아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae, capítulo 9

Autores invitados @Jeannelok

TE AMO SIN QUE NADIE LO SEPA

B.A.P 1

Capítulo 9

Dae Hyun le había sacado la camiseta antes de dejarle decir nada. Esa noche había dicho a los demás que se fueran ellos de fiesta, porque Young Jae y él iban a quedarse viendo películas por la noche porque no le apetecía irse de marcha, y todos sabían que al otro no le gustaba nada bailar, ni beber…

No le había permitido negarse. Para una vez que quería salir de fiesta con ellos, Dae Hyun se lo había impedido sin darle explicaciones. Pero cuando se habían quedado solos, lo había llevado escaleras arriba y le había quitado la camiseta antes de quitarse la suya.

—Hoy ya te encuentras bien, ¿verdad?—le dijo con la voz cargada de deseo. Nunca se la había escuchado y fue muy excitante— Bien, pues sigamos lo de la otra noche, porque parezco ser el único de los dos que tiene ganas de seguir besándose.

—Sabes que no es así… —Young Jae lo abrazó y lo besó. Lo estrujó con firmeza entre sus brazos y apretó los labios con desesperación. Masajeó su espalda, subiendo y bajando mientras Dae Hyun enredaba los dedos en su cabello. Pronto lo notó rodeándole la cintura con las piernas. Era mucho más ligero de lo que se esperaba. Lo llevó así hasta la cama, lo tumbó y se subió a ella. Tenían mucho, mucho tiempo antes de que los demás regresaran y muchas, muchas ganas de besarse.

La boca de Dae Hyun estaba sedienta de la suya. Esa sed no se terminaba nunca y sólo se separaban unos centímetros de vez en cuando para recuperar el aliento. Notaba cómo le estaba clavando los dedos en la espalda a causa del deseo.

Young Jae notaba cómo sus intimidades se frotaban y el deseo crecía. Debía detenerse o iba a explotar, pero se sentía incapaz de separarse de los labios de Dae Hyun. Como la vez anterior notó la lengua de éste pasearse por todos los rincones de su piel, y lo disfrutó como si no existiera el mañana, preguntándose cómo iba a ser capaz de vivir sin aquello.

De repente, notó la mano del otro chico introducirse por dentro de sus calzoncillos y lo que sintió entonces sí que fue algo que nunca antes había vivido. El movimiento primero lento, mientras Dae Hyun no dejaba de lamerle el pecho, fue haciéndose cada vez más rápido. Young Jae se arqueó todavía más, sin saber cómo responder a todo ese placer que estaba sintiendo. Jadeó sin darse cuenta y escuchó la risa de Dae Hyun, feliz. Una risa que fue alejándose, marchándose…

Se despertó sudado y con la mano dentro de los pantalones, muy húmedos. No era la primera vez que soñaba con Dae Hyun y se despertaba en ese estado febril, pero sí la más real y dolorosa de todas.

Acabó lo que había empezado en sueños en el cuarto de baño, y al sentirse más relajado, se metió en la ducha con ropa incluida. No tenía fuerzas ni ganas de bañarse. Sólo pensaba en las ganas que tenía de convertir ese sueño en una realidad, cuanto antes, mejor.

Al medio día fue al garaje, esperando que los demás se hubieran despertado también. Él cada vez dormía menos y tenía unas ojeras más pronunciadas, pero le daba igual. Al llegar allí y abrir la puerta (tenía una copia de la llave que Yong Guk le había proporcionado por si se daban ese tipo de ocasiones). Todo estaba a oscuras y en el más absoluto silencio, menos los ronquidos de algunos de los chicos desde el piso superior. Comenzó a subir las escaleras. Tal y como sospechaba se trataba de Jong Up y Him Chan. Caminó hasta el cuarto de Dae Hyun y se lo encontró en calzoncillos, con las sábanas enredadas en los pies y una mano sobre el pecho mientras la otra caía de la cama. Se acercó hasta él sin hacer ruido y le colocó bien el brazo que tenía por fuera, sentándose en el suelo y observando al chico dormir.

Le gustaba mucho, mucho ese chico. Despierto o durmiendo, le encontraba precioso y sentía que podría quedarse mirándole lo que le quedaba de vida. Podría cogerlo en brazos en ese mismo instante y llevárselo lejos consigo. Se rió por dentro de sus propias y absurdas ideas repentinas.

