Las caricias del cielo

Autores invitados @Jeannelok

B.A.P 33

Yong Guk era un estudiante modelo en la carrera. Se tomaba en serio las asignaturas, presentaba los trabajos a tiempo y sacaba notas excelentes. Pero también se mantenía apartado del resto, y era difícil acceder a él dado las miradas que dirigía y asustaban. Sin embargo, parecía sentirse cómodo así y todo el mundo se había acostumbrado a esa actitud.

A mediados del primer semestre, llegó una nueva estudiante transferida de otra universidad, Kim Ha Neul. Era una chica del montón, con el cabello oscuro corto recogido en dos pequeñas coletas, de estatura media y gafas redondas. A pesar de todo, pronto se hizo notar porque parecía vivir en su propio mundo: a veces se quedaba mirando el infinito, o hacía preguntas que a los demás le parecían extrañas, con la máxima naturalidad. Por los pasillos, de vez en cuando leía libros y reía o se emocionaba sola. Yong Guk no se interesó demasiado por ella durante los meses siguientes, y ella tampoco pareció mostrarle demasiada atención. Hasta aquel día, en pleno Julio y cuando estaban por acabar los últimos exámenes antes de las vacaciones.

Yong Guk salía de la biblioteca tras estudiar, cuando la muchacha se le cruzó en el camino. Tenía la misma pinta despistada de siempre, pero cuando el chico fue a esquivarle, ella le habló:

—Bang Yong Guk, ¿verdad?

—Sí…

—Me llamo Kim Ha Neul, ¿podemos hablar?—fue estúpido que se presentase así ya que llevaban bastante tiempo en clase para saber su nombre, pero de todos modos no dijo nada. Antes de dejarle responder, la chica se dio media vuelta y se puso a caminar. Yong Guk la siguió, ya que no tenía otra opción. Llegaron hasta el exterior del edificio, a las escaleras, hasta que la chica le volvió a hablar— ¿Podemos ser amigos?

Cuando Yong Guk volvió a casa, saludó a su familia y se fue a su cuarto. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan confundido. Desde que era joven, la gente le había rehuido por su aspecto feroz y él se había acostumbrado a tener sólo algunos amigos. Por eso, lo último que se había esperado que pasaría era que una compañera le propusiera aquello.

No sabía qué otra cosa hacer, así que había aceptado.

Así fue como se empezó a ver a los dos juntos. Sus compañeros no podían evitar comentarlo, dado que casi todos evitaban hablar al chico, y ella era alguien… especial. Al principio, él mismo no sabía cómo iban a ser amigos. Durante uno de los descansos entre clases, se sentaron juntos en el patio. Mientras él leía, ella se limitó a estar, sin decir nada. Por eso, pudo acostumbrarse a su compañía, y al final, agradecerla. Aunque no hablasen demasiado, siempre era agradable tener a alguien al lado. A veces, repetían esa rutina.Pero cuando el frío comenzó, decidieron pasar sus momentos de silencio y tranquilidad en el aula donde se guardaban las mesas y sillas que sobraban, por si algún día tenían que utilizarse o cambiarse.

—¿Por qué quisiste hacerte mi amiga?—le preguntó un día. Fue durante las vacaciones, mientras paseaban después de haber estado buscando libros para un trabajo en una librería. No lo hacían juntos, pero ella se lo había propuesto.

—Cuando te vi la primera vez, me diste miedo—dijo ella, sin tapujos. Caminaba mirando al frente, como recordando lo que decía—. Intenté no dejarme llevar por la primera impresión. Pero la primera vez que te escuché, todavía me diste más miedo. Pero entonces…—se detuvo, y él también, expectante… si tanto miedo le tenía, ¿por qué había querido ser su amiga?— Entonces, me obligué a verte de verdad. Porque sé mejor que nadie, que las apariencias engañan… porque no soy rara, ni estoy loca, ni tengo la cabeza llena de pájaros, ¿sabes? Sólo miro el mundo de manera diferente. Y al verte de verdad, me di cuenta de que no das miedo. Eres tímido. De que te gusta estudiar, y te esfuerzas en ello. De que no soportas las injusticias, y por eso defendiste a un chico de nuestra clase cuando unos de tercero se burlaban de él. Y aunque él, después de eso, siguió ignorándote, no le diste importancia. Das miedo, Yong Guk, pero eres un gran tipo.

Ha Neul le dijo todo eso del tirón, mirándolo a los ojos. El chico se sintió hipnotizado por cada una de las palabras, y su corazón dejó de latir.

