When the dark night passes, capítulo 6

Por @autoresinvitados @Jeannelok

Jimin, Bangtan Boys, BTS 2
Capítulo 6:

Ya hacía medio mes que los estudiantes sabían que Ji Min y Sun Young eran pareja. A pesar de que su comportamiento era igual al de siempre, la voz no había tardado en correr. Al fin y al cabo, el muchacho había rechazado a todas las chicas que se le habían declarado. Ninguna había tenido envidia de Sun Young hasta entonces, porque parecía ser más su hermana mayor que otra chica, y ahora se lamentaban por no haberla vigilado. De todos modos, como ella era una estudiante de último curso y también querida entre los más jóvenes, no hubo ningún altercado al respecto.

El más sorprendido de todos, sin duda, fue Jung Kook. Cuando se hubo enterado, estuvo media hora señalándolos de manera alterna, con la boca desencajada y sin saber qué decir al respecto. Al final, Sun Young le obligó a tomar aire y le confirmó que era cierto que eran pareja.

Ji Min, sin embargo, seguía sin entender qué estaba pasando. Se encontraba aquella tarde comprando en el supermercado algunas cosas que su madre le había pedido, sin poder borrar de su mente la imagen de Sun Young pidiéndole acompañarla al día siguiente a escoger un regalo para su madre. A solas.

El tono que había usado para decirlo era bastante claro. Ji Min no tenía ninguna clase de problema para quedar a solas con ella, sin embargo, se sentía extraño. Claro que Sun Young le gustaba. Eran buenos amigos y ella una persona muy especial en su vida. Pero no sabía por qué le había dicho que sí, ni si le gustaba de esa manera. No obstante, se sentía incapaz de decírselo y hacerle daño. Además, le hacía muy feliz que Sun Young sintiera eso por él. Por otro lado, Ji Min estaba libre, así pues… ¿por qué no intentarlo?

Al menos, eso se había estado diciendo, pero la idea de volver a besarla, se le hacía muy extraña. No desagradable… más bien rara.

—Te has metido en un buen lío…—se dijo a sí mismo, suspirando con fuerza.

—¿A qué te refieres?—una voz conocida cerca de él le hizo exaltarse y dar un pequeño brinco. Se encontró de frente con alguien que conocía, aunque hacía mucho que no le veía y parecía haber pegado un estirón.

Bon Hwa ahora era casi igual de alto que su hermano, aunque acababa de entrar en la escuela primaria. Tenía el cabello negro despeinado y los ojos igual de oscuros. Las orejas eran grandes, parecidas a las de Tae Hyung.

—¡¡Bon Hwa!! Casi no te reconozco… ¿Se puede saber por qué eres más alto que yo?

—Lo siento, hyung, ¡deberías haber crecido más!—incluso su voz había cambiado, y había pasado de ser aniñada a masculina. Ji Min no pudo evitar sentir orgullo al observarle, al fin y al cabo le había visto nacer. Le quería como si fuera su propio hermano pequeño, aunque no hubiera sabido de él en tanto tiempo.

—Qué cruel eres, Bon Hwa… ¿has venido solo?

—No, con unos amigos—señaló de manera ambigua con la cabeza—. Mañana comeremos todos en casa de uno de ellos y estamos comprando los ingredientes… Ji Min hyung, hacía mucho que no te veía, ¿has estado bien?

—Sí… como siempre…—de repente, el ambiente se tensó. Ji Min sabía por qué, pero fue el más joven quien comentó la obviedad.

—¿Aún no has arreglado las cosas con Tae Hyung hyung?—él sonrió con pena y negó con la cabeza— Maldito estúpido, tengo que hablar con él…

—¡Bon Hwa! Ni se te ocurra.

—¡Pero hyung, esto es culpa…!

—No le digas nada. Esto es algo que tu hermano y yo tenemos que solucionar por nosotros mismos. Y si no podemos hacerlo, significará que, en realidad, no éramos tan buenos amigos…—lo que acababa de decir le parecía una estupidez incluso a él, pero no podía permitirle a Bon Hwa abrir la boca— Tenemos que mantener nuestra promesa.

