One Shot: Solo

Autores invitados @Jeannelok

VIXX 15 VIXX 14

Taek Woon  salió de la ducha dándole todavía vueltas a un asunto que no dejaba de molestarlo desde hacía un par de días. Se fue hasta su cuarto y tras restregarse una toalla contra la cabeza la dejó colgada y comenzó a vestirse.

Debería estar contento. Por la tarde no tenían que ir a trabajar y los ensayos por ese día ya habían acabado. Hacía mucho que tenía ganas de salir a pasear y distraerse, sólo caminar por las calles, solo, disfrutar de escaparates, de un tiempo para sí mismo… y ahora que se lo daban, estaba tan preocupado por ese asunto que se le habían pasado todas las ganas.

Y es que Hak Yeon, el líder del grupo musical al cual pertenecía, VIXX, estaba enfadado con él. No se lo había dicho, pero lo notaba y no lo entendía. Por un lado, porque era la primera vez que se molestaba con él. Por otro, porque Hak Yeon era lo suficiente sincero como para decirle las cosas a la gente a la cara sin tapujos.

Ponerse el calcetín se había convertido en una ardua tarea y acabó peleándose con él, mientras en su cabeza repasaba las razones por las cuales creía que N estaba enfadado:

No lo acosaba y molestaba cada vez que le veía.

Le rehuía la mirada.

No iba detrás de él preguntándole cómo se encontraba.

Hak Yeon siempre había hecho aquellas tres cosas. Desde que lo conocía, y como una madre, cuidaba del grupo olvidándose a veces de sí mismo. Al principio, cuando ni siquiera eran VIXX y estaban sus otros amigos, los cuidaba y trataba a todos igual, pero con el tiempo había desarrollado por él una especie de afecto especial. Sabía que a Taek Woon  le costaba relacionarse y demostrar sus sentimientos, así que no lo forzaba pero se mostraba más pendiente de él que los demás, a pesar de ser ambos los mayores del grupo.

Se había acostumbrado a tener a Hak Yeon tras de él, preocupándose y cuidándolo, y lo echaba de menos. Quería que lo cogiera por los hombros y le obligase a sacarse una fotografía juntos, y que le contase lo que había hecho durante el día aunque fuese aburrido. Pero no iba a decírselo. El tímido, arisco y poco hablador Taek Woon  no iba a hacerlo porque… le podía la vergüenza.

Acabó lanzando el calcetín a un lado. Daba igual que fuera invierno, iba a ponerse chanclas.

Una vez en la calle, la idea del calzado no le pareció tan buena. No solo porque la gente miraba sus pies y cuchicheaba, por suerte sin reconocerlo porque llevaba una bufanda cubriéndole la boca y un sombrero ensombreciendo su frente y ojos, sino porque se le congelaban los dedos de los pies.

Pasó por delante de una tienda de zapatos y se compró unos, con los cuales le regalaron los calcetines que esta vez se concentró en ponerse bien. Siguió caminando sin rumbo, a pesar del frío. Se metió en una tienda de ropa, a ver si veía alguna cosa que le gustara. Sin embargo, paseaba sin ver porque no estaba centrado, hasta que unos guantes verdes llamaron su atención. Eran sencillos, pero parecían muy calentitos. A él le hubieran ido pequeños, y no fue hasta que los llevaba en una bolsa de regalo por la calle que entendió para quién los había comprado.

Si había hecho enfadar a Hak Yeon y quería disculparse, lo mejor sería presentarse con un obsequio… ¿no?

Cogió el teléfono y le llamó. Una voz femenina le anunció que el teléfono con el cual intentaba contactar estaba apagado o fuera de cobertura. Chasqueó la lengua y se fue hasta casa, no tenía ganas de seguir en la calle. Cuando llegó, no había nadie. Dejó la bolsa con los guantes sobre la cama y se tumbó él también, sin encender ninguna luz. Se quedó dormido poco después.

Taek Woon  era un aprendiz, y se había ganado la enemistad de los demás aprendices porque decían que se creía superior. No era así, en realidad no sabía cómo tratar con ellos­. Años de soledad tras que todos sus amigos le dieran la espalda por ayudar a un chico que no les caía bien (el cual acabó uniéndose a ellos e ignorándolo) habían hecho que no solo su timidez creciera, sino su poco apego a los demás. Aquella actitud de los otros aprendices no hizo más que aumentar sus pocas ganas de dialogar con nadie, hasta que incluso su voz al hablar se convirtió en poco más que un susurro. Pero le daba igual. La soledad no le disgustaba.

