아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae. Capítulo 11

Autores invitados @Jeannelok

TE AMO SIN QUE NADIE LO SEPA

B.A.P

Capítulo 11

Dae Hyun, tumbado en su cama, observaba el techo, absorto. Escuchaba los segundos del reloj pasar y le parecía una eternidad. Necesitaba ver que Young Jae estaba bien. Le daba igual cuál fuera el tipo de castigo que tuviera que pagar si podía estar de nuevo entre sus brazos.

Aún no podía creerse que todo aquello fuera verdad. Hacía nada habían estado besándose y de repente les enviaban ese vídeo… No podía borrar de su mente la imagen de Young Jae sangrando.

Esos tipos lo iban a pagar caro. No se saldrían con la suya así como así. Siguió en la cama sin moverse y recordando el tacto de la piel de Young Jae contra la suya, esperando que fuera la hora. A las cuatro debían estar listos y colocados porque a las cinco y media tendría lugar el ataque.

Alargó el brazo como si intentase agarrar algo invisible, pero al final dejó caer la palma de la mano sobre la frente.

—Young Jae…—le susurró a la nada— Young Jae…

Young Jae recibió el agua en la cara con semblante sereno. Desde que le tenían allí atado, sólo le dejaban levantarse para ir al cuarto de baño. Al menos tenían esa delicadeza. Pero el resto del tiempo lo tenían en la silla, con la sangre de las heridas seca y la ropa sucia y apestosa. Por eso le habían lanzado un cubo de agua encima, alegando que no se podía ni respirar estando a su lado. Sabía que eso era del todo imposible, porque como mucho olería a sudor en tan solo… ¿dos días? Que habían pasado, pero ya que el jefe no les dejaba apalearlo más, debían divertirse de alguna manera.

No le daban de comer, pero sí algo de agua cuando decía que se le resecaba la boca. Tenían que mantenerlo con vida si querían recuperar su dinero. Había algo que le preocupaba mucho más que todo eso. Al fin y al cabo, estaba entrenado para situaciones mucho más peliagudas que esas de maltratos tanto físicos como psicológicos. Incluso había estado en un curso para recuperarse de algunos tipos de venenos. No. Había algo que le preocupaba y asqueaba a partes iguales. Había un par de esos tipos que querían hacerle otro tipo de cosas, lo sabía por cómo le miraban. En su vida había tratado con diferentes tipos de truhanes, y sólo le hacía falta echar un vistazo para reconocer a los de esa clase.

No quería que otra persona le tocase. Nadie más que Dae Hyun podía tener acceso a su piel, tocarlo en rincones íntimos y besarlo. Por eso, si cualquiera de esos dos tipos que se relamían los labios cada vez que lo veían intentaba propasarse, los mataría aunque fuera a base de cabezazos.

Aún tenía que agradecerle al jefe de esos tipos que les hubiera advertido que iría a verlo cada día sin previo aviso, porque así lograban contenerse.

Era tan ridículamente sencillo leer cada una de las cosas que pasaba por la mente de esos tipos. Y sin embargo, no podía hacer nada más que quedarse allí a la espera de que los chicos consiguieran el dinero.

— ¿No tienes frío?—le preguntó de repente el que le había lanzado el agua. Había dos allí, uno de los que quería tocarlo y ése.

—Mira su pecho, si se le está marcando todo con la ropa húmeda—puntualizó el Asqueroso Primero, como había pensando llamarlo en su mente—. O tiene frío, o está muy contento de vernos. — Young Jae entornó la mirada y lo perforó con ella, sintiendo náuseas al sentirse analizado de arriba abajo por esos ojos.

—Me dan asco estos coreanos de piel clara—gruñó el otro, alargando el brazo y agarrándole la mandíbula. Le movió la cara de un lado para el otro—. Incluso con el ojo morado y toda esa sangre, sigue pareciendo una damita—le escupió y Young Jae sintió algo viscoso resbalar por su frente—. Asco, he dicho.

— ¿No te gustaría saber entonces si lo que tiene ahí abajo es lo de una damita o no?—la frase de Asqueroso Primero fue mucho más desagradable que el escupitajo y Young Jae sintió la bilis acudirle a la garganta. Si se le acercaba le vomitaría en toda la cara.

