Encerrados en el recuerdo I

Capítulo 1: El agua del pozo

“La vida no es una canción, querida.

Algún día lo descubrirás, y será doloroso.”

Petyr Baelish en Canción de Hielo y Fuego

La vida de personas que se aman, se quieren, se arrastran a la perdición. Ansían la muerte, anhelan la vida y cuando alcanzan la felicidad, la vuelven a perder. Aman a la misma persona, se aman el uno al otro, se desean con furia y finalmente…

¿Podrán estar juntos?

Pisar el suelo y sentir la vida crecer bajo los pies.

El sonido del aleteo de una mosca.

Ver a través de una gota de rocío, cayendo desde una hoja verde, fragmentándose en miles de cristales al hacer contacto con tierra firme.

Y, finalmente, golpear con furia el tronco que tenía en frente, haciendo que los pájaros que en él se resguardaban salieran volando, espantados, a buscar otro lugar. Haciendo caso omiso a las hojas que cayeron sobre él al desprenderse tras el impacto, continuó su pelea contra el inmóvil ser, salto, golpeando, buscando otros enemigos en el bosque.

Obviamente, no era lo mismo entrenar contra enemigos que no le atacan a uno que contra personas armadas hasta los dientes, con el ansia de asesinar dibujada en los ojos.

Gente que había tenido a pocos centímetros de sí. Y a quienes había matado.

Sin dudarlo, porque si lo hiciera durante sólo unos segundos, el que perdería la vida sería él mismo, y no estaba dispuesto a que aquello sucediera… Por desgracia, algo que para él era tan obvio parecía ser que había gente que no lo entendía, y por aquello moría. Como él. La única persona a la que había llamado amigo, la única persona cercana a él, la única persona a quien había permitido traspasar el límite…murió por estúpido y todavía sus mente se preñaba de sus recuerdos, las risas, las caricias… algún beso pasional arrancado por la necesidad de un cuerpo que todo ser humano, incluso el más alejado de dicha definición, necesita sentir cerca de sí alguna vez.

Se había abandonado a disfrutar del placer carnal con una, una única persona.

Y el muy idiota había permitido que le asesinaran.

-Es hora de irse.-anunció una voz. No le hizo falta volverse para saber que se trataba de Leeteuk, el jefe de equipo. Era sorprendente que aquel tipo, siempre tan sonriente, con el hoyuelo que se formaba en su rostro y encandilaba a todas las damas que debían usar en las misiones, fuera alguien con tanta sangre fría. Incluso más que la de sí mismo, alguien incapaz de apartar un mísero recuerdo de Kyuhyun de su mente porque sentía dolor en el alma cuando evocaba su rostro.

Era algo sencillo. Entrar en el bar donde se reunía un miembro de la Tríada, la mafia china, para tratar de vender unas muchachas al mejor postor, rescatarlas y terminar con la vida de quien hiciera falta. No era la primera vez que desmantelaban uno de esos intercambios, sin embargo la Tríada no tenía reparos ni dudaba un instante a la hora de seguir con ese tipo de planes, dado que era la manera de la cual sacaban más dinero, sobre todo allí en Corea del Sur donde algunas personas disfrutaban hiriendo, fuera como fuese, a los chinos. A él, simplemente, todo eso le daba igual. Aquella era la misión y simplemente iba a cumplirla.

Ya fue de pequeño un niño alegre, ofreciendo amor a diestro y siniestro. Aquello sólo le había servido para fiarse y dejar pasar a un tipo que su padre había mandado durante dos años a la cárcel, y que al tener su libertad lo primero que hacía era ir a su casa y…

No, no hacía falta recordar el macabro escenario. Por alguna extraña razón, quizá por la lejanía de los hechos, porque era un crío cuando sucedió o porque fue a partir de entonces que comenzó a enterrar sus sentimientos…no dolía tanto como la muerte de Kyuhyun.