A partir de aquel día, él también comenzó a ver a la chica de manera diferente.

Yong Guk le había explicado a Ha Neul que le costaba acercarse a los demás, porque se había acostumbrado a que no quisieran estar demasiado cerca de él. Era la primera persona en años que de verdad se acercaba a él de manera desinteresada. Y se dio cuenta, de que era la primera vez que se sentía interesado por una chica.

Estaban a mediados de noviembre, el día en que Yong Guk descubrió qué sentía por ella, y se dio cuenta de que no podría verla nunca más como una amiga. Había llegado antes de tiempo a clase, y se encontraba mirando por la ventana un par de pájaros que habían hecho su nido en la rama que había justo en frente. Quizá, si alargaba el brazo, podría tocar a uno de ellos, aunque sabía que lo único que conseguiría así sería asustarlo.

De repente, notó algo contra su brazo y al principio no reaccionó. Pero al mirar qué era, se encontró con Ha Neul apoyándose en él para poder asomarse y ver qué estaba mirando. Su cuerpo reaccionó de manera automática, apartándose sonrojado. No estaba acostumbrado al contacto con otros, y mucho menos si el otro era una chica.

Ella le miró, sorprendida y sin comprender.

—Lo siento.—dijo él, marchándose de allí sin darle ninguna explicación.
Yong Guk se dedicó a esquivarla durante todo el día, aunque sabía que estaba mal. Pero a pesar de la ropa, le ardía el lugar donde habían estado en contacto.

—Yong Guk…—estaba recogiendo sus cosas tras la última clase a toda velocidad, pero ella le salió al paso—Me estás esquivando.— usó su mirada, su tono, su expresión de siempre. Y a pesar de todo, él pudo notar que estaba dolida por eso, y se sintió mal.

—No… no te estoy evitando, es sólo que…— ¿cómo iba a explicarle que se sentía extraño cuando le tocaban, porque no estaba acostumbrado?— Lo siento, ¿vale? Me sorprendiste.

—Pero no te apartaste cuando me apoyé, fue al verme…—como si intentase demostrar lo que decía, alargó la mano y le tocó el brazo de nuevo. Él hizo un movimiento brusco para apartarse antes de darse cuenta de haberlo hecho ni siquiera.

—¡Ha Neul, yo…!—la chica alternaba la mirada entre su mano y el chico. Suspiró, desarmándolo sin decir nada porque en realidad, no tenía cómo disculparse.
—Me voy.—dijo de repente, recogiendo sus cosas y dándole la espalda a Yong Guk. Él la vio marchar, sintiéndose la peor mierda del mundo.

Ha Neul se dirigía a su siguiente asignatura, cuando Yong Guk apareció ante ella. No le había visto en todo el día. En realidad, desde que hacía dos días no había dejado que le tocase el brazo, había desaparecido, y ella no se había visto con el valor de escribirle ningún mensaje, dolida por lo sucedido.

—Sígueme.— le dijo, imitando lo que ella había hecho la primera vez que hablaron, dándole la espalda sin darle tiempo a responder. Y la llevó hasta el aula donde tomaban sus descansos. Cuando entraron, cerró la puerta con el pestillo interior. Nadie podría verlos, porque las ventanas estaban cerradas también.

—¿Yong Guk?—preguntó, confundida. Entonces, notó las manos del chico sujetándola por los hombros y empujándola contra la pared. Estaba sonrojado, y sudaba, nervioso.

—Lo siento, Ha Neul. Es que… no estoy acostumbrado a que me toquen, ¿vale? Y me cuesta adaptarme a ello, pero… le he estado dando vueltas, y quiero que tú lo hagas. Quiero que me toques.—y, de repente, se desabrochó la chaqueta y se sacó el jersey, dejándose el delgado pero trabajado torso al desnudo. Un tatuaje cruzaba todo su pecho, y Ha Neul frunció el ceño al verlo.

—No me gusta. Pero… sí me gusta tu piel…—dijo, con los ojos clavados en el pecho de Yong Guk, antes de alzar la vista hacia él— ¿De verdad puedo tocarte?—él asintió con la cabeza. Ha Neul no titubeó, posando la mano sobre el abdomen de Yong Guk. Notó el estremecimiento del chico, y sonrió con dulzura— Está duro, pero tu piel es suave—dijo, acariciándole. Decidió usar las dos manos, pasando la yema de los dedos por cada una de las partes de la piel desnuda del chico—. Me gusta tu cuello… es fuerte, grande y masculino…—mientras hablaba, no se daba cuenta de lo mal que lo estaba pasando el chico. Parecía absorta, como si estuviera contemplando una bella obra de arte que en cualquier momento, desaparecería ante sus ojos. Su dedo caminó por el ombligo del chico y su costado, la uña rascó con suavidad el centro de su pecho e incluso dio una vuelta alrededor de uno de los pezones. Paseó por su clavícula y rozó sus músculos, llegando al antebrazo y tocando con los suyos, los dedos de Yong Guk. Cuando sus manos decidieron acabar con el tour, pegó su cuerpo al del chico, sorprendiéndolo.

