아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae, capítulo 0: prólogo

Autores invitados @Jeannelok

TE AMO SIN QUE NADIE LO SEPA

B.A.P One Shot

Prólogo

La mañana era todavía calurosa a pesar de ser finales de octubre. Llevaba la ropa reglamentaria, pero se le pegaba al cuerpo a causa del sudor. Se abanicó con el informe que tenía en la mano mientras esperaba a que sus superiores llegaran. Tenían entre manos algo muy importante, y si sus suposiciones eran ciertas, al fin iban a comenzar a moverse. Sabía que iban a darle una misión importante, porque al fin y al cabo se trataba del mejor agente de todo el equipo, aunque también el más joven.

Young Jae, a sus veinte años, era excepcional. Se había criado en una familia de policías, así que desde muy joven había tenido claro lo que quería hacer. Se había licenciado con todo tipo de honores y era muy bueno con las armas. El único terreno donde se sentía un poco desprotegido era el cuerpo a cuerpo. No era bueno en las peleas, a pesar de que se sabía las técnicas y era cinturón negro de taekwondo. Por eso había decidido convertirse en agente de narcóticos. Al principio le habían dado pequeños casos insignificantes, pero cuando vieron su potencial y capacidad, no pudieron evitar meterlo en casos cada vez más importantes.

Hasta que había llegado a ése. Ya hacía más de medio año desde el primer documento al respecto que había visto. Incluso él no pudo evitar sorprenderse ante la gran cantidad de dinero que debía mover ese grupo. Sin embargo, era un terreno peligroso. En cuanto lograban cercarlos de algún modo, se libraban gracias a la influencia de gente poderosa a la que controlaban. Eran muy inteligentes, no por nada se trataba de una de las mayores y más importantes bandas de narcos.

Pero al fin tenían una oportunidad. Habían descubierto que el hijo del mandamás estaba viviendo en Tailandia con un grupo de colegas. Chicos jóvenes, inexpertos y que podrían llevarlos de cabeza al núcleo de ese grupo.

—Tan puntual como siempre—volvió la cabeza hacia la voz. Se trataba de su jefe, un hombre alto y de hombros anchos. Con sólo verlo, uno sentía que le debía respeto. Y a pesar de lo imponente que resultaba, con su oscuro cabello y sus ojos fieros y pequeños, era un hombre amable—. Ya puedes entrar en la sala, tus compañeros ya llegan.—Young Jae respondió con un movimiento de cabeza y se metió en la sala. Tal y como le había dicho su jefe, poco después llegaron algunas personas más. No demasiadas, porque un caso de ese calibre era mejor mantenerlo en secreto. A su lado se sentó una de sus compañeras, Hyo Sung. Era una muchacha guapa y con un cuerpazo de infarto que traía de cabeza a varios agentes. Sin embargo, también era fácil percatarse de que a ella quien le interesaba era Young Jae y nunca había tratado de ocultarlo.

—¿Hoy tampoco me invitarás a comer?—le preguntó la muchacha, mostrando una hilera de perfectos dientes blancos. Young Jae sabía que rechazar a una mujer como ella era de estúpidos, sin embargo siempre había estado tan ocupado y centrado en convertirse en policía y después, en mejorar cada día más, que nunca se había detenido a fijarse en chicas. Aunque al revés, sí que había sucedido. Declaraciones de amor, proposiciones, insinuaciones… había llegado a la conclusión de que debía resultar guapo a sus ojos, y mentiría si dijera que esa idea no le resultaba gratificante.

—Lo siento, tengo papeleo que acabar…

—Ya, seguro.—respondió ella. A pesar de los rechazos, nunca se cansaba o se enfadaba. Era persistente y buena persona. Uno se sentía a gusto a su lado.

—Ahora que ya estamos todos, vamos a comenzar—anunció el jefe, presidiendo la sala. Las cabezas se levantaron hacia él y todos escucharon con atención. Como era normal, comenzó por explicar lo que ya todos sabían respecto a aquel caso. Tardó todavía más de media hora en hablar sobre lo que interesaba en realidad—. Bien, ya hemos trazado un plan. Después de darle muchas vueltas con otros de vuestros superiores, creemos que lo mejor es tener un infiltrado y causar el menor ruido posible. Ya sabéis, será una operación larga, pero segura. Éste—señaló una de las fotografías que había sobre el tablón que se encontraba a su espalda— es el hijo del cabecilla. Un chaval joven, de veinticuatro años. Hasta ahora, no se había interesado por el trabajo de su padre pero de repente se está viendo involucrado. Se ha trasladado con algunos amigos suyos a Tailandia—señaló otras fotografías—, y su padre les da pequeños trabajitos que realizar. Vamos a introducir a un agente para que se haga amigo de estos jóvenes, se gane su confianza y poco a poco, obtenga información para nosotros. Suponemos que tardaremos alrededor de medio año en conseguir llegar a algo que nos sirva. Todos sabíamos que esto no iba a ser fácil, así que no pongáis esa cara. Supongo, asimismo, que también sospecháis a quién vamos a pedirle que sea el infiltrado. Agente Young Jae.