—Incluso mi padre te echa de menos, pero aprendimos a no decir tu nombre delante de hyung… es muy injusto…

—No, no lo es. Tae Hyung se siente herido, y es normal. Quizá otros no puedan entenderlo… pero yo sí lo hago. Cuando vuestra madre se marchó… perdona, Bon Hwa, no debería hablarte de eso.

—Está bien, hyung. Lo entiendo. Y sé que a mi hermano le dolió mucho lo sucedido, pero debería perdonarte de una vez. Tú siempre has estado ahí para él. Además, ni siquiera tuviste nada que ver. No he dicho nada hasta ahora porque pensaba que, simplemente, os habíais distanciado, pero no puedo creerme que todavía…

—¡¡Bon Hwa!!—una voz lo llamó desde la sección de fruta y el aludido se volvió sin acabar la frase.

—Lo siento, hyung, tengo que irme, me están esperando…

—No te preocupes, me alegra haberte visto.

—Mmm… déjame tu teléfono un momento—aunque confuso, Ji Min lo desbloqueó y se lo entregó. Bon Hwa escribió algo rápido y se lo devolvió—. He enviado un mensaje a mi móvil. Así podremos volver a hablar, hyung. Me alegro de verte—dijo, comenzando a marcharse—, ¡¡cuídate!!

Al día siguiente, Sun Young y Ji Min se encontraron por la tarde, tal y como habían planeado. La chica era la misma de siempre, y, a la vez, parecía otra. Cuando se hubo acercado más, se dio cuenta de que se había maquillado.

—Estás muy guapa.—fue lo primero que le dijo, sin pensar. Ella sonrió, agradecida.

—Tú también.—dijo, y no parecía mentir, aunque Ji Min no se había puesto nada en especial.

Sun Young le dijo que estaba pensando en regalarle un día en un spa a su madre para que pudiera relajarse en su día de fiesta, pero que dudaba entre varios lugares y quería ir a visitarlos antes de decidirse por uno.

Así fue como empezaron su ruta. Sun Young preguntaba precios y servicios mientras Ji Min se quedaba a su lado admirando las instalaciones. Estaban visitando ya el quinto y último lugar, cuando la recepcionista se dirigió amablemente a los dos comentándole las ofertas que tenían para parejas.

Avergonzado, Ji Min notó sus mejillas arder y supo que se había puesto rojo. Si le hubieran dicho algo parecido medio mes atrás, se habría reído.

—No, si…—comenzó a explicar Sun Young, pero él no se dio cuenta y la interrumpió.

—¡No somos pareja!—al darse cuenta de lo que había dicho, intentó explicarse, pero la voz le temblaba y las palabras no le salían de manera correcta— O sea, sí lo somos, pero… es que…

—No veníamos a preguntar ese tipo de ofertas—Sun Young salvó la situación con tranquilidad, dejando al avergonzado Ji Min a un lado, para preguntar por la información que le interesaba en realidad. Cuando acabó, el chico la siguió sin saber qué decir y preguntándose si estaría enfadada—. De todos, el que más me ha gustado ha sido el tercero. Éste no estaba mal, pero los precios son demasiado altos para mí. De todos modos, aún tengo que consultarlo con mi padre, ya que le hacemos el regalo entre ambos y…

—Sun Young…—Ji Min se había detenido al llamarla, haciendo que ella también se parase. La chica le observó en silencio, instándolo a hablar, aunque se imaginaba qué iba a decirle— Siento lo de antes. Es que…

—No te preocupes—Sun Young le sonrió de modo afable, acercándose a él y colocándole una mano sobre el hombro—, a mí también me está costando hacerme a la idea. Hasta hace nada, éramos sólo buenos amigos, y ahora… En fin, Ji Min, gracias por acompañarme hoy. Como aún es pronto, ¿quieres que vayamos a algún sitio o a hacer alguna cosa? Porque a mí me apetece mucho que vayamos a un lugar…

—¿Dónde?

—En el centro comercial de la otra calle han puesto una pista de patinaje… me gustaría ir a patinar allí contigo.