Sungmin había dirigido una fugaz y ácida mirada a Kyuhyun cuando éste apartó un mechón de cabello negro que caía sobre sus oscuros ojos. El muchacho solía perderse mucho en su mirada y se lo decía sin tapujos: le parecían iguales que el agua de un pozo. Agua oscura incluso en el día más claro y en calma, escondiendo tantos secretos indescifrables que sólo alguien avispado y atento podría descifrar.

Kyuhyun quería hacerlo, desvelar los misterios ocultos tras aquel agua en calma aparentemente, y nunca se lo había ocultado a Sungmin.

-¿Cómo llegaste a unirte a ellos?-había preguntado el muchacho, después de apartarle el cabello, estirándose en el suelo y comenzando a hacer flexiones sin dejar de mirarlo. Era una noche tranquila, después de una difícil misión que había terminado, finalmente, bien. Se encontraban en el cuarto de un hotel que pagaba la organización, ya que estaban en un país extranjero. Sungmin estaba sentado en el marco de la ventana, la cual ofrecía unas vistas espectaculares que a él no le interesaban lo más mínimo. Kyuhyun, en cambio, no había dejado de moverse de un lado al otro. Aunque era poco hablador, le gustaba inspeccionar todo lo que se encontraba a su alrededor. Aquel era su punto fuerte.

-Me acogieron al morir mis padres-no lo sabía nadie, porque él no lo contaba. Igual que no le interesaba la vida de los demás, otros no tenían por qué interesarse por la suya. Sin embargo, con él todo era diferente. No se trataba sólo de que Kyuhyun le dijera que quería descubrirlo todo de él, sino que…Sungmin quería que él lo descubriese-, es decir, más que morir…me acogieron cuando fue asesinado. Mi padre era policía, pero había entrenado con el jefe y eran muy amigos desde jóvenes, así pues me acogió en su casa como a un hijo…y me entrenó como a un secuaz.

-Por eso eres su favorito. Por eso, y porque eres el mejor después de Leeteuk y Heechul, claro.-puntualizó el joven, dejando las flexiones y sentándose contra la cama, estirando las piernas. El sudor recorría su rostro y caía al suelo en enormes gotas, que a su vez pegaban la camiseta de tirantes blanca a su cuerpo. No entendía por qué, pero Sungmin era incapaz de dejar de recorrer con la mirada el camino desde el hombro del otro chico, siguiendo por el hueso de la clavícula hasta terminar en el agujero que se hunde hacia dentro en el cuello, ascendiendo por el cuello, la campanilla, escalando la barbilla, llegando a los labios…

-No soy ni su favorito, ni el mejor. Tampoco me importa o interesa serlo o no serlo.

-Pink 7…-aquel era su nombre para las misiones: muy pocas veces, si no era nunca, se llamaban por su nombre real- Sungmin…-regla que Kyuhyun solía saltarse muy a la ligera cuando se encontraban ellos dos a solas, aunque el mayor tampoco había sido nunca capaz de reprochárselo…¿por qué le permitía todos sus caprichos?

El joven se había levantado, y acercado a él poco a poco. El cuarto estaría a oscuras, de no ser por una pequeña lámpara que a duras penas alumbraba la habitación desde una de las mesitas de noche. La luz quedaba tapada por el cuerpo de Kyuhyun, alto y de largos brazos y piernas, creando curiosas sombras en su rostro.

De nuevo alargó la mano, pero esta vez no para apartar ningún mechón de su rostro, sino para acariciarlo. Sungmin sintió su cuerpo estremecerse ante el contacto y bloquear todos sus sentidos, algo que nunca le había sucedido. El otro chico paseó la yema de los dedos por la forma de su rostro, la mejilla, la oreja, la frente, rodeó los ojos, la nariz…y llegó hasta sus labios.

Cuando quiso darse cuenta, el beso había comenzado.

Y después de aquello, vinieron unos cuantos más… hasta que, en una misión, Kyuhyun murió.

El cuerpo del chico había caído al suelo delante de los ojos de Sungmin, que al instante exterminó a su asesino. Después de aquello, de incinerar el cadáver de su compañero y esparcir sus restos en el aire, no había vuelto  a dejar que nadie traspasara el límite.