Alargó el brazo y le tocó la mejilla con suavidad, consiguiendo que se removiera pero sin llegar a despertarse. Quería besarlo, como en sus sueños, pero si lo hacía le despertaría… aunque claro, si Dae Hyun se sentía igual que él, ¿qué despertar sería mejor que ése? Por eso se levantó y acercó la cara hasta poder besarlo. Al principio con suavidad, esperando el tipo de respuesta que no se hizo esperar. El muchacho debió reconocerlo porque sin abrir los ojos, buscó a tientas su cabeza hasta encontrarla, y obligarle a no despegarse e intensificar el beso. Young Jae acabó subiéndose a la cama sin poder evitarlo y acabaron tumbados, abrazándose y besándose.

—Buenos días. —pudo decirle al fin, cuando se detuvieron. Dae Hyun le dedicó una bonita y tímida sonrisa que se ganó un nuevo pequeño, rápido y casto beso en la nariz.

—Buenos días.

Al fin salieron de la cama. Dae Hyun necesitaba darse una ducha, y Young Jae le siguió hasta ella. Le dijo que si necesitaba ayuda para frotarse la espalda que lo avisara y aunque esperó una tímida risa, el otro le sonrió y le hizo una señal con la cabeza para que pasara.

Young Jae abrió los ojos, sorprendido, incrédulo ante lo que estaba entendiendo. Sin embargo Dae Hyun alargó el brazo, lo cogió y lo atrajo hacia él, cerrando la puerta de la ducha al hacerlo. Abrió el agua y ambos comenzaron a quedar empapados, pero pronto Young Jae quedó desprovisto de su camisa y pantalones. Sus cuerpos pegados y húmedos, sus entrepiernas rozándose y despertándose, sus lenguas jugando la una con la otra, y las caricias que pronto se deshicieron del único pedazo de tela que los separaba.

Se olvidaron del resto de la casa, de que cualquiera de los otros chicos pudiera despertarse y pillarlos. Young Jae sólo sabía que aquello era mejor que cualquier sueño, porque era real, los besos de verdad de Dae Hyun marcándole la piel.

En algún momento incluso notó un mordisco en el hombro, que acabó por ser lamido con cuidado extremo. Disfrutó ese trato doloroso y curandero. Lacerante y agradable. Mientras él recibía ese gesto, se dedicaba a besar la piel de Dae Hyun.

Su dulce y apetitosa piel… su cuerpo… notaba que su bajo vientre estaba a punto de explosionar y necesitaba hacer algo, desquitarse de algún modo. De repente, Dae Hyun se puso de rodillas, y Young Jae lo único que atinó a hacer fue taparse la boca para no dejar escapar un gemido que se hubiera escuchado a kilómetros.

Regresaron al cuarto de Dae Hyun empapando el suelo a su paso. El chico le dejó algo de ropa que ponerse, incluida la interior. Los demás todavía parecían dormir. Aún tuvieron tiempo de seguir besándose un poco más.

Una semana más tarde, cuando llegó al garaje, se encontró con que sólo Yong Guk estaba en él. Los demás se habían ido a comprar algo de comer, y él tenía que hacer algún papeleo así que se iba al despacho. Por eso lo dejó allí solo y Young Jae acabó yendo al piso superior. Acababa de presentarse ante él una ocasión tan buena y única, que no estaba seguro de que fuera real, pero no podía desaprovecharla. Se deshizo por completo de cualquier pensamiento negativo al respecto, alejó a Dae Hyun de su mente. No podía desaprovechar ese momento.

Mejor tú que otro cualquiera, se dijo.

Se metió en el cuarto de Yong Guk, sin encender la luz pues tenía suficiente con la del exterior, y rebuscó entre los cajones con cuidado a ver si encontraba alguna cosa. Al no hacerlo, suspiró con profundidad y extrajo del bolsillo un aparato que le había llegado hacía poco desde la oficina y que creía que no podría utilizar. No podía creerse la suerte que estaba teniendo.

Por norma general, Yong Guk tenía un collar en forma de cruz que nunca se quitaba, pero aquella mañana lo había hecho. Lo agarró con sumo cuidado, dándole un par de vueltas sobre la mano antes de decidir colocarle un minúsculo micrófono en un ángulo desde el cual no se pudiera percibir. Justo cuando lo estaba volviendo a dejar en su sitio, escuchó la voz del otro muchacho preguntarle qué hacía allí dentro.

—Ah, nada, lo siento… Estaba en el suelo y entré un momento a dejarlo en el mueble—mintió, esperando y deseando que el otro no dudase de sus palabras—. En realidad volvía del cuarto de baño.

—Ah, vaya, gracias. —Yong Guk se acercó hasta él y sin sospechar nada en absoluto, se colocó el colgante alrededor del cuello. Una vez lo activase desde casa, tanto él como el resto de policías podrían escuchar todas las conversaciones del chico. Incluidas las privadas.

