When the dark night passes: capítulo 11

Por @autoresinvitados @Jeannelok

Jimin, Bangtan Boys, BTS 4Capítulo 11:

A pesar de lo que habían descubierto sobre la chica, ninguno de ellos dio señales durante las clases de tratarla diferente. Sólo Ji Min parecía extraño, nervioso y pensativo, pero podía deberse a su ruptura con Sun Young. Ninguno de los dos había dado explicaciones de lo que había sucedido, aunque ya había varias chicas celebrándolo. Sun Young se mostraba más relajada que él, a pesar de que parecía mostrar reticencias a acercarse a Yoon Gi. Todos lo notaban, así que intentaban relajar el ambiente.

Desde que Tae Hyung y Ji Min parecían estar recuperando la amistad perdida, Ho Seok y Nam Joon también pasaban mucho tiempo con ellos. Éste último lo había dejado con Ra Yoo porque decía que sus personalidades no encajaban, así que tenía bastante tiempo libre.

—Os recuerdo que en vuestro curso, ya estáis de exámenes.—Seok Jin le había escuchado decir esto mientras salían del edificio, así que no había dudado en acercarse para fastidiarles la diversión.

—¡Venga, Jin!—se quejó él, olvidando de que aunque fuera de prácticas, se trataba de su profesor— Puedo estudiar y divertirme, no me quites los años de mi juventud—lloriqueó. Los demás se echaron a reír—. ¿Es que no sigo siendo el mejor de la clase?

—¡Por eso lo digo!—se quejó el adulto, frunciendo el ceño— No quiero que bajes tus notas y pierdas todo lo que has ganado. Y tú, Yoon Gi, también lo estás haciendo muy bien este curso—le sonrió con amabilidad y el aludido le dedicó una leve reverencia como saludo—. Estoy seguro de que podrás graduarte sin problemas.

Mientras iban caminando, Seok Jin les acompañó pues tenía que ir a comprar algunos libros para preparar las siguientes clases. La diferencia de edad entre él y los mayores del grupo eran tan poca, que no se sentían incómodos al hablar con el chico mientras se dirigían a casa.

Sin embargo, justo antes de que Ho Seok y Tae Hyung se despidieran de los demás para dirigirse a sus respectivas casas, unas chicas les salieron al paso. Al principio, fueron a esquivarlas sin entender qué sucedía, pero una de ellas se acercó directa a Ye Gi y la agarró del cuello de la camisa.

— Hee Young nos ha dicho que has vuelto a dejarlo, zorra cobarde. ¿Acaso te crees que puedes librarte de nosotras con tanta facilidad?

—¡Eh, suéltala!—la primera en reaccionar fue Sun Young, quien cogió con fuerza el brazo de la desconocida y la obligó a apartarlo— Vámonos, Ye Gi, no le hagas caso.

—Ni de coña. Vamos a acabar lo del otro día—gruñó la muchacha. Antes de que los estudiantes interviniesen, Seok Jin se adelantó. Fue a abrir la boca, pero entonces se dio cuenta de que la chica había sacado una navaja y de que estaba clavándola con suavidad en la espalda de Ye Gi—. Venga, camina. Y vosotros, también, no me apetece que nadie vuelva a avisar a la policía. Al menos que queráis que la raje.

No les quedó otra que seguir al grupo de chicas al mismo descampado donde se habían encontrado la vez anterior. Había un grupo de muchachos esperando también.

—Les habíamos prometido algo de diversión contigo—musitó la muchacha en la oreja de Ye Gi—, pero estarán contentos al ver que les traemos dos chicas en vez de una.—al escucharla, le dedicó una mirada cargada de asco y rabia, y apretó los puños, furiosa.

Una vez abajo, la chica apartó la navaja de Ye Gi y ella y sus compinches se acercaron al grupo de muchachos.

—Si van a pelear también, supongo que verás justo que nuestros chicos se metan también.

—¡Ellos no…!

—Vamos a pelear—dijo Ji Min, hablando por todos. Seok Jin dejó escapar una exclamación, pero su alumno no le dejó hablar—. No vais a tocarle ni un pelo a Ye Gi.