 

Aunque habían llegado al centro de Seúl por la mañana, caída la noche sólo habían entrado en el local Khuntoria (Victoria), No Abo (Sulli) y Horse9 (Siwon) quienes eran el punto central del plan, encargados de acercarse a los mafiosos, haciéndose para el chico por un comprador interesado acompañado de otras dos de sus…amantes. La idea era que les llevaran a donde se encontraban las chicas para verificar la mercancía y entonces ellos podrían entrar en acción para rescatarlas de las garras de aquellos tipos.

Escucharon la conversación de Siwon con los tipos desde los micrófonos ocultos, enterándose de que los llevarían directamente al muchacho a verlas, en vez de esperar al día siguiente tal y como habían pensado ellos, ya que era lo normal. Mejor así, cuando antes terminaran la misión mejor que mejor.

Sungmin salió de la furgoneta con Leeteuk, mientras los otros se quedaban en ella para hacer un seguimiento vía satélite a Siwon, Victoria, Sulli y los mafiosos. Los llevaron hasta un edificio que había más allá, prácticamente todo el trayecto en silencio. El edificio al que llegaron era el típico que el gobierno no terminaría por derrumbar, después de haber echado a todos los vecinos, dado que sus condiciones eran deplorables.  Se caía prácticamente a pedazos, por lo cual la gente que había por la calle intentaba alejarse lo más posible de él al pasar por el lado como si temieran que se les fuera a caer encima. Sungmin y Leeteuk esperaron a que entraran todos en aquel viejo edificio y observaron los alrededores, en busca de la vigilancia que seguramente tenía. Desde la furgoneta les dijeron que tenían vía libre para entrar: sólo había dos guardas, colocados en dos edificios cercanos y ya habían acabado con ellos, colocando sus propios francotiradores.

Espalda contra espalda, ambos accedieron al edificio cuando la conversación entre Siwon y los miembros de la Tríada dejó claro que se encontraban ya viendo a las chicas. No les hizo falta estar delante ni ningún tipo de descripción para saber que la situación era la misma de siempre: jóvenes de entre 16 y 20 años maniatadas, embutidas en una habitación empujándose unas a otras atemorizadas, preguntándose qué vida será la mejor para ellas, si quedarse con la mafia, ser acogida en brazos de un coreano o en realidad, cuestionándose si en algún momento desde que las cogieron tenían algún tipo de vida.

La apariencia interior y exterior del edificio era la misma. Los chicos se quedaron todavía espalda contra espalda al borde de la escalera, afinando los oídos para saber dónde se encontraban sus compañeros. No tardaron de suponer que en la parte superior, y aunque la idea era actuar sin provocar un gran revuelo porque sería la mejor manera de terminar con todo aquello, escucharon un disparo y a Siwon gritar “¡a cubierto!”, a lo cual siguieron más disparos. Corrieron a toda prisa a la parte superior, encontrándose con Victoria en un rincón agarrándose un brazo herido y esquivando el golpe de un hombre trajeado. El lugar estaba lleno de ellos, y enseguida supusieron que estaban preparados para ser atacados por ellos, quizá advertidos por anteriores compañeros a los que ya habían atrapado. Tampoco importaban mucho las razones de cómo les habían descubierto, lo que debían hacer antes de nada era conseguir poner a todo el mundo a salvo.

Sungmin se separó de Leeteuk para atacar al hombre que estaba embistiendo a Victoria, dejándole vía libre a esta para que fuera a pelear junto a Sulli. No debían andarse con tonterías, dado que sus enemigos no dudaban en usar las pistolas a diestro y siniestro. El joven acabó con la vida del chino y continuó con el siguiente, cuando de repente el suelo comenzó a temblar y todos se quedaron quietos y al instante los gritos de desesperación de las muchachas chinas estallaron. El techo comenzó a desplomarse sobre sus cabezas, golpeando en la cabeza a una de las chicas que cayó desmayada al instante provocando que las demás gritaran aún con más desesperación, al ver el charco de sangre que se formaba bajo ella.