Poco más tarde, se encontraban en el centro comercial que Sun Young había mencionado, poniéndose los patines que les habían dado al pagar su entrada. Ji Min no había patinado sobre hielo desde que era pequeño, así que no estaba muy seguro de cómo hacerlo. De todos modos, tras ponerse en pie, se metió en la pista y se sujetó a la barandilla, sintiéndose inseguro. Al verlo, Sun Young le tendió una mano.

—Yo te ayudo, no tengas miedo.—Ji Min obedeció y se dejó llevar por ella, deslizando los pies como lo haría sobre tierra con cierta inseguridad. La chica tiraba de él con suavidad para hacerle avanzar, y antes de darse cuenta, había cogido el tranquillo y estaban riéndose mientras patinaban cogidos de la mano. Pasaron más de hora y media allí hasta que el frío y el cansancio hicieron mella en ellos y decidieron ir a tomar algo a una cafetería. De repente, toda la vergüenza y extrañez que Ji Min había sentido al principio de la tarde, habían desaparecido, y se encontraba disfrutando de la compañía de Sun Young tal y como siempre había hecho.

Ji Min se pidió un trozo de pastel y un batido especial de la casa, mientras que Sun Young optó por una copa de capuchino. Mientras charlaban de banalidades, la chica se dio cuenta de cómo él miraba su bebida y se la acercó.

—¿Quieres probarlo?—le preguntó. Él levantó la vista, azorado.

—Mmm… ¿Puedo?

—Por eso te lo he acercado. Adelante.—el chico agarró la copa y dio un sorbo al café, saboreándolo y manchándose la cara. Al verlo, Sun Young no pudo evitar reírse.

—¿Te has dedicado a ver series últimamente?—rió.

—¿Por qué lo dices?

—¡Mira eso!—Sun Young se auto abrazó, como si observara sorprendida a Ji Min. Estaba usando un tono de voz diferente al suyo y el chico supuso que estaba imitando a alguien— ¿Por qué los chicos hacéis eso?—preguntó, inclinando un poco el cuerpo hacia adelante— No lo hacéis cuando estáis con otros chicos, pero cuando una chica está cerca, dejáis espuma deliberadamente en vuestros labios y hacéis ver que es de modo inconsciente—al escuchar eso, el muchacho entendió por qué estaba montando toda esa parafernalia y se llevó una mano a la boca por instinto. Como si hubiera predecido que iba a hacerlo, Sun Young lo detuvo al instante—. No seas bruto—dijo, y sin soltarlo, se puso en pie—. Ven aquí—Ji Min notó la mano libre de la chica bajo su barbilla, obligándole a levantar el rostro. No tenía ni idea de qué pasaba allí, aunque era cierto que la escena que acababan de representar le sonaba. Pero no tuvo tiempo a pensar de qué, porque de repente, el rostro de ella estaba a escasos centímetros del suyo. Sus ojos se encontraron, y de repente, se sintió incapaz de apartarlos. Notó las manos de la chica temblar, y tragó saliva, confuso. Acababa de recordar lo que pasaba a continuación, pero no estaba seguro de si se sentía capaz de acabar de interpretar la escena, y ella tampoco parecía estar del todo segura.

Ji Min sabía que ahora le tocaba a él dar el paso, a diferencia de la escena real. Había regresado a la realidad de golpe. Ahora, ellos dos eran pareja. Y las parejas, se besan, se dijo. Sin alcohol de por medio, seguía haciéndosele muy extraño besarla, pero quizá siempre era así. Podría ser que todas las parejas al principio se sintieran raras al besarse, meditó para sus adentros. Pero Sun Young estaba esperando, y pronto se cansaría.

—¡Vale, vale!—la chica lo soltó, echándose a reír y aligerando la tensión del ambiente— ¡Qué serio, Jiminnie! Sólo estaba bromeando—dijo, volviendo a sentarse—. No iba a besarte delante de toda esta gente…—como toda respuesta, Ji Min se forzó a sonreír. A pesar de la reacción rápida que la chica había tenido al ver que ninguno de los dos sabía cómo acabar con la situación, no volvieron a comportarse con tanta naturalidad y tranquilidad como habían hecho antes.