Entonces había conocido a Hak Yeon. No le había conocido hasta entonces porque formaba parte de otro grupo de aprendices, pero acabó siendo trasladado con ellos. El chico era alegre, siempre riendo, y un gran bailarín. Taek Woon a causa del tiempo libre que poseía, aparte de entrenar su voz también había practicado baile, pero no le llegaba ni a los pies. Por eso, empezó a entrenar con más ganas. Le costó varios meses darse cuenta de que era a causa de la presencia de Hak Yeon que estaba esforzándose en mejorar. Se sorprendió de haber tomado a nadie como referencia.

Pero es que ese chico no le dejaba en paz. En cuanto le había visto apartado del resto al acabar la primera tarde de ensayos, le había rodeado el cuello con el brazo y le había ofrecido ir a tomar algo. Escuchó a los demás advertirle que no conseguiría nada de él y Taek Woon calló, incapaz de encarar a alguien así. Supuso que a pesar de su energía inicial, acabaría cansándose y dejándolo, como los demás.

Declinó la oferta, y Hak Yeon puso cara triste diciendo que otra vez sería. Momentos parecidos fueron repitiéndose diversas veces, hasta que el otro chico lo cogió en un pasillo de la empresa, a solas. Los demás ya se habían ido a casa y él se había quedado rezagado practicando un poco más. Le dolía el tobillo tras tantas horas bailando y creía que era hora de descansar.

— ¿Ya has acabado?—le preguntó, con su imperturbable sonrisa. Taek Woon no respondió, aguantando los pinchazos del tobillo mientras se quedaba allí de pie— Taek Woon, ¿me odias?—abrió los ojos, sorprendido, a causa de la pregunta y de la desaparición de la sonrisa de Hak Yeon— Lo siento, no me extrañaría. Sé que puedo llegar a ser bastante pesado pero… Sólo quería hacerme tu amigo.

—No eres pesado—se dio cuenta de que su voz sonó débil y apagada, como siempre. Al menos cantando podía soltarse y alzarla mucho, muchísimo más, de lo que era capaz de hacer hablando—. Y no te odio.

—¿De verdad?—el rostro de Hak Yeon se iluminó de nuevo, y él se sonrojó más de lo que ya estaba. Por suerte, la tenue luz del pasillo le cubría en aquel aspecto— ¡Menos mal! Me dejas mucho más tranquilo…

—¿Por qué… por qué te importa lo que yo piense de ti?

—¿Por qué no iba a importarme? A fin de cuentas quiero ser tu amigo.—no supo responder. No se hubiera esperado aquello. Y mucho menos que tras tantas veces de rechazos, el otro no le diera la espalda. Por eso, a partir de entonces se esforzó en no negarse a lo que le ofreciera. Le costó más de lo que pensaba, pero poco a poco lo consiguió.

Poco después, conoció a los miembros del grupo y otros chicos, y aunque siguió siendo igual de tímido y callado, ellos supieron comprenderle y ofrecerle su amistad, sin tapujos, ni engaños, sincera y pura.

Todo gracias a Hak Yeon.

Cuando despertó, le costó un poco acostumbrarse a la oscuridad pero al fin lo hizo. Parpadeó varias veces antes de ello, y se levantó. Escuchó el sonido de los cubiertos en la cocina y se asomó, pues parecía ser el único lugar de la casa donde había alguien. Al hacerlo, vio a Hak Yeon de espaldas, con un delantal y cocinando.

—¿Hak Yeon?—como estaba de espaldas y no le había escuchado, al oír su nombre dio un brinco y estuvo a punto de tirar lo que tenía en la mano. Se volvió despacio y le dedicó una sonrisa a medias, que nada tenía que ver con las suyas.

—Pensaba que estaba solo.

—Me quedé dormido en el cuarto… hace un par de horas—dijo tras mirar el móvil—. Siento haberte asustado, ¿qué haces?

—Nada.—su voz sonó estridente, alarmada y falsa.

—…

—¿Por qué me miras así?—quería preguntarle qué le sucedía, qué le había hecho, pero no se sentía capaz de hacerlo. Al final, decidió despedirse y salir de nuevo a la calle, porque sentía que allí dentro iba a ahogarse.