Los miembros de la Tríada se miraron unos a otros y comenzaron a correr al exterior, abandonándolas a ellas y la pelea como si no tuvieran ninguna relación con ellos. Siwon y Leeteuk avisaron a los demás para que los cogieran al salir del edificio, mientras ellos se encargaban de sacar del lugar a las chicas.  El techo seguía queriendo sepultarlos, y el suelo bajo sus pies comenzaba a resquebrajarse. Deberían haber supuesto que un viejo edificio como aquel no soportaría que se desatara una pelea en una de sus habitaciones, pero la situación no lo había permitido.

A causa de su poca movilidad dado que estaban atadas, más jóvenes fueron sepultadas incapaces de poder esquivar lo que se les echaba encima, mientras ellos intentaban liberarlas para sacarlas de allí. Finalmente, una orden de Leeteuk diciendo que ya no había nada más que hacer y que debían retirarse llamó su atención. El suelo ya no resistía y justo cuando Sungmin, que era el último, fue a salir por la puerta, el suelo del cuarto cedió y se lo llevó hacia abajo.

Al golpearse contra el suelo, escuchó el sonido de las costillas romperse y durante unos instantes el aire no llegó a sus pulmones. Perdió la consciencia unas milésimas de segundo, pero enseguida tuvo que reaccionar porque sabía que de no hacerlo, el suelo seguiría cayendo y al final, no sobreviviría a aquella catástrofe. A su lado, se dio cuenta que sólo quedaba una de las chicas secuestradas. Una joven que como él, se resistía a morir e intentaba desesperadamente sacar una piedra que había caído sobre su pierna, pero que no podía hacerlo ya que seguía con las manos atadas tras la espalda. Al levantarse para marchar del lugar, Sungmin agarró la piedra y haciendo caso omiso a los pinchazos que sentía en el costado  se la sacó de encima y haciendo acopio de fuerzas, cogió a la muchacha en brazos. Aunque fuera una, podrían salvarla.

Bajó corriendo las escaleras y en el preciso momento en que el aire del exterior os recibía, tropezó y ambos cayeron rodando lejos del edificio que segundos después, se desplomaba entero. Sungmin no fue consciente de que sus compañeros los agarraban a ambos, los metían en una de las furgonetas y marchaban.

 

El rostro de Kyuhyun volaba ante sus ojos, sonriendo traviesamente como siempre. Le decía que el dolor punzante que sentía se marcharía pronto, que todo estaba bien. Y él le creía, porque era Kyuhyun y todo lo que él hiciera, dijera o propusiera le parecía perfecto, aunque no sabía por qué. Pero, obviamente, esa cara no era real, ni las palabras. Era un sueño, porque al fin y al cabo él estaba muerto y los muertos, no regresaban a la vida… y Sungmin sabía que tampoco era que él hubiera fallecido, porque se suponía que la muerte no dolía y él sentía magulladuras por todo el cuerpo.

A sus oídos llegó la voz de Coccus11 (Ryewook) diciendo algo en chino, idioma que él conocía a la perfección, pero que con los sentidos embutidos de aquella manera a duras penas había podido identificar como tal.

-Nàme, chéngzhi hâo ma?

-Hâo, xièxie nín.-respondió otra voz, esta vez de mujer, que se le antojó desconocida. Al fin pudo despertarse del todo y sentir el dolor de pleno, entendiendo que el muchacho simplemente había ofrecido un zumo de naranja que había sido aceptado.

-¿Coccus 11?-llamó desde la cama, inseguro de cuáles eran sus heridas y hasta qué punto podía moverse. Al instante la cabeza del aludido, con el flequillo tapándole ligeramente los ojos, apareció. Como siempre su rostro lucía una afable sonrisa y esperó a que le dijera que pasara para introducir todo el cuerpo en la habitación y acercarse a él. Por detrás apareció una chica, apoyada en unas muletas y con la pierna envuelta, que enseguida recordó como la rehén que había ayudado a huir.