—No jodas, que a pesar de todo es un tío… no me digas que a ti…

— ¡No, claro que no!—vaya, pobre Asqueroso Primero, había estado a punto de descubrirse. Young Jae sonrió de medio lado, divertido por la situación— ¡Eh, tú, damita! ¿Se puede saber de qué cojones te ríes?—se preparó para la patada en plena espinilla y ahogó un quejido. No dejó de sonreír.

—Me parece que te han pillado, ¿aún no le has dicho a tu compañero que eres gay?

—Deja de decir…

—Desde aquí puedo ver a la perfección cómo le miras el culo cuando se da la vuelta—se dirigió entonces al otro tipo—. Yo de ti no me ducharía con él ni dejaría el jabón caerse al suelo…

Era obvio que iban a olvidarse de las advertencias de su jefe, así que aguantó la nueva ola de golpes. Vaya, el hombro que le habían desencajado en la primera paliza dolía horrores. Pero lo aguantó, hasta que la puerta se abrió y apareció el cabecilla del grupo. Les gritó enfadado que se marchasen de allí al ver la situación y se acercó hasta Young Jae, cogiéndole del pelo y obligándole a mirarlo.

—Te han dejado guapo.

—Siempre lo he sido, a diferencia de otros.

—Algo me dice que los golpes que acaba de darte ese idiota eran merecidos.

—No es mi culpa si Asqueroso Primero no se atreve a confesarse a su compañero. —se burló. Tal y como se imaginó, el jefe no se lo tomó en serio, riendo de su ocurrencia.

—Es una lástima que estés con esos niñatos, alguien como tú no nos iría nada mal. Asqueroso Primero has dicho, ¿no? En fin… Más te vale que tus amigos hayan conseguido el dinero que nos robasteis, o lo pasarás muy mal.

—No te preocupes, seguro que no sois los únicos idiotas que se dejan robar en este país. —sonrió con sorna. El hombre no dijo nada más, sólo se dio la vuelta y lo dejó allí solo. Supuso que tendría un tiempo para sí mismo mientras los amenazaba con matarlos si volvían a tocarle un solo pelo.

Le estaba ardiendo el hombro y le costaba un poco respirar. Esperaba que ninguna de las costillas rotas le tocase órganos internos, porque entonces lo tendría mal. Dejó escapar un largo suspiro. Pronto vería a Dae Hyun. Pero sabía que ya nunca nada entre ellos iba a ser igual.

Echaba de menos a Dae Hyun y sus besos. Eso era lo que más dolía de todo ese encierro.

Yong Guk se quedó en las escaleras, observando desde su posición. Los chicos tenían la furgoneta aparcada en medio de la calle. Pronto, el coche blindado se acercaría. Dio el aviso a sus amigos y estos se colocaron en sus posiciones.

De repente, el coche blindado tuvo que detenerse al ver la furgoneta en medio de la calle. Pitaron, pero al no recibir respuesta uno de los agentes abrió la puerta y se bajó. Ese momento fue el que aprovechó Him Chan para agarrarlo del cuello y lanzarlo al suelo dejando el suficiente espacio a Zelo, ya que era más largo, para coger al guarda del asiento contiguo antes de que diera la señal de aviso. Los sacaron del vehículo y los otros dos, Jong Up y Dae Hyun, les ayudaron a forcejear con ellos hasta dejarlos inconscientes con trapos empapados en cloroformo. La forma más sencilla, rápida y eficaz.

Cogieron las llaves del cinturón de uno de ellos. Yong Guk les dijo que no se preocuparan porque no parecía haber ningún coche de policía cerca, a pesar de haber cometido el robo sólo a dos calles de la central. Sin embargo era su mejor opción, pues a esas horas no había nadie por la calle que pudiera estropearles el plan.

Pronto, se cargaron a la espalda sacos llenos de dinero y se subieron a la furgoneta que Him Chan había modificado y arreglado para la ocasión. En unas zancadas Yong Guk bajó hasta su posición. Tenía una mano enfundada en un guante, la misma que usó para pegar en el cristal del coche blindado una nota de disculpa alegando que cometían ese delito por necesidad.

Minutos después, llegaban al garaje y esparcían el dinero sobre la mesa, contándolo. Habían conseguido incluso más de lo que les pedían. Yong Guk daba gracias de que al menos y de momento, no habían tenido que utilizar las armas que habían comprado.

No sabía si la cosa sería igual horas después, cuando se reunieran con esos tipejos.