—Lo siento…—dijo en voz baja.

—Vaya, creía que en estos casos se decía de nada.

—Ah, err… siento haberme metido en tu cuarto sin permiso. — el otro le mostró las encías al sonreír y le apoyó una mano en el hombro, dándole a entender que no sucedía nada. Mientras, abajo se escuchaban las voces de los demás llegando. Se reunieron con ellos y sin pensárselo dos veces se fue a ayudar a Dae Hyun con las bolsas. Después, cuando estaban preparando la comida, éste incluso se dedicó a darle comida en la boca con cariño. Se daba cuenta de que parecían una pareja de recién casados pero como a ninguno parecía molestarle, él tampoco le detendría. Más tarde descansaron todos sentados compartiendo los alimentos, como siempre.

Cuando la noche llegó y Young Jae regresó a su triste y desolado cuarto, a pesar de las peticiones de los demás de quedarse, se quedó plantado frente al portátil y con el dedo en alto sin ser capaz de encender el micrófono. Recordaba las intimidades que los chicos le habían contado, que aunque la policía ya las conociera, no dejaba de ser desgarrador escucharlo de sus propias bocas.

Se apartó de la pantalla. Quizá sería mejor esperar al día siguiente. Podría ser más fuerte, valiente,  dar el paso decisivo. Porque a la mínima llamada que hiciera a su padre, podrían tener la pista que necesitaban para ir y capturarlos a todos y luego escalar hasta el mandamás de todo aquello.

Cuando al día siguiente volvió a enfrentarse a la misma disyuntiva, no pudo echarse de nuevo hacia atrás porque tenía un correo de la central pidiéndole que no perdiera más el tiempo. Tuvo ganas de agarrar el portátil y estrellarlo contra la pared, pero en vez de eso minutos después se encontraba escuchando a Yong Guk hablar con Zelo. Estaban preparándose ramen para desayunar. La pasión que sentía ese chico por el ramen era apabullante.

Hubo risas entre ambos y se imaginó que acababa de revolverle el cabello al más pequeño del grupo. Ah, el dolor en el pecho atacaba de nuevo…

Más tarde, se unió la voz de Him Chan quejándose de que lo habían despertado de un interesante sueño que implicaba una bailarina contoneándose desnuda, y Jong Up pidiendo agua porque al parecer regresaba de ir a hacer ejercicio. Dae Hyun fue el último en hablar y Young Jae tuvo que aferrarse al borde de la silla. Le costaba resistir las ganas de ir corriendo a buscarlo cuando no le escuchaba, pero si iba a saber lo que decía incluso cuando no se encontraba presente… ¿cómo podría sobrevivir a eso?

Le pareció divertido que cuando él no estaba presente, al parecer a veces al chico se le escapaba el acento de Busan porque acababa de decir que él desayunaría otra cosa con el acento del lugar. Sonrió agradecido de que no lo usase delante de él ya que le pareció todavía más irresistible y arrebatador que de costumbre.

Podía imaginarlos a la perfección, con el cabello desordenado, vestidos con solo calzoncillos o pantalones y los ojos medio cerrados. Los únicos que debían estar acicalados y del todo despiertos eran Yong Guk y Zelo, y Jong Up se iría a la ducha a tras el ejercicio y antes de ponerse a desayunar.

Him Chan bostezó con estridencia y Dae Hyun le pidió que se callase que aún estaba intentando recordar quién era y con tanto ruido no podía pensar. Se imaginó que el otro le había dado un ligero golpe en la cabeza por el quejido del chico y tuvo que reprimir una carcajada.

Estuvo allí sentado escuchándolos decir banalidades sin importancia, preguntándose qué opinarían sus superiores de aquello. Al menos entenderían que no hubiera sido capaz de conseguir ningún tipo de información por sí mismo en todo aquel tiempo. Lo había intentado… al menos, al principio. Pero eso era algo que no tenía por qué explicar.

Disfrutó de sus voces un rato más hasta que Yong Guk los mandó a trabajar y tuvo que aflojar el volumen del micrófono porque lo único que se escuchó entonces fue el sonido de las máquinas mientras arreglaban los vehículos. Se fue a la ducha y mientras el agua recorría su cuerpo, no pudo evitar recordar lo que había sucedido en el garaje con Dae Hyun y tuvo que liberar algo de tensión por sí mismo.