—¡Qué demonios estás diciendo!—fue su amiga quien lo preguntó, sin embargo la respuesta le llegó desde Jung Kook.

—Noona, si te peleas, te encerrarán, y no vamos a permitir eso.

—¡No tenéis por qué hacerlo! ¡Además, no sabéis pelear!

—No sé de qué estará hablando el enano—dijo Nam Joon, arremangándose—, pero parece ser que tú tampoco sabes de lo que hablas, ¿quién te ha dicho que no sabemos pelear?

—¡Basta de cháchara! ¡¡Esto no acabará hasta que uno de los dos bandos gane!!— Hee Young llegaba a la carrera junto al resto de conocidas de Ye Gi. Los muchachos las vieron pasar por su lado con sorpresa, y antes de que quisieran darse cuenta, la pelea había comenzado.

Ye Gi vio cómo los siete chicos y Sun Young la defendían. Incluso el profesor, quien debería haberlos detenido o haberse mantenido al margen, parecía haberse dado cuenta de que le iba a ser imposible escapar de esa situación. Aunque no tuvo los arrestos de golpear a ninguna de las chicas, se colocó al lado de ella y evitó que se le acercase nadie. Estaba claro que todos intentaban evitar que alguien lograse acercarse a Ye Gi. Mientras, ella veía cómo eran golpeados y se levantaban y peleaban. Incluso Hee Young y el resto de las chicas parecían querer evitar que se acercasen a ella. No pudo evitar sentirse culpable e inútil ante esa situación.

—Ye Gi, ¿estás bien?—Sun Young había logrado llegar hasta ella y le había apretado el brazo con suavidad. Se le estaba hinchando la mejilla y le sangraba el labio, pero a pesar de todo, no dudó en dedicarle una leve sonrisa para hacerla sentir mejor— No te preocupes, ¿vale? No vamos a dejar que nadie te toque. Puedes pensar en estos locos como… un chaleco antibalas. No te preocupes.—tras decirle esto, volvió a darle la espalda.

Hacía tiempo que Ye Gi le había pedido a Sun Young que no la abandonasen. Recordaba ese momento avergonzada, por lo que había hecho, pero no sólo no la habían abandonado; además, la defendían y protegían con todas sus fuerzas. Ji Min se colocó frente a ella para evitar que una de las chicas la golpease, y la empujó hacia atrás para apartarla. Aún tuvo tiempo para volverse un momento y asegurarse de que no tenía ningún rasguño.

Ye Gi pensaba que nunca podría volver a confiar en nadie como en el pasado. Aún a veces, se despertaba por las noches llorando y gritando. Tenía miedo de la oscuridad y la soledad, sin embargo, creía que también eran sus mejores y mayores refugios.

Se llevó la mano al pecho, angustiada, cuando vio a Jung Kook caer al suelo. Sin embargo, Ho Seok no tardó en evitar que le hicieran daño y le ayudó a levantarse. Estaban heridos y cansados. Yoon Gi no debería estar arriesgándose así, no podía jugarse su salud de esa manera, pero lo estaba haciendo. A pesar de todo, era rápido y bueno esquivando. Muchos de los pasos que daban parecían amagos aprendidos en la cancha de baloncesto.

Tae Hyung peleaba al lado de Hee Young. Era curioso que incluso en un momento como aquel, la chica tuviera tiempo de guiñarle un ojo y enviarle un beso. Él se sonrojó y agachó la cabeza en respuesta, intentando centrarse con lo que tenía que hacer.

Poco después, se declararon como los ganadores de esa pelea al haber dejado a los del otro grupo tumbados en el suelo. Cualquiera lo hubiera dicho, por su aspecto maltrecho. Ye Gi notaba su corazón acelerado y le ardían los ojos hasta provocarle dolor. Pero creía que era injusto echarse a llorar cuando no había hecho absolutamente nada.