Notó una mano apretándole el hombro y al voltearse se encontró con el semblante serio de Him Chan. Era sorprendente ver que incluso él estaba nervioso ante la situación. Parecía que todo le resbalase y sólo le interesase salir de fiesta y acostarse con mujeres, pero Him Chan era mucho más que eso y Yong Guk lo sabía. En realidad, todos sus amigos eran mucho más de lo que la superficie mostraba.

Him Chan era fiestero, pero de confianza. Zelo era joven, pero maduro. Jong Up inocente, pero muy buena persona. Dae Hyun amable, pero fiero. Young Jae había encajado bien entre ellos, ganándose su confianza y convirtiéndose en uno más. Al principio, cuando lo habían conocido, era tímido e incluso a veces tartamudeaba, pero con el paso de los meses se había abierto a ellos hasta parecer alguien casi del todo distinto.

Agradeció el gesto de Him Chan, asintiendo con la cabeza. No tenía tiempo de desanimarse. Cogieron un par de maletas de herramientas, las vaciaron y comenzaron a colocar el dinero dentro. Una vez terminaron, se sentaron a esperar que el tiempo pasase y llegara la hora de encontrarse con esos tipos.

Dae Hyun se levantó, alegando que necesitaba ir a pasear. Yong Guk le dejó hacer, seguro de que en una hora estaría de regreso. Jong Up y Him Chan anunciaron que iban a preparar algo de ramen porque les rugía el estómago. Sabía que en realidad era para mantenerse entretenidos con alguna cosa. Zelo se quedó allí con él, en silencio durante unos instantes.

—Recuerdo que cuando tenía doce años—comenzó a decir—, me gustaba una chica. Tenía miedo de acercarme a ella… ya sabes, por mi familia. No podía ir tan tranquilo y decirle… hola, ¿sabes qué? Me gustas. Pero nunca te presentaré a mi familia porque me avergüenza lo que hacen.

—Sí que lo recuerdo.

—Cuando te lo conté, te echaste a reír y me acariciaste el pelo—se llevó la mano al cabello, en ese momento liso y con tonalidades violeta—. Pero me animaste, diciéndome que no importaba de dónde provenía, sino quién era yo por mí mismo. Gracias a eso fui capaz de hablar con ella.

—Sí, y te dijo que nunca podría salir con un chico que tuviera el cabello rubio y rizado. —rió Yong Guk. A Zelo le había gustado jugar con su pelo desde bien joven.

— ¡Fue tu culpa que escogiera ese estilo! El caso es que, a pesar de todo, me atreví a hablar con ella gracias a tus palabras. Young Jae… no me acaba de caer fenomenal, pero gracias a ti logró abrirse también a nosotros. Estoy seguro de que sabe que vamos a ir a rescatarle, y que no te odia, porque es imposible que nadie pueda odiarte.

— ¿Llevas dos días diciéndome cosas bonitas para animarme, o soy yo que me estoy volviendo loco?

—No pienses que esto sucederá muy a menudo. Venga hyung, creo que el ramen ya está listo.

Dae Hyun regresó al garaje una hora más tarde, tal y como Yong Guk había vaticinado. Le ofrecieron un poco de ramen, pero el chico alegó no tener hambre. Media hora más tarde, cargaron con las maletas y se subieron a la furgoneta, yendo directos al encuentro con Young Jae y sus secuestradores.

El subterráneo estaba a las afueras de la ciudad. Había sido una estación de tren que había quedado abandonada años atrás. Nadie pasaba por allí dada su situación y el estado en que se encontraba, así que era normal que hubieran escogido aquel lugar.

Cuando entraron y bajaron unas escaleras, no les hizo falta buscar mucho. Vieron a un grupo de tailandeses esperándolos al lado de una de las vías del tren. Estaban charlando, y cuando les vieron uno de ellos avisó al jefe. Yong Guk lo reconoció porque era con uno de los que habían estado hablando cuando les robaron.

El tipo le dijo algo a uno de sus subordinados a medida que ellos se acercaban, y se detuvieron justo cuando sacaron a rastras a Young Jae. Tuvo que poner una mano frente a Dae Hyun para evitar que se lanzase a buscarlo. Estaba mucho más maltrecho que en la grabación, le costaba caminar y casi mantener los ojos abiertos. A pesar de todo, dibujó una leve sonrisa al verlos.