-Has despertado-sonrió el otro chico, dando una vuelta alrededor de la cama y examinando los vendajes de Sungmin-, todo está correcto. Te rompiste un par de costillas, pero no han tocado ningún órgano importante y seguramente en nada estarás recuperado…Bueno, eres tú, estarán bien incluso antes de lo que creemos, seguro. XiaoMei, acércate por favor-una vez despierto, Sungmin entendía perfectamente la conversación en chino y también era el idioma que él mismo debería emplear si quería que ella le entendiera. La chica se movió lentamente, aunque se adivinaban en sus movimientos ligereza incluso a pesar de la pierna vendada y la muleta, por lo que supuso que sería a causa de la timidez. La chica tenía el rostro redondo en forma de corazón y los ojos del color de la miel, algo no muy normal. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros y supuso que le llegaba hasta media espalda. Era de un color claro igual que los ojos y se lo apartó del rostro. La camisa blanca y roja larga que llevaba se la debía de haber dejado la organización, igual que los pantalones cortos.

-¿Estás bien?-preguntó al final la chica. Parecía sentirse culpable al mirarle allí tendido, pero él asintió ligeramente con la cabeza- Gracias por salvarme.

-¿Cómo es que sigue aquí?-preguntó el chico, en coreano y a su compañero. Antes de que fuera a responder, Leeteuk apareció en el lugar, llamando a la puerta.

-¿Puedo pasar?-preguntó el mayor, haciendo que el hoyuelo de su rostro se marcase. Ryewook se despidió llevándose a XiaoMei dejando a los dos conversar tranquilamente y cerrando la puerta tras de sí. Leeteuk acercó una mesa a la cama de Sungmin quien esperaba atento lo que fuera que tuviera que decirle- Los miembros de la Tríada ya han sido enviados donde merecen estar. Por otro lado…No quieren llevársela.

-¿Cómo?

-Han dicho que o todas, o no tomarían a ninguna.

-Pero, eso…

-Sí, son unos cretinos. Lástima que no podamos cortar relación con ellos pues son nuestros mejores informantes chinos…

-¿Y qué haremos, la deportaremos de nuevo a su país? Seguramente no tenga una familia o un hogar que vaya a acogerla.-puntualizó. Niñas abandonadas en la calle, recogidas por las mafias, otras secuestradas de brazos de padres a los cuales asesinaban… Nadie que pudiera delatarles debía quedar con vida, obviando el hecho de que esas personas estarían demasiado asustadas de por sí para poder contar nada a la policía.

-Confirmado, no la tiene… Y hemos pensando una cosa, sobre todo teniendo en cuenta que desde el fallecimiento de Game 13 no has tenido compañero y los otros grupos ya están formados, siendo un problema modificarlos dado que las parejas se compenetran bien las unas con las otras, hemos pensado que…podríamos entrenarla y que sea tu compañera.

-No. No quiero tener nunca más compañero. Además, ¿cuántos años tiene, 19, 20? Es demasiado mayor para comenzar a entrenarla desde ahora.

-Por lo que nos ha dicho, cuando era joven aprendió Kung fu y comenzó karate, además de que los últimos años ha tenido que sobrevivir en la calle…

-Bien, una pandillera.-suspiró irónico, hartándose enseguida de aquella absurda conversación. No, no quería compañeros, nunca más. Con una vez había sido suficiente.

-No, alguien con conocimientos en la pelea y sin nada en la vida, ¿cuál mejor opción que esta ves?-no respondió. Además, si Leeteuk había tomado la decisión y a los altos mandos les había parecido bien, ¿qué tenía él que decir? Vale, no pasaba nada. Lo único que debía hacer era… no permitir que sus emociones y sentimientos le dominaran por segunda vez.

Continuará…

5 respuestas a Encerrados en el recuerdo I

  1. Momo dijo:

    Seguid Seguid Seguid! esta genial:)

  2. kimfairy dijo:

    muy bueno felicidades voy por la segunda parte 😀 veo que tienen muy pocos debieran seguir con mas son muy buenos (y)

  3. Hadassa dijo:

    porque murio Kyuhyun, no todo estaba bien antes porque paso esto….

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