—¡Ye Gi!—exclamó Hee Young, acercándose a ella de manera alegre— Ésta ha sido nuestra última pelea juntas—dijo, extendiendo una mano. La observó confusa, hasta que entendió que quería que se la estrechase—. Ha sido una suerte que una de las chicas os viera venir con ellas hacia aquí.

—¿Por qué…? Hee Young…

—Ya lo dejaste una vez. Cuando volviste hace unas semanas diciendo que querías pelear, me pareció una estupidez por tu parte. Pero no soy nadie para decirte qué hacer. Sin embargo… me alegro de que te alejes del mundo de las peleas. Ye Gi, tienes buenos amigos, ¿vale? Cuida de ellos, que yo cuidaré de mi territorio. Por cierto, la muy guarra ha intentado atacarme con una navaja—se la mostró. Era la misma con la cual la había amenazado para que la siguieran—. Me viene bien otro juguetito de estos. ¡Eh, chicas, dejad de quejaros! Vamos a lamernos las heridas donde siempre—bromeó, agitando el brazo para que la siguieran. Antes de marcharse, se volvió una vez más y buscó con la mirada a Tae Hyung, quien se había sentado en el suelo intentando recuperar el aliento— ¡Ya sabes, cuando quieras diversión, me envías un mensaje, guapetón!— entre risas, se alejaron de allí.

—¡Profesor!—exclamó Sun Young, acercándose a Seok Jin. Éste era uno de los menos malheridos, pues había intentado involucrarse en la pelea lo menos posible— Has visto que Ye Gi no ha pegado a nadie. No ha provocado la pelea. No ha hecho nada. Así que…

—Así que no pueden culparla de nada. Esto no volverá a pasar.—la ayudó Ji Min. El adulto los observó, confuso. Al final, se llevó la mano a la cabeza.

—No entiendo nada de todo esto… pero… como me habéis prometido que no volverá a suceder, no diré nada. Sin embargo, será mejor que vayáis a un hospital. Está oscureciendo, así que daos prisa. Menos mal que no ha venido la policía, porque estaríamos metidos en un gran problema. Sobre todo, yo. Voy a llamar a una ambulancia para…

—¡No! Se curarán solos—dijo Ye Gi—. Si viene la ambulancia, estarán en problemas. Son peleas de pandillas, y cada pandilla sabe cómo arreglárselas.

—¡¿Y si hay un herido grave?!

—No se preocupe. Si hace falta, son capaces de recolocarse un brazo roto.—la tranquilidad y naturalidad con la cual se expresó la muchacha, creó un silencio a su alrededor. Por suerte, al escuchar que comenzaban a levantarse, decidieron que era hora de marcharse de allí.

—Tenéis que ir a un hospital—repitió Seok Jin—. Para que os curen. A ver cómo le explico estos morados mañana al resto de profesores…—musitó, mientras se alejaba despidiéndose con una mano.

—Nosotros también nos vamos, ¿estaréis bien?—dijo Ho Seok. Había sido todo un espectáculo verle esquivar golpes durante la pelea, así que era el que menos magulladuras tenía. Poco después, él y Nam Joon se fueron también. Tae Hyung decidió quedarse un rato más con ellos, porque notaba que Ye Gi tenía un semblante parecido a cuando les había hablado de su época de peleas.

Caminaron en silencio y doloridos, sin tomar ningún camino para volver a casa. Por eso, terminaron en un parque infantil, sentándose en los columpios y el tobogán. Ye Gi comenzó a balancearse con suavidad, arrastrando la arena con los pies, sin decir nada mientras los demás ya comenzaban a charlar. Ji Min, a su lado, se dio cuenta de su estado.

—Ye Gi, estamos bien. No estés triste.

—Es que… lo que habéis hecho hoy por mí… no sé cómo puedo agradecéroslo.—habían podido escucharla todos, así que dejaron de hablar entre ellos y se giraron a escucharla.

—No hay nada que agradecer. Lo hemos hecho porque eres nuestra amiga, y nos importas.—le explicó Sun Young. En realidad, después de haber hablado con Ji Min, había estado dándole vueltas sobre si sentía algún tipo de rencor hacia Ye Gi. Sin embargo, no encontraba ni una pizca, a parte de los celos que pudiera tener.