Al salir, se secó y salió a la calle. Sólo quería pasear un poco antes de ir con ellos, darle vueltas por enésima vez a todo lo que sentía. Ah sí, quizá, debería abandonarlo todo y largarse con ellos de verdad a algún lugar lejos, meterse también en el mundo de las drogas y las piezas de vehículos…

Pasaron dos horas antes de que el calor y el cansancio hicieran mella en él. Pensó que era hora de ir a ver a los chicos, así que dio media vuelta y se dirigió a su encuentro. No fue hasta que estaba a punto de llegar, que unos tipos le cerraron el paso. Uno era bajito y calvo, llevaba gafas de sol y a pesar del calor vestía una chaqueta tejana. Fue el que más le llamó la atención, porque aunque los otros abultaban más que él, éste parecía el cabecilla. Se le acercó despacio disfrutando de las últimas caladas del cigarrillo, el cual le lanzó a los pies.

—Así que éste es el borrachín, ¿no?—se dio cuenta entonces, de que unos hombres que tenía detrás le resultaban familiares.

Mierda.

Se dio la vuelta para escapar, pero como suponía, también le cerraron el paso desde ahí. Un intenso dolor en la cabeza le señaló que acababan de golpearlo y sin poder evitarlo, cayó desmayado.

Cuando abrió los ojos, estaba mareado y tardó en entender lo que pasaba. Se encontraba en un cuarto oscuro, aunque a su espalda parecía entrar algo de luz desde una ventana. Las paredes eran como de madera, y estaba desordenado con cajas y telas por todos lados. Le costaba discernir colores o lo que había más al fondo, donde debía estar la puerta, pero sólo llegaba oscuridad. Notaba algo de sangre seca en la parte posterior de la cabeza, la cual le dolía como mil demonios.

Estaba atado a una silla. Las cuerdas alrededor de las muñecas estaban bien fuertes, igual que la de las piernas, pero por suerte éstas no dolían tanto gracias a la tela del calcetín. Al fin pudo ver que delante de él había una cámara y que cuando despertó, uno de esos tipos se acercó hasta él con un bate.

—Sois una panda de nenas ladronzuelas. —comentó, burlón.

—Pero al menos no es a nosotros a quienes roban. —se carcajeó. Fue un error porque a cambio obtuvo un golpe de bate en el estómago y ni siquiera puedo doblarse como reacción automática porque la posición se lo impedía.

— ¿Dónde está nuestro dinero?

— ¿Te crees que llevo algo encima de eso ahora mismo? Nos lo hemos fundido. —no merecía la pena hacer ver que no sabía de qué le hablaba. Esos tipos debían haberlos estado investigando. Siempre pendiente de que los policías encubiertos que habían puesto le estuvieran siguiendo para que no pudieran reportar nada respecto a su relación con Dae Hyun, ¿y ahora no parecían haberse dado cuenta de que le habían secuestrado? Menudos ineptos…

Recibió otro golpe, esta vez lo soportó mejor. Había sido entrenado para casos así, para concentrar el dolor en algún punto y al final, dejar de sentirlo. No iba a quejarse, ni gritar ni suplicar como ellos querían. Así que aguantó estoico la lluvia de golpes, a pesar de sentir cómo se le rompía alguna costilla o la sangre que comenzó a manarle de la frente. Si no demostraba ningún tipo de sentimiento al respecto, pronto se aburrirían y lo dejarían en paz.

—Déjalo—dijo de repente una voz saliendo del punto más oscuro de la sala—. Quizá a éste le vaya mejor que le cortemos algún dedo… Pero no es eso lo que me interesa. Yo lo que quiero es mi pasta de vuelta, y la vamos a conseguir. Enciende la cámara y graba esto. —el tipo que le había estado golpeando con saña dejó el bate a un lado tras darle una vez más en el hombro y desencajárselo. Pronto, el cabecilla le agarraba del cabello y le obligaba a retirar la cabeza hacia atrás, mostrando el cuello. Sacó una navaja del bolsillo y se la acercó a la garganta. Mantuvo la compostura. Sabía que no iba a rajarlo, porque entonces perdería la carta que tenía para recuperar el dinero.

De todos modos, apretó más de lo que se esperaba y un poco de sangre comenzó a manar. La grabación comenzó y él se limitó a escuchar lo que ese tipo quería transmitirle a sus… amigos.

2 respuestas a 아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae, capítulo 9

  1. Rox dijo:

    WOw excelente capitulo felicitaciones me encanta este fanfic ;-D

  2. Ana dijo:

    Wow,wow me he quedado alucinada 😍 que bien que sabes transmitir lo que escribes me encantan todos tus fics esperando con ansia el próximo jueves !!

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