—Sí, señor.—al escuchar su nombre, se puso al instante de pie y dedicó una reverencia.

—Se trata de un trabajo muy peligroso. Pero eres el más indicado para él, por edad sobre todo. Te será más sencillo acceder a ellos. Te estaremos vigilando, por supuesto, pero debemos ser muy cuidadosos. Tendrás que echar mano del teatro. Y recuerda, no dudes en transmitirnos cualquier tipo de información que encuentres.

—Sí, señor.—mantuvo el semblante sereno, intentando no traslucir sus emociones. Se sentía pletórico. Era por ese tipo de trabajos que se había hecho agente de policía. Medio año de infiltrado… valdría la pena si llevaban a cabo sus propósitos.

Cuando acabaron de ultimar detalles y salieron de la sala, Hyo Sung lo esperó. La muchacha tenía dibujada en el rostro la preocupación por él. Era comprensible, así que se acercó a ella sonriendo para intentar hacerla sentir mejor.

—Voy a estar bien.—le dijo.

—Eso espero… ¿estás seguro de querer llevar a cabo la misión? Puedes pedir…

—¿Crees que no estoy capacitado para hacerla?—ella negó con la cabeza— Me siento muy orgulloso de poder demostrar mi valía. No temas por mí. Sabes que soy muy bueno buscando información, contrastando… no me pasará nada.—aunque la chica no parecía muy convencida, asintió con la cabeza y se marchó de regreso a su trabajo. Él también lo hizo. Había muchas cosas que preparar, porque en dos días se marcharía a Tailandia. Lo primero sería esconder toda la información que lo relacionara con una familia de policías, porque seguro que le investigarían. Por suerte, había tenido mucho cuidado con eso desde que era joven y nunca se presentaba en actos oficiales y mucho menos, acompañado de su familia. Sabía que ésa era la mejor manera de mantenerse tanto ellos como él a salvo.

El día pasó de manera extraña. Dejó el trabajo preparado para el agente que fuera a sustituirle, a la vez que estudiaba la carpeta con toda la información que le habían dado. Era bueno que el lugar fuera Tailandia, porque el tailandés era uno de los cinco idiomas que sabía a parte del coreano (inglés, tailandés, chino, japonés y español). Sin darse cuenta, Young Jae se mostró contento y alegre aquel día, y quienes no sabían qué sucedía le observaron con preocupación y curiosidad.

El viaje hasta Tailandia fue un poco aburrido. Ya había adquirido el papel que debía interpretar y prefería no arriesgarse a sacar el papeleo en el avión y ponerse a estudiar. La idea era que se trataba de un joven estudiante recién graduado que iba a buscar suerte y trabajo en el país, ya que siempre le había gustado. El hijo del narcotraficante y sus colegas vivían sobre un garaje donde se dedicaban al tráfico de piezas de coches. Al estar situado en medio de la ciudad, era difícil que nadie sospechase de ellos.

Cuando el avión aterrizó sobre suelo tailandés, cogió un taxi que lo llevó hasta el que sería su piso mientras estuviera viviendo allí. Era un apartamento pequeño y sobrio, pero con todo lo que necesitaba: buena conexión a internet. Así podría enviar la información que consiguiera sin dificultades, y recibirla también. Por la ciudad había agentes que le ayudarían en su trabajo, protegiéndole las espaldas, sin embargo esa tarea debía hacerla él directamente. No podía fiarse de darle los datos a nadie, porque aunque se trataba de agentes de confianza, quién sabía si en algún momento la idea de obtener dinero de todo eso les llevaba a delatarle.

Una vez deshizo las maletas, preparado y colocado todo, decidió que era hora de encontrarse con los que iban a convertirse en sus “amigos”, aun cuando ni ellos lo sabían. Estaba bastante alejado de su piso, así que tardó bastante en llegar a pesar de la guía de la gente. Cuando lo hizo, suspiró hondo.

—Bien, ahora comienza todo. Para esto has nacido, Young Jae, con un par.—se dijo a sí mismo. Ésa era una frase que solía decirle uno de sus compañeros agentes, y aunque siempre le había parecido algo desagradable, decidió usarla.

Se fue sin dudarlo hasta la entrada y llamó a la puerta. Pronto le abrieron. Se trataba de uno de los amigos del hijo del narco. Dae Hyun, se llamaba. Recordaba haber escuchado a Hyo Sung decir que era guapo, con unos gruesos labios y bonitos ojos. Sonrió con timidez.

