When the dark night passes, capítulo 7

Por @autoresinvitados @Jeannelok

Bangtan Boys 4
Capítulo 7:

Ye Gi llevaba varios días extraña. Parecía estar incluso más silenciosa de lo normal, y eso era mucho decir. Pero aquel día faltó a partir de tercera clase, y ni Ji Min ni el resto volvió a saber de ella. Sólo respondió a los mensajes diciendo que estaba bien y que no se preocupasen, y que los vería al día siguiente.

Eso sí, desde luego, aunque cuando la muchacha estaba escabulléndose del edificio para no tener que ir más a clase aquel día, no esperaba encontrarse a Tae Hyung en la misma situación. Se hubieran ignorado mutuamente, de no ser porque vieron al guardia de turno acercarse y tuvieron que agacharse detrás de unos arbustos para no ser vistos. Cuando el hombre pasó de largo, suspiraron agradecidos por lo fácil que había resultado. Sin embargo, no estuvieron relajados del todo hasta cruzar la verja del instituto.

—Tú eres la chica nueva de la otra clase, ¿no?—preguntó Tae Hyung. Según sabía Ye Gi de él, siempre se mostraba despreocupado y alegre, pero parecía alerta con ella. Quizá, porque sabía que era amiga de Ji Min.

—Y tú Tae Hyung. Eras amigo de Ji Min— no habían dejado de caminar y al parecer, seguían el mismo camino. Al escucharla, el chico frunció el ceño—. No me mires así, ¿no te gusta que lo diga en voz alta?—se encogió de hombros, y antes de seguir por otra calle, miró hacia ambos lados, como si esperase que apareciese alguien por la carretera, buscándola— Eso no lo hace menos real. Oye—dijo, quitándose entonces la mochila y dándosela—, cuida de esto por mí y me la das mañana, ¿vale? Tengo que atender algunos asuntos.— desde luego, Ye Gi no le habría pedido aquello, de no ser porque le sería mucho más conveniente no ir cargada. Antes de esperar ninguna respuesta por parte del otro chico, siguió caminando. Tae Hyung abrió la boca unos segundos y la volvió a cerrar, sin comprender qué acababa de suceder.

Al día siguiente, Ye Gi apareció con una tirita en la mejilla. Al verla, se les olvidó preguntarle sobre por qué había desaparecido de repente el día anterior, para interesarse por esa herida.

—No es nada serio. Me he golpeado con el mueble mientras dormía—respondió ella. Cuando llegaron al pasillo donde se encontraban sus respectivas aulas, se detuvo—. Ahora voy.

—¿Esperas a alguien?—preguntó Ji Min. Iba cogido de la mano de Sun Young. Cada vez parecían más íntimos.

—Sí… mira, ahí viene—ante la estupefacta mirada de todos, la chica se acercó al recién llegado. Tae Hyung le tendió una mochila con aspecto confuso—. Gracias.

—¿Se puede saber por qué tenías que pedirme que te guardase la mochila?

—Porque estaba contigo, ¿a quién iba a pedírselo si no?—la muchacha se encogió de hombros antes de dedicarle una ligera inclinación de cabeza y de nuevo, girarse hacia sus amigos— ¿Vamos?

—Pero qué…—Sun Young se soltó de Ji Min para alcanzar a Ye Gi, quien ya se dirigía a su aula— ¿Qué ha sido lo de hace un momento?—la había agarrado del hombro para hacerla detenerse y darse la vuelta.

—Sólo me ha devuelto la mochila.

—¡Pero…!

—Sun Young—la voz de Yoon Gi sonó cortante, y la chica aguantó la respiración—, suelta a Ye Gi. Estás apretando demasiado su hombro…—la aludida, al darse cuenta de que el muchacho tenía razón, se apartó de su amiga.