—Ya sabes, a la vez. —le dijo el otro tipo. Yong Guk asintió y Him Chan y Jong Up entregaron las maletas a la par que soltaban a Young Jae. El chico intentó dar unos pasos hasta ellos, pero al ver que estaba a punto de caer Yong Guk fue hasta él y lo abrazó. Habían podido rescatarlo, aunque fuera en ese estado. Estaba a punto de volverse hacia Dae Hyun cuando se escuchó ruido procedente de la salida y comenzó a aparecer gente uniformada. Antes de poder reaccionar, escuchó la palabra “La policía” y vio al otro bando intentando huir en vano. Sus amigos estaban siendo capturados ante su incrédula mirada y Young Jae se separó de él.

—Lo siento, Yong Guk—le susurró. De repente, algo cobró sentido dentro de él y sintió que le flaqueaban las piernas. No podía ser verdad. Había confiado en él igual que en los otros chicos, se habían arriesgado por ir a rescatarlo. Young Jae, al soltarlo, habría caído al suelo de no ser porque una muchacha lo agarró, saludándolo y entregándole un objeto. Cuando Young Jae logró estabilizarse, se lo mostró. Era su placa de policía—. Mi nombre es Yoo Young Jae y soy policía de narcóticos en Seúl, Corea del Sur. Quedáis arrestados por tráfico de piezas de vehículos, robo, posesión ilegal de armas—mentó, señalando con un movimiento de cabeza la pistola que sobresalía de su cintura— y otros delitos. Vamos a deportaros de regreso a Corea para que seáis juzgados. —su voz sonó serena y seria, pero Yong Guk buscó con desesperación su mirada mientras notaba unas manos agarrándole las muñecas y encerrándolas entre esposas. Ése no era el Young Jae que conocían, no podía serlo.

— ¡Hyung!—escuchó gritar a Zelo a su espalda. Intentó voltearse, pero sólo se ganó un golpe en las corvas que le hizo caer al suelo, inmovilizado. Young Jae lo miró desde arriba, cogido de la chica policía.

Aquello no podía estar pasando. Young Jae les había traicionado. De fondo, la llamada de su amigo más joven seguía perforándole el pecho. No podía ir a ayudarlo, soltarse e ir a sacar las manos de esos policías de encima de Zelo. Yong Guk se sintió muy pequeño, siendo incapaz de ayudarle. En su cabeza se entremezclaban sentimientos, la mirada del traidor y la voz de su amigo, “hyung, hyung”… Pero él ya no podía hacer nada por ayudarle.

—¡¡Maldito cabrón!!—escuchó gritar a Dae Hyun. Observó cómo Young Jae pasaba al lado del chico del que se había enamorado sin prestarle atención, mientras era detenido y sujetado por dos personas. Siguió caminando, haciendo que Yong Guk siguiera el rastro de su espalda con la mirada, preguntándose qué sería a partir de entonces de Jun Hong, Jong Up, Him Chan y Dae Hyun.

7 respuestas a 아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae. Capítulo 11

  1. Vale, sé que tenía que pasar, sé que Young Jae tenía que hacerlo, porque… bueno al fin y al cabo era la misión que le habían encomendado pero… NOOOOOOOO.

    A ver, yo tengo fe en que Young Jae tiene un as en la manga, que aunque ha hecho que detengan a sus amigos, los va a sacar de allí, no puede permitir que estén encerrados, no, por Dios (o por la peque mejor) no. Además todas sabemos lo que piensa Young Jae, lo que siente en realidad, es cierto que puede verse como que los ha traicionado, pero tengo fe, sé que lo solucionará, por el bien de alguien que conozco sé que lo solucionará…

    ¡¡¡¡¡¡Qué ganas de leer el siguiente!!!!!

  2. Buffff. No me esperaba yo tanta rapidez en la resolución de… bueno, todo. Aunque bueno, supongo que lo prefiero así a un capítulo entero lleno de Youngjae sufriendo golpes y demás, y el resto preocupados y desgraciados en el taller. Mejor así, como quitarse una tirita. Todo lo malo de una😄
    Muy … no frío, si no más bien distante y sin sentimientos, he visto yo a Youngjae al final. Me había ilusionado con el segundo momento Yonglo que habéis puesto, pero luego me habéis metido la escena de los polis y me habéis hecho sufrir por mi Yongguk.
    En fin, ahora a ver como arregláis esto, por que Youngjae no se puede quedar tan pancho y dejar a los demás en la carcel, ¿verdad?😄
    A ver con qué me sorprendéis.

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