—Eeh… hola…—tartamudeó— Verás, acabo de… de llegar a Tailandia y me he… perdido. Pero me han dicho que aquí… viven coreanos.—utilizó un tailandés algo pobre, nervioso. Lo mejor era parecer desvalido y despistado para que les costase dudar de él.

—¡Sí, sí, somos coreanos!—respondió el otro chico, en su idioma natal. Parecía contento por encontrar un paisano y abrió más la puerta, invitándole a pasar. Estaba resultando insultantemente sencillo— Has tenido suerte de perderte por aquí, pues, ¿cómo ha sido eso?

—He salido de… de mi casa para ir a buscar algo de comer y… bueno.— se encogió de hombros, dando a entender que ya podía imaginarse el resto. Dae Hyun le respondió con una amplia sonrisa, mientras lo guiaba dentro.

Conocía bien el lugar gracias a las descripciones de los informes. El garaje era espacioso y estaba dividido en dos plantas. La planta inferior a su vez estaba partida en dos zonas, una dedicada a arreglar motos (las cuales tenían muy bien colocadas para tener el máximo espacio posible, menos una que solía estar en la plataforma donde las “arreglaban”) y también vivienda y la otra parte, a los coches, para los que se había hecho otro portón adyacente y al final de la sala, justo al lado de la puerta que daba acceso a la sala de los coches, un despacho muy pequeño y a su vera, una pequeña cocina que quedaba al descubierto pues no había paredes que la tapasen. Subiendo las escaleras llegaban al segundo piso, donde tenían las habitaciones. Esa parte era de la que menos información tenía, y por lo tanto no sabía si había una para cada uno o las compartían.

Por todos lados había herramientas colgadas, y en la parte superior incluso algunas ruedas que parecían servir más como decoración.

—Justo íbamos a comer, así que seguro que a mis amigos no les importará que te unas a nosotros.—parecía un buen tipo. Simpático y amable. Cualquiera diría que traficaba con piezas de vehículos y con drogas.

—Muchas… muchas gracias.—le hizo sentarse en un sofá, frente al cual había una mesa con ramen preparado. Pronto escuchó el sonido de las risas y aparecieron cuatro chicos más. Los reconoció enseguida: Him Chan era el que tenía el cabello negro y corto, de ojos y boca pequeños pero rostro alargado. Jong Up era el más ancho de espaldas y con cara de bueno. Zelo (Jun Hong era su nombre real), el más joven, había abandonado los estudios al ir a Tailandia pero el más alto de todos. Dado que los padres de todos eran miembros de aquella red, no habían puesto impedimentos a la vida que sus hijos habían decidido llevar.

Y por último, él. Entraba hablando con Zelo. Yong Guk era delgado y tenía la cara aplastada, con gruesos labios. Sólo verlo, imponía respeto por su mirada. Young Jae contuvo la respiración, nervioso. Al fin se encontraba cara a cara con el hijo de uno de los mayores narcotraficantes de toda Corea y media Asia.

Se puso en pie, manteniendo la vista baja. Llevaba una mochila a la espalda y agarró las ansas, pareciendo todavía más avergonzado y poca cosa.

—Mirad chicos, ¡es coreano! Acaba de llegar a Tailandia y se había perdido pero ha tenido la suerte de encontrarnos, le he invitado a cenar. No pasa nada, ¿verdad? Me ha dado lástima, parece un cachorrillo.—Dae Hyun le rodeó el cuello con un brazo. Se sorprendió. Young Jae no tenía demasiado contacto físico con nadie y siempre se agobiaba cuando le tocaban, pero tuvo que soportarlo.

—Claro que no. Bienvenido, mmm…—la voz de Yong Guk era profunda, grave, masculina. Young Jae sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

—Young Jae… me llamo Young Jae.

Yong Guk se acercó a él con una sonrisa en la boca y la mano extendida. Dudó unos segundos, pero al fin le imitó y las chocaron.

—Bienvenido a Tailandia, Young Jae.

3 respuestas a 아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae, capítulo 0: prólogo

  1. Perry la berry dijo:

    Me encanta la idea de llevar a fanfic el video. Sobretodo por que yo también pensé que se veía que su relación fuese más que simple amistad (o puede ser que tenga una mente pervertida, y ya vea yaoi en todos lados XD). El caso es que me gusta como pinta, así que seguiré leyéndolo sin dudar. ^^

  2. Alusiana dijo:

    wooo^^

  3. lapetii dijo:

    OMG… acá una fiel lectora de tus fics. CofcofYAMANTEDELDAEJAEcofcof. (?) Gracias por tomarte el tiempo de escribirlo *^*❤

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