—Perdona…—justo en ese momento, el timbre sonó. Ji Min, quien había observado la escena de lejos, estupefacto, decidió moverse. Tae Hyung hacía rato que se había encaminado a su clase, y desde luego, aunque no hubiese sido así, tampoco habría logrado sonsacarle. Y tampoco tiene por qué importarte, Ji Min, se dijo a sí mismo.

— Llegaremos tarde a clase. Vamos, Ye Gi. Noona, hyung, nos vemos después.

La despedida fue precipitada, pero así cada uno se dirigió a su aula sin seguir con el interrogatorio que en realidad, todos querían hacerle a Ye Gi.

Durante el resto de día, sin embargo, y a pesar de que sabía que no tenía razones para mostrarse así, Ji Min se mantuvo taciturno y apagado. No dejaba de darle vueltas a por qué Tae Hyung tenía la mochila de Ye Gi, y qué narices le pasaba a la chica. Pero no podía decir sus dudas en voz alta, así que no le quedó otra que guardárselas.

Tae Hyung quería volver a escaquearse de clase, pero sabía que le llamarían la atención. Sin embargo, le aburría mucho esa asignatura y lo único que quería hacer era dormir. Y aunque vio que el profesor seguía hablando de números y ecuaciones y unas cuantas cosas más que su cerebro no estaba procesando, tuvo que soportar toda la hora. Así de aburrido pasó el resto del día, hasta que al fin el timbre sonó y se levantó de su asiento de un salto.

Aquel día le tocaba volver a casa sin la compañía de sus amigos: Nam Joon había quedado con unos colegas de su clase y Ho Seok tenía ensayo de baile. Por eso, cogió su mochila, se puso los cascos y salió del aula canturreando. Ya iba por la mitad de su camino y se estaba olvidando del cansancio que sentía dentro del aula, cuando vio a la chica nueva, Ye Gi. No estaba con el grupo de Ji Min y los demás, y desde luego, ellos no se habrían unido a lo que la chica estaba haciendo. Mucho menos por la salud de Yoon Gi. La muchacha se encontraba sentada en el césped delante de un campo de béisbol con un cigarrillo entre los dedos, sin importarle que no fuera una zona para fumadores o que la vieran con el uniforme escolar. Y donde además, unos chavales de más o menos su edad estaban entrenando. Al menos, tenía la delicadeza de lanzar la ceniza en un cenicero portátil. Tae Hyung valoró la idea de alejarse de allí como si no la hubiera visto, pero acabó por acercarse a la chica.

—Hola—saludó, fue lo único que se le ocurrió decir. Ella alzó los ojos levemente y le dedicó un movimiento de cabeza. El chico se sentó en el lado a favor del viento, para tragarse la menor cantidad de humo posible—. Vaya, otra vez sola.

—Me gusta estar sola.

—Antes, siempre estabas con Ji Min y los demás—apuntó el chico. Ella se encogió de hombros—. ¿Sueles fumar mucho?—Ye Gi alejó el cigarrillo de sus labios y lo observó.

—La verdad es que lo había dejado. Pero tenía ganas de probarlo de nuevo.

—Dicen que cuando dejas de fumar, engordas.

—Cuando me hicieron dejar de fumar, también me controlaron las comidas—al responderle, la chica le dirigió una mirada desafiante. Sus ojos eran pequeños pero profundos, y se ocultaban bajo unas pestañas largas, aunque no más que las de él mismo. Sin embargo, tanto ese gesto como el tono de su voz, le quitaron todas las ganas de seguir preguntando—. ¿Quieres probarlo?—preguntó, de repente, Ye Gi. La muchacha le tendió el cigarrillo que había en su mano. Tae Hyung lo miró como si no comprendiera lo que le estaba diciendo— Venga, una calada no te engancha.