En la calle, se preguntó por qué tenía que importarle tanto que Hak Yeon se hubiera enfadado. Podía, simplemente, volver a ser el de antes, ignorando a todo y todos y recibiendo el mismo trato. Porque si Hak Yeon no le contaba por qué estaba enfadado, era que no confiaba lo suficiente en él, entonces ¿para qué quería una amistad así de falsa?

Y, a pesar de todo, no podía evitar sentirse miserable al no poder contar con él. Hak Yeon había sido su primer amigo tras muchos años de soledad, y hasta entonces siempre había estado rondándole, molestándolo y ayudándolo. Taek Woon no sabía vivir sin él o su presencia.

Golpeó la pared que tenía al lado, ofuscado e ignorando a la gente que pasaba. Tenía que acabar con esa situación, y tenía que hacerlo cuanto antes. Porque sabía mejor que nadie que, por mucho que intentase auto convencerse, nunca se recuperaría si también perdía a Hak Yeon.

Regresó a casa tras casi tres horas de caminar sin rumbo. Rozaban casi las once de la noche y la única razón por la que volvió sobre sus pasos fue que se dio cuenta que llevaba demasiadas horas sin probar bocado alguno. Cuando abrió la puerta de casa, se sorprendió porque las luces estaban apagadas y encendió la de la entrada, llamando a sus compañeros sin recibir respuesta alguna. Comenzó a preocuparse, era imposible que no hubieran regresado ya ni que estuvieran durmiendo. Pero sus zapatos no estaban allí, y no había señales de vida.

De repente, en cuanto encendió la luz del comedor, escuchó unas voces gritarle algo, el sonido de unas pequeñas explosiones y vio cosas volando por el aire, a la par que mucho color. Le costó varios segundos darse cuenta de que sus compañeros de grupo le habían preparado una fiesta sorpresa. Se quedó estático, intentando mantener su cara de póker pero al final no pudo evitar agacharse y taparse el rostro. Notó una mano acariciándole la espalda y la risa de sus compañeros, escuchó la voz de uno de ellos diciendo que les había dicho que lloraría de emoción y a otro mandándole callar.

Taek Woon fue incapaz de recuperar la compostura durante varios minutos, hasta que escuchó la voz apremiante de Hak Yeon diciéndole que debía apagar las velas. Aquello le hizo reaccionar. Hubiera jurado que, de repente, su voz volvía a ser normal, la de siempre, igual que su sonrisa.

Se acercó despacio al otro muchacho, quien se mantenía en medio de la sala sujetando un pastel con velas. Su aspecto no era el mejor que hubiera visto, sin embargo obvió ese hecho y se dedicó a soplarlas. Cuando acabó, los aplausos aumentaron y le guiaron hasta una mesa llena de comida.

—Pensábamos que no regresarías nunca.—lo acusó el más joven del grupo. Cuando se volvió a mirarlo, retiró la vista como si no le hubiera dicho nada. A Hyuk todavía le costaba encararlo.

Se sentaron a la mesa y comenzaron a comer y beber. Le regalaron una camiseta y un collar, el cual una vez de pasada recordó haber dicho que le gustaba, y le sorprendió que se hubieran acordado. Con un nudo en la garganta, intentó mostrarse sereno mientras comía.

Las voces iban de aquí para allá, le hicieron fotos y él mismo sacó algunas que subió a internet para que las fans pudieran verlas. La velada fue alegre, agradable y llena de risas. Hak Yeon se sentaba frente a él, pero en ningún momento hablaron. Eso le entristeció.

Cuando acabaron de cenar, los chicos le dijeron que él podía ir a descansar porque iban a recogerlo todo. Se negó en redondo y les ayudó. Eran casi las cuatro de la madrugada cuando acabaron. Se tenían que levantar en apenas tres horas. Escuchó quejas y lloriqueos antes de que las luces volvieran a apagarse. Sin embargo, él no se sentía con fuerzas de irse a dormir y decidió, por tercera vez, salir a la calle a dar una vuelta. Total, puesto a ir a trabajar sin dormir al menos lo haría despejado por el aire frío.

Llegó hasta un parque infantil y se sentó en un columpio, sin balancearse por si no soportaba su peso. Estaba muy emocionado por lo que habían organizado sus amigos. La fiesta sorpresa, el pastel, la cena, los regalos… su compañía. A pesar del tiempo transcurrido, seguían a su lado, sin abandonarlo, y él no tenía ni idea de cómo agradecérselo.