—¿Te imaginas lo duro que hubiera sido soportar a Sun Young si llegan a encerrarte? Estaría todo el día lamentándose. No, gracias.—bromeó Yoon Gi. La chica levantó la mano para ir a golpearle la cabeza en respuesta, pero acabó por bajarla, sonrojada.

—Somos más fuertes de lo que me pensaba—sonrió Jung Kook con inocencia. Tenía un corte en la ceja y el cabello revuelto, pero a pesar de todo, se le veía incluso feliz—. Me alegra haber sido de ayuda.

—A mí no me miréis, no tengo ninguna frase bonita para añadir.—Tae Hyung colocó ambas manos delante del pecho, negando con la cabeza. Aquello al menos hizo sonreír a Ye Gi durante unos instantes.

—Creo que… tengo que contaros algo más, además de lo del lunes. Me imagino de que tendréis curiosidad de por qué acabé metida en esas peleas.—soltó, del tirón. No entraba en sus planes hablar de él. Nunca lo hacía, y no sabía cómo contarlo sin que todo el dolor volviera a ella.

—No te fuerces a hacerlo. No tienes por qué hacerlo si no quieres.

—Tranquilo, Ji Min. Está bien—tomó aire y lo expulsó con energía—. Quiero contároslo.

La vida de Ye Gi había sido de lo más normal desde que tenía uso de razón. Vivía con sus padres, y tenía un mejor amigo, Hyun Ki. Para ella, era casi como un hermano mayor. Cuando había nacido, él ya estaba allí. Era su vecino, dos años mayor que ella. Eso no había impedido que siempre estuvieran juntos, y por lo tanto, fueran inseparables.

La vida de Hyun Ki era perfecta al principio también, pero comenzó a juntarse con malas compañías. Ye Gi recordaba el primer día que lo había visto fumar. Ella tenía trece años, y él quince. La chica le había hablado de lo malo que era para su salud, que resultaba repugnante y que no entendía por qué tenía que hacerlo sólo para estar con su nuevo grupo de amigos.

“Tú no lo entiendes, Ye Gi.” Le había dicho él. Y a partir de entonces, comenzó a alejarse de ella. La muchacha hizo otras amistades también, hablaba de maquillaje, ropa y chicos con sus compañeras de clase. Sin embargo, no podía evitar echar de menos su amistad con Hyun Ki.

Un día, cuando volvía de clase, se lo encontró en la escalera de casa. Llovía. Sus ojos enseguida se fijaron en el líquido carmesí que resbalaba por el brazo del chico, mezclándose con el agua. Tenía un cigarro, apagado y húmedo, en la boca. Al verla, le sonrió con cariño. Ye Gi recordaba haber llorado angustiada y haber corrido hacia él. Para entonces, había pasado un año desde que el chico comenzase a fumar. La chica lo hizo pasar a su casa. Sus padres estaban trabajando, así que pudo curarlo sin problemas. La herida era un corte profundo, según le explicó, causado por una navaja. Pero no le dijo nada más, e incluso creyó haberle dado demasiada información.

Días más tarde, ingresaron al chico por unas cuantas costillas fracturadas y una pierna rota. Cuando fue a verle, con un ramo de flores y temblando, Ye Gi no había llorado. Estaba nerviosa y preocupada, sí, pero sobre todo, enfadada. Por eso, cuando sus padres les dejaron a solas creyendo que al tener una gran amistad, necesitarían hablar. En cuanto estuvieron a solas, le lanzó las flores a la cara. Y tuvo que controlar su voz, porque los demás pacientes descansaban al otro lado de las cortinas.

—¡Deja de hacer lo que sea que estés haciendo!—masculló.

—Tú no lo entiendes.—había vuelto a decirle, sonriendo.

Ye Gi estaba preparándose para su entrada en el instituto, cuando le llegó la noticia. Recordaba estar en su cuarto, estudiando. Dejó caer el lápiz. No podía creerse lo que le estaban diciendo. Se levantó de la silla corriendo, dispuesta a salir de la habitación, pero su padre la había sujetado, deteniéndola y diciéndole que no iba a poder hacer nada.