Ye Gi no entendía lo que estaba haciendo. Cuando había visto a Ji Min y Sun Young caminando juntos a lo lejos, su intención había sido ir a saludarlos. Luego, se había preguntado si sería extraño interrumpirlos, ya que estarían pasando un día en pareja. Cuando quiso darse cuenta, estaba siguiéndolos desde cierta distancia, para ver qué hacían.

No recordaba haber hecho nunca antes algo parecido ni tenía idea alguna de qué la movía exactamente a ello, pero el caso es que no podía evitar seguir sus pasos. Habían ido a una pista de patinaje, y había sonreído al ver cómo Ji Min se sujetaba a la barandilla por miedo a caerse. No obstante, la sonrisa se le borró al ver cómo Sun Young le tendía la mano al chico para que se sujetase a ella.

Lo entendía, eran pareja. Se llevó de manera inconsciente el puño al pecho. Le estaba comenzando a doler viendo aquella escena, y sin embargo, se sentía incapaz de apartar la mirada. Se mordió el labio inferior. Todas esas emociones eran nuevas para ella, sobre todo teniendo en cuenta que un año atrás casi había dejado de sentir nada.

Estuvo sentada en un banco de la segunda planta del centro comercial. Desde ahí, podía ver a la pareja patinando. Sabía que tenía que detenerse, que debía marcharse y darles intimidad porque lo que estaba haciendo, era de lo más extraño. No obstante, se quedó allí hasta que los dos fueron a devolver los patines y entonces se puso en pie, sin perderlos de vista. Acabó metida en una cafetería, sentada lo bastante lejos de ellos como para que no se percatasen de su presencia, pero lo suficientemente cerca para poder ver sus movimientos. Notó su respiración cortarse cuando Sun Young se puso en pie, sujetando el rostro de Ji Min y acercando el suyo al del chico. Sus ojos se dirigieron a los labios carnosos y entreabiertos del chico. Arañó la mesa con las uñas, tensando todo su cuerpo y notando que los ojos le ardían.

Ya había tenido suficiente. Sin acabarse la bebida, dejó el dinero sobre la mesa y salió de allí corriendo. No tenía intención de detenerse, y no lo hizo. Sus piernas la movían, pero no tuvo ni idea de hacia dónde hasta que llegó al lugar. Era increíble que hubiera llegado hasta allí corriendo. Tampoco era un lugar que tuviera intención de volver a pisar. Sólo quería olvidar todos los recuerdos amargos y tristes que ese sitio le traía. Sin embargo, allí estaba.

El edificio estaba igual que lo recordaba. Las paredes eran de color crema, y las cortinas de las ventanas de todos los pisos, de color verde azulado. Las barandillas, grises. Desde allí, podía ver la casa de Hyun Ki. Las escaleras la llevaron hasta el cuarto piso, aunque las piernas le dolían debido a lo mucho que había estado corriendo. El pasillo era de color azul cielo y las luces se encendían a su paso, pues ya era de noche y la luz que entraba por las ventanas era escasa. Una vez estuvo en frente de la puerta que buscaba, sin importarle que alguien la viera, apoyó la frente en ella y tomó aire. Al expulsarlo, también dejó escapar las lágrimas que había estado deteniendo sin darse cuenta.

Así fue como la encontraron más tarde unos vecinos, y al ver que no podían hacerla moverse del lugar, llamaron a la policía. Más tarde, el hombre que más la irritaba del mundo, porque no le dejaba ni a sol ni a sombra, la fue a recoger para llevarla a casa. No le preguntó qué le sucedía, pero le advirtió que no era bueno que llamasen a la comisaría por su culpa. Sin embargo, añadió que en realidad no había hecho nada, así que tampoco hablaría con sus padres.

Ye Gi no tuvo ninguna palabra de agradecimiento antes de bajarse del coche, así que él la detuvo unos instantes más.

—Me gustaría que dejases de llorar por él, Ye Gi.—ella se quedó en silencio medio minuto antes de decidirse a responder. Seguía sin entender qué le estaba sucediendo, pero lo que sí sabía era que le dolía y estaba harta de sentir dolor.

—Esta vez no lloro por él.—musitó, antes de desabrocharse el cinturón de seguridad y bajarse del vehículo. El hombre se quedó observándola mientras ella entraba en casa.

—Entonces, me alegro de que hayas llorado, Ye Gi.

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