Se miró la palma de las manos. Había dejado la bolsa con los guantes al lado de los zapatos de Hak Yeon, esperando que fuera el primero en verla. Después de lo de aquella noche, entendía todavía menos qué le sucedía.

—¿No tienes frío?—igual que había sucedido aquella tarde, pero a la inversa, Taek Woon se sorprendió al escuchar una voz tras él. Se volteó para encarar a Hak Yeon, quien le observaba preocupado— Lo siento, te he seguido hasta aquí. Es que… estabas un poco raro.— ¿raro, él? ¿Eso iba en serio?

—No estoy raro.—se levantó y le dio la espalda, alejándose de él. Escuchó los pasos de Hak Yeon.

—Sí, sí lo estás.—notó cómo lo agarraba de la chaqueta para obligarlo a detenerse. Taek Woon se detuvo, se dio la vuelta haciendo que le soltase y arrugó la frente.

—¿Sabes que de no ser por las llamadas de mis padres y familiares, habría olvidado por completo que era mi cumpleaños?

—¿En serio?

—Tú… me preguntas si estoy raro pero…—le costaba expresarse. No sabía cómo hacerlo, estaba nervioso. Se dio la vuelta de nuevo, pasándose una mano por el cabello— Maldita sea…

—¿Pero?

—¡Es tu culpa que lo olvidase!—explotó. Y a pesar de todo, su voz seguía siendo débil y miserable y no se sentía con el poder o las ganas de alzarla más. Por eso, usó lo que siempre utilizaba cuando no sabía expresarse: la fuerza. Agarró a Hak Yeon de los hombros y apretó, evitando hacerle daño aunque tenía ganas de ponerse a romper cosas— Porque has estado todos estos días evitándome… ¡y no me decías qué te sucedía!

—¿Por eso me has comprado esto?—preguntó Hak Yeon, alzando las manos. Llevaba los guantes que le había regalado.

—Creía que debía disculparme, pero no sabía por qué…—musitó, soltándolo, avergonzado.

—Oh, Taek Woon, lo siento tanto—el otro chico apoyó una mano sobre su hombro—. Tenía que disimular, y no sabía cómo ocultarte lo que estábamos preparando. Esta tarde me has pillado preparando el pastel, no sabía dónde meterme en serio. No creí que pensaras… lo siento, ¿por qué no viniste a hablar conmigo?

—No sabía cómo…

—La próxima vez que tengas una sensación así, deberías venir a hablar conmigo. Sabes que si estuviera enfadado, te lo diría. Pero entiendo que esta vez toda la culpa ha sido mía. Lo lamento muchísimo, Taek Woon.—le dedicó una pequeña reverencia.

—No hagas… eso. No hace falta…—Taek Woon se estaba sonrojando. Notaba que, de nuevo, tenía ganas de llorar. No podía ser que todas las preocupaciones de esos días, el malestar y la ansiedad desaparecieran con tanta rapidez. Hak Yeon no estaba enfadado con él. Hak Yeon no iba a abandonarlo. Hak Yeon no iba a dejarlo solo otra vez.

—¿Estás bien?

—No te acerques…—tenía ganas de agarrar a Hak Yeon, estrujarlo, hacerle rodar. Pero él nunca comenzaba el contacto con los otros compañeros, y no tenía ni idea hasta qué punto sería una situación incómoda. A pesar de que Hak Yeon siempre estaba abrazándolo.

—¿Por qué? ¿Te encuentras mal?

—Porque quiero… abrazarte…—lo había dicho. Como hacía en esas situaciones, volvió a agacharse hasta quedarse de rodillas y se tapó la cara. Hak Yeon cogió sus manos y las apartó, pero él se negó a levantar la vista y dejar que viera lo rojo que estaba.

—Puedes abrazarme tanto como quieras, ¿no lo hago yo?—y entonces, Hak Yeon se acercó más a él y le rodeó el cuello con los brazos, pegando su oreja a la suya. Intentó aguantarse, pero al final se abalanzó sobre él con tanto ímpetu que le hizo caer al suelo de espaldas. Fue a separarse de él para disculparse, pero con velocidad Hak Yeon lo rodeó por la cintura y se lo impidió.

Esa situación era muchísimo más incómoda de lo que un simple abrazo hubiera sido.