El chico torció el gesto, pensativo. Lo cierto era que algún día pensaba probar el tabaco, así que sujetó el cigarrillo con poca gracia y se lo llevó a la boca. Observó por la rendija de uno de los ojos a Ye Gi mientras aspiraba. Segundos más tarde, le devolvía el pitillo a la chica en medio de un severo ataque de tos. Le costó un par de minutos recuperarse de aquello, y no le gustó nada de nada el sabor que le quedó en la boca y la garganta. Pero lo que menos se esperaba de todo aquello, era escuchar a Ye Gi reírse. Desde que la había visto la primera vez, no recordaba ni el dibujo de una leve sonrisa en su rostro a menos que estuviera con Ji Min y el resto. Tae Hyung no la conocía de nada, y en realidad, le interesaba poco su vida. Sin embargo, no pudo evitar alegrarse de verla así.

Cuando Ye Gi dejó de reírse, le dio un par de golpes amistosos en el hombro y se acabó el cigarrillo. Lo metió en el cenicero, y el chico logró ver que era plateado, con una hoja dibujada y debajo, las iniciales H.K.

—¿Me vas a contar por qué no te hablas ya con Ji Min?

—¿Por qué debería interesarte eso?

—Porque tú sigues importándole, y sufre al no poder hablar contigo como siempre. No me gusta verle padecer.

—¿Hablas como su amiga, o como chica a quien le gusta?—al darse cuenta de lo que acababa de soltar, y lo irrespetuoso que sonaba, aunque la pregunta de ella tampoco era de lo más discreta, pensó en disculparse. No le dio tiempo, porque Ye Gi siguió con la conversación.

Abajo, seguía escuchándose a los chicos jugando al béisbol, a pesar de que el sol ya estaba comenzando a desaparecer y el cielo se volvía anaranjado.

—¿Si te respondo a eso, me lo contarás?

—…—Tae Hyung se tumbó en el césped— No hace falta. Creo que ya me has respondido. Mira… que te cuente lo que pasó, no cambiará las cosas. Es más, sé lo infantil que puede parecer para otras personas. Pero… Ji Min me hizo mucho daño, y era de la última persona que me hubiera esperado algo así.

—Te escucho, pelo zanahoria.

—¡Eh!—Ye Gi volvió a encogerse de hombros.

—El otro día en el pasillo, te escuché a ti mismo llamarte así. Me hizo gracia.—Tae Hyung puso los ojos en blanco. Ye Gi era una persona curiosa. Y sabía que era ridículo contarle lo sucedido a ella, que no se conocían de nada, sobre todo porque nadie más lo sabía.

—Cuando tenía unos doce años, mis padres se separaron. O más bien, mi madre nos dejó tirados por otro hombre, un extranjero. Hizo las maletas, y se largó con él. Mi hermano tenía entonces siete años. Es decir, él entendía que algo malo estaba pasando, pero fue más fácil para mi padre, en cierto modo, engañarlo. Yo, en cambio, estaba destrozado. Además, siempre había sido un poco niño de mamá… Ji Min fue un gran apoyo para mí. De no ser por él, quizá no lo habría sabido llevar igual de bien—Ye Gi estaba en silencio y observándolo atenta. Tae Hyung agradeció en silencio que fuera tan buena oyente—. Justo porque él sabía mejor que nadie lo mal que lo pasé, aún fue peor lo que hizo. Cuando teníamos catorce años… le enseñé mi mayor tesoro. Siempre me había dado vergüenza que nadie lo viera, porque… en fin, ¡se trataba de un peluche!

Tae Hyung lo recordaba a la perfección. Era de tamaño mediano, en forma de perro y color navajo blanco. Llevaba una camiseta verde claro con un corazón amarillo. En la planta del pie, estaba escrito su nombre con el mismo color de la camiseta. Las orejas eran largas y peludas.

El peluche era tan importante para él, porque cuando había llegado a casa después de clase, y se había encontrado con que su madre los había abandonado, fue lo único que le había dejado junto a una nota. En ésta, se disculpaba y le decía que si la odiaba y no quería volver a verla, lo entendería. Ése había sido el último recuerdo de la mujer para él, porque desde entonces, nunca volvieron a saber nada de ella.