—Ha… Neul…

—Te late el corazón muy rápido, ¿es porque me has dejado tocarte?

—Sí… pero creo que… es sobre todo porque me has tocado tú…—su voz sonó entrecortada. Ha Neul se separó de él, lo observó unos instantes y le sonrió con cariño.

—Tú también me gustas, Yong Guk—y de repente, saltó a sus brazos, haciendo que el chico perdiera el equilibrio y cayendo ambos al suelo. Por suerte, no se dieron con ninguna de las sillas o mesas. El chico había protegido con sus brazos a la muchacha, y cuando la miró, ella todavía sonreía—. Me encantas, Yong Guk.—estaba feliz, y sin importarle la posición comprometida en la que se encontraban, se lanzó a su boca, besándolo.

De todos los contactos, ése fue el que más le asustó, por lo placentero que le resultó, pero esta vez su cuerpo reaccionó de manera del todo distinta: quiso más. Y no le gustó nada cuando se separaron. Por suerte para él, no parecía que ella quisiera dejar de besarlo, porque al instante siguiente volvían a estar pegando sus bocas. La inexperiencia de los dos hizo que avanzaran a un ritmo semejante, desde el desconocimiento. Sin necesidad de explicaciones o palabras, porque entre ellos siempre sobraban. Sus lenguas decidieron por sí mismas qué hacer cuando se les abrió el camino, y de algún modo, besar dejó de ser una pantalla bloqueada para ellos, porque se convirtieron en expertos de saborearse el uno al otro.

Más tarde, se habían acomodado contra la pared. Yong Guk seguía sin su camiseta, pero no tenía frío. Las gafas de Ha Neul descansaban en el mismo lugar donde habían caído cuando ellos también se precipitaron al suelo. Pero no las necesitaba para ver lo único que le interesaba en aquellos momentos, mientras sentada sobre el regazo del chico, dibujaba círculos sobre su pecho. A veces, también le besaba donde antes había estado su dedo y Yong Guk sólo le dejaba hacer, porque esa manera dulce que tenía la chica de quererle era placentera. No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero agradeció el día en que Ha Neul decidió cambiarse de universidad, y a sus pies por seguirla cuando ella le preguntó si podían hablar.

Ha Neul volvió a rodearle el cuello con los brazos, y hundió los labios en el hueco de su clavícula.

—Me encantas. —volvió a decir, antes de soltar una risilla de felicidad que vino acompañada por un gran abrazo de Yong Guk y un profundo y pasional beso. Llegados a este punto, el chico no pudo aguantar más lo que estaba sufriendo en silencio y que era ya, un dolor placentero pero incómodo.

—Ha Neul, tendrás que salir de encima, porque necesito ir al baño…—dijo, y ella le observó sin comprender. Pero no hicieron falta más explicaciones, porque entendió qué era lo que notaba bajo su cuerpo y besó la mejilla sonrojada de Yong Guk.

—Me alegra que te pase algo así conmigo. Tranquilo, yo te cubro hasta el baño.—se puso en pie, ayudando al chico a hacer lo mismo e instándolo a vestirse. Para ocultar su problema, le hizo rodearla con los brazos y así salieron al pasillo. Aunque al principio el chico había alucinado, entendió que, al fin y al cabo, se trataba de Ha Neul, y esa reacción era del todo normal en ella. Con el cabello desordenado y aquella extraña postura, se dirigieron al baño de hombres más cercano, y como siempre, ignoraron las miradas y comentarios de los de su alrededor, sobre desde cuándo esos dos habían pasado de amigos a pareja, y Yong Guk sabía sonreír de esa manera.

4 respuestas a Las caricias del cielo

  1. muy tierno, gracias por tu relato, me ha gustado mucho

  2. paulina dijo:

    Lindo, a mi también me gustó🙂 gracias por escribir éstas historias, creo q nunca he leído algo q no me gustara en este blog, siempre es agradable leerlas.

  3. heennytha dijo:

    Muy dulce y tierno, gracias por compartirlo.

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