—Hak Yeon…

—Te he dicho que puedes abrazarme tanto como quieras. El tiempo que haga falta. Las veces que te apetezca. Siempre, sin dudarlo. No deberías ni planteártelo, sólo hazlo. Porque yo, cuando quiero abrazarte, lo hago. No podría vivir sin hacerlo.— Hak Yeon lo sujetaba con tanta fuerza que Taek Woon tenía los ojos clavados sobre el suelo y la mejilla pegada a la del otro chico. Mantenía las manos al lado de ambos cuerpos y sus piernas estaban enredadas. Si alguien pasara por allí y los viera, desde luego no habría manera de explicar la situación.

—Creía que tendría que alejarme de ti—se escuchó decir a sí mismo. Una parte de su cerebro le dijo que callase, pero su boca se movía sin que pudiera evitarlo—. Que me dejarías y… y la sola idea de no tenerte a mi lado era terrible. Más que quedarme solo otra vez, temía quedarme sin ti.

—Sería incapaz de alejarme de ti, Taek Woon, ¿es que no lo sabes? Sería incapaz de vivir sin poder verte, pequeño estúpido— la mejilla de Hak Yeon se despegó de la suya, pero entonces notó su boca al lado de la oreja—. Me parece increíble que no sepas lo que siento.

—Yo…

—Pero aún me parece peor que no sepas qué es lo que tú sientes.—entonces, le besó la oreja. Ese era un límite que ni siquiera Hak Yeon había traspasado nunca, y le costó reaccionar. Pero Hak Yeon le besó entonces la mejilla, y él se movió. Se soltó de sus brazos, alejó su cuerpo del suyo con la fuerza de los brazos pero sin levantarse. Quedó suspendido sobre él y usó las rodillas para mantener esa postura.

Agachó la cabeza, y le besó. Hak Yeon alargó las manos y le cogió del cuello de la chaqueta para impedir que se separase, pero desde luego él no iba a hacerlo. La boca de Hak Yeon era algo que siempre había mirado y deseado, pero sin saber por qué hasta ese momento en que la tuvo pegada a la suya. Húmeda, caliente. Una manzana prohibida y vetada, o al menos eso se había pensado. El inexperto dejó que el otro lo guiase, mientras notaba cómo soltaba su ropa para introducirle las manos por debajo de la chaqueta tras deshacerse de los guantes. Las manos estaban tibias y se pasearon por su abdomen, y con dificultad, llegaron a su pecho. La sensación era un paraíso y no quería que acabase nunca. Acabó sin bufanda, chaqueta o camiseta, y a pesar de ser principios de Noviembre y hacer aquel frío, le dio igual. No lo notaba. Sólo sentía la boca de Hak Yeon contra la suya, y poco después, sobre su pecho.

Se detuvieron poco después, y comenzó a vestirse aunque no quisiera. En algún momento uno de los dos recordó que se encontraban en un parque y que no podían hacer según qué cosas allí. Además, añadió Hak Yeon, no iba a perdonarse nunca que Taek Woon se resfriase por su culpa. Qué clase de líder sería si eso sucediera.

—Pero me gustaba… eso…—intentó decir, sin saber cómo explicarlo. La sensación que le producía el besarse con Hak Yeon era un éxtasis que sólo recordaba haber vivido sobre el escenario. Quizá incluso mayor que éste.

—Tú que acabas de darte cuenta de que me deseabas dices eso, ¿imaginas cómo estoy yo que llevo años seducido por ti?

—¿Años?

—Parecen siglos. Pero la espera ha merecido la pena—estaban sentados en el suelo, contra un columpio, con las piernas dobladas—. Ahora espero que el frío me ayude a… a bajar el calentón.

—¿El calentón?

—…No preguntes, Taek Woon, mejor no preguntes…

4 respuestas a One Shot: Solo

  1. marjorie dijo:

    me encanto, gracias

  2. Perry, la berry dijo:

    Hmm, two shot? No puedes dejarlo ahí, venga!😄
    Ahora en serio, muy bonito todo. Me ha encantado, sobretodo por que es que N me encanta, como líder y como todo. Y Taek Woon esta muy tierno aquí.

  3. BakaBid dijo:

    ;____; ♥ precioso!!

  4. Ivet Noriega dijo:

    Estoy hecha un mar de suspiros. Delicioso y muy lindo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s