Tae Hyung no la había perdonado y no sabía si nunca lo haría, pero a fin de cuentas, era su madre. Por eso, el peluche se convirtió en un elemento muy importante de su vida. Le hablaba, lo lavaba e incluso le lloraba cuando algo malo le sucedía. Casi lo trataba como a un ser vivo más.

Llegados a ese punto del relato, el chico se sentía avergonzado por contárselo a Ye Gi. No obstante, ella seguía escuchando sin emitir ningún tipo de juicio respecto a ello. Estaba claro que su único interés radicaba en por qué se había peleado con Ji Min, pero a pesar de eso, estaba siendo paciente al escucharle.

—Un día, había quedado con Ji Min. Me retrasé en llegar a casa, y al hacerlo, mi padre me dijo que él ya había llegado y me estaba esperando en mi cuarto. Fui hasta allí, y entonces… vi a Ji Min, con el peluche… o más bien, con lo que quedaba de él, en las manos. Lo había destrozado. Por completo. Y cuando le pregunté por qué lo había hecho, sólo se disculpó y se marchó de allí. A partir de ese día… me vi incapaz de dirigirle la palabra, y en cierto modo, la rabia fue… fue aumentando, al ver que un lo siento era lo único que iba a darme.

Tae Hyung giró el rostro en dirección contraria a Ye Gi al terminar de contarlo. Él mismo sabía lo absurdo que podía sonar para cualquiera, que hubiera roto su amistad con Ji Min por un peluche. Asimismo se preguntaba, si alguien podría entender cuán duro había sido eso para él.

—¿Y hasta cuando piensas seguir enfadado?

—Yo… no lo sé.

—Es más, ¿sigues enfadado? ¿O, quizá, sólo mantienes esta actitud porque te has acostumbrado a tenerla?

—…

—¿De verdad crees que Ji Min sería capaz de algo así?—Tae Hyung se enderezó de golpe ante la pregunta. El cielo ya estaba oscuro, y hacía rato que no quedaba nadie jugando al béisbol. Se preguntó cuánto rato había tardado para explicarle su historia a Ye Gi.

—¡Nunca me dio una explicación!

—Tampoco pareces haber querido dejarle dártela. Asumiste que esos eran los hechos, sin contar con nada más…—de repente, la expresión de Ye Gi se endureció todavía más— Igual que un adulto. Lo que tus ojos vieron, fue todo lo que necesitaste, ¿alguna vez pensaste en los sentimientos de Ji Min? ¿De verdad nunca tuviste intención de saber qué había sucedido? Porque es más cómodo quedarse con la primera impresión, y enfadarse. Juzgar sin saber—cada una de sus palabras estaban cargadas de tal resentimiento, que a Tae Hyung no le costó demasiado deducir que hacía rato que la chica no hablaba de él y Ji Min—. Deberías…—justo en ese momento, comenzó a sonar una melodía. Ye Gi sacó su teléfono móvil del bolsillo de la falda, arqueó una ceja al leer la pantalla y se levantó de golpe. De repente, se olvidó de la presencia de Tae Hyung— Dime… ¿Qué? ¡No me jodas! No, esperad a que llegue. No vais a ir… no, esa zorra es mía, y lo sabes… ¡Ya sé que llevo demasiado tiempo inactiva! ¿Pero en serio te crees que no puedo patearle el culo como se merece? No. De momento vamos a hablar. Vale. Hasta ahora.—y colgó. Su voz y la manera de hablar parecían pertenecer a una persona del todo distinta a la que Ye Gi mostraba en el instituto. Cuando iba con Ji Min y el resto, a duras penas podía darse uno cuenta de su presencia.

Tae Hyung se olía que aquella conversación no traería nada bueno. Por eso, cuando vio que la chica cogía sus cosas y sin despedirse, parecía dispuesta a marcharse, valoró de nuevo ignorarla.

De verdad que lo hizo. Pero algo le decía que se arrepentiría de no acompañarla.

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