. Su cabello anaranjado estaba revuelto. Le puso una mano sobre el hombro y le hizo levantar un rostro surcado por las lágrimas— ¿Podemos volver a ser amigos?

Tae Hyung volvió a echarse a llorar al escucharlo, y mientras la luna brillaba sobre sus cabezas, se abrazó a la cintura de Ji Min.

El lunes de la siguiente semana, Ye Gi volvió a clase. Las heridas de su cara se estaban curando bien y por suerte, no parecían ir a dejarle marca. Cuando los compañeros le preguntaron dónde había estado, habló de una falsa gripe. No todos parecieron creerla, pero poco a poco, la curiosidad se fue disipando.

Ese día, a la hora del desayuno, sólo Jung Kook acudió a verles, igual que siempre. Yoon Gi y Sun Young tenían que quedarse estudiando para un examen muy importante que, al parecer, les habían puesto. Ji Min no estaba seguro de si era mentira, o no querían ir porque estaba Ye Gi.

Sun Young, por su parte, se encontraba con Yoon Gi en el aula, enfrascada en la lectura de su libro de matemáticas. Era cierto que tenían un examen más tarde, pero en realidad no tenía nada más que repasar. Sólo paseaba los ojos por encima de las palabras y los números, con la imagen de Ji Min abrazando a Ye Gi clavada en la mente. Aunque había pretendido olvidarse de aquello, el recuerdo seguía persiguiéndola. No le importaba el gesto, pues al fin y al cabo, ellos eran amigos. Sun Young también abrazaba a Yoon Gi o Jung Kook. Pero al verlos a ellos, se había dado cuenta de una realidad que había estado intentando ignorar: se gustaban. Quizá incluso se querían. Ji Min no sabía disimularlo, y a veces parecía no querer hacerlo. Ye Gi, que tan misteriosa parecía para los demás, a Sun Young comenzaba a parecerle un libro abierto.
Pasó una hoja. Un libro abierto que estaba enamorado de su novio, y era correspondido. En esa ecuación, estaba claro quién sobraba. Iba a tener que hablar con Ji Min.

—¿Qué tal lo llevas?—le preguntó Yoon Gi, sentándose en su mesa mientras acababa de beberse un zumo.

—Mmm…

—¿Eso significa bien o mal?—Sun Young no respondió. Seguía cavilando respecto a todo el asunto. Al verla, Yoon Gi sonrió con paciencia, le arrebató el libro de las manos y le apoyó el dedo en la frente— Estoy aquí delante de ti, contigo. Al menos podrías disimular que me prestas atención.

—¡Ah! Oh… perdona. Estaba distraída.

—Llevas toda la semana igual… ¿sabes ya qué vas a hacer?

—Lo que tendría que haber hecho hace días. No sé por qué he alargado tanto mi propio sufrimiento.

—Tienes mi hombro para llorar si lo necesitas.

—No, gracias—dijo ella, arrebatándole el libro—, es demasiado pequeño para mi gusto.—bromeó. Al menos, Yoon Gi siempre lograba hacerla reír.

Aquella tarde, cuando las clases terminaron, no pudieron volver a esquivar a Ji Min y Ye Gi. Se encontraron con ellos y Jung Kook a la salida del instituto. Lo sorprendente fue ver que Tae Hyung quien parecía cohibido, pero estaba charlando con Ji Min. Entonces, era cierto que las cosas entre ellos se estaban solucionando.

—Cuando nos envió ese mensaje, me costó creerlo.—exclamó Yoon Gi, mientras se les acercaban. Sun Young asintió con la cabeza, incapaz de no alegrarse porque Ji Min recuperase al que había sido su mejor amigo. Sin lugar a dudas, eso alumbraba todavía más su sonrisa.

—Hola.—saludó Ye Gi. Sun Young abrió la boca para responder, pero Yoon Gi se le adelantó.

—Cuántos días sin verte, espero que estés bien.—la chica asintió con la cabeza como respuesta.

—¡Ye Gi!—dijo entonces una voz, y se giraron todos a la vez para encontrarse con su dueño. Por instinto, Ji Min se colocó delante de la muchacha. Era aquel tipo de las gafas de sol. No obstante, notó la mano de ella sobre su brazo para tranquilizarlo— No te habías olvidado de nuestra cita de hoy, ¿verdad?

—No, tranquilo—dijo, usando su voz neutra y templada—. No me he olvidado. Pero hoy tengo una petición que hacerte…—se giró hacia sus compañeros. Ji Min pudo notar que temblaba, así que colocó una mano sobre la de ella para infundirle confianza— Me gustaria… si no os importa… quiero que me acompañéis a un sitio. Él es Ji Hae Joon, el agente Ji Hae Joon. Es detective de la comisaría de la zona en la que vivo—todos clavaron la vista en ese tipo desaliñado y de mal aspecto, que se bajó un poco las gafas de sol para mostrarles los ojos y dedicarles un guiño como saludo—. Tengo que ir con él a comisaría, ¿os importaría acompañarme?

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