Habían acusado a Hyun Ki de asesinato.

Llegados a este punto, Ye Gi se detuvo unos instantes para descansar. Sentía cómo el corazón le latía desbocado en el pecho, y le temblaban las manos. Puso las palmas boca arriba, centrando su mirada en ellas para poder evocar con más facilidad sus recuerdos. Ellos habían acabado rodeándola y notó la mano de Sun Young sobre el hombro. Sabía que su voz era suave y baja, pero no se sentía capaz de alzarla.

—Verle en el juicio fue… horrible. Pero escuchar que lo declaraban culpable, sin pruebas, sin nada más que una acusación… Yo sabía que no había sido él. Hyun Ki oppa—era la primera vez que la escuchaban emplear esa palabra desde que la conocían, y lo había llamado así durante todo el relato— tenía las manos limpias. Pero daba igual. Los adultos decidieron que eso era suficiente para encerrarlo. En un centro de menores, para ir a la cárcel al cumplir mayoría de edad.

Ye Gi sólo había hablado una vez con él desde que lo habían encerrado. Una única vez, en la cual le volvió a decir esa odiosa frase. Y no, ella no entendía nada, y no lo había entendido nunca ni sabía si llegaría a entenderlo. Pero quería de vuelta a su Hyun Ki, con el que siempre jugaba y se reía y no fumaba ni era herido ni estaba ingresado.

La chica no sabía que ese Hyun Ki nunca volvería, porque ésa iba a ser la última vez que lo vería.

Ye Gi apretó los puños esta vez. No podía decirlo en voz alta. Las palabras murieron en su garganta. Intentó coger fuerzas, pero en vez de eso, comenzó a llorar con desesperación. Se dobló sobre sí misma, intentando respirar y calmarse, preguntándose cómo podría detener ese torrente de emociones que le estaban partiendo el pecho al recordarlo. El rostro sonriente de Hyun Ki se aparecía ante ella. No lo entiendes. No lo entendía. Lo había intentado, pero no lo hacía.

A causa de su buen comportamiento, le habían dejado a Hyun Ki salir el fin de semana e ir a casa, obviamente, con supervisión. En algún momento, el policía que lo acompañaba se había distraído. Le dispararon en el pecho. Murió casi al instante.

Pocos días después, encontraron al verdadero culpable y también, su asesino. Le había matado para que no le descubriera, sin saber que justamente hacer eso, les llevaría hasta él. Ye Gi no podía perdonar a los adultos, que no hubieran investigado mejor en vez de culparlo a él. Ni tampoco a Hyun Ki, por irse, por marcharse, por abandonarla.

Había sido incapaz de ir a presentar sus respetos a la familia. Se había encerrado en la habitación, en un rincón, envuelta con las sábanas. Después de eso, ella comenzó a involucrarse también con pandillas y empezó a fumar. Cuando había estado ingresado en el hospital, le había regalado su porta cerillas favorito. Ye Gi lo había ignorado, hasta entonces. Dejó de tener ganas de hacer nada, perdió la ilusión. Logró entrar en el instituto y mantenía buenas notas, pero las cosas se complicaron. Al final, la expulsaron. Su familia se trasladó…

—Y el resto, lo sabéis por lo del otro día.—logró acabar de decir. Tenía los ojos rojos y seguía sacudiéndose, pero al menos, podía respirar con más normalidad. No era la única que lloraba. Ji Min se acercó a ella, y sin pensarlo, la abrazó. A su espalda, Sun Young la rodeó entre sus brazos también.

—No te vamos a abandonar. No lo vamos a hacer.—le susurró al oído.

Ye Gi la escuchó y pensó en Hyun Ki, en su sonrisa, su voz y cuánto quería entender pero no entendía. Y se preguntó por qué él sí había decidido abandonarla y se aferró con más fuerza a Ji Min intentando que su olor se llevase todo ese dolor que sentía desde hacía tanto y, que por fin, estaba dejando salir.

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