Though I know the end, I keep falling for you, capítulo 2

Por @Jeannelok y @Ari2PMAM

VIXX, Cha Hak Yeon, N

Sabía que no debía inmiscuirse, pero le era imposible no meter mano para ayudar a su amiga.
David había conseguido el número de teléfono de Hak Yeon mirándolo la noche anterior en el teléfono de su amiga. Sabía que no era una acción lícita, pero fue lo único que se le ocurrió. A primera hora de la mañana, y suponiendo que Hak Yeon no habría descansado nada, lo llamó.
— ¿Diga?—Escuchó al otro lado.
— Hola, soy David Kim. Me gustaría… quedar y hablar contigo.—Al otro lado se hizo el silencio. Supuso que el cantante estaría intentando entender qué sucedía.
— S… sí, vale.—Fijaron una cita. Hak Yeon le explicó que sólo tendrían media hora porque trabajaba todo el día, pero él le aseguró que sería suficiente. Por eso, una hora más tarde se encontraba en la empresa del otro chico, esperándolo. Había llamado a Iseul antes y ésta le había dicho que había pedido el día de fiesta en la empresa porque no se encontraba bien. Se preguntó en qué sentido era aquello, pero no se lo preguntó y sólo le dijo que descansara y que pasaría a verla.
—David—Hak Yeon apareció ante él. Parecía otro, con el cabello desordenado, camiseta blanca y pantalones oscuros negros—. Ah, perdona mi aspecto, vengo de una sesión de ropa deportiva.
— Está bien…
—Ven, sígueme.—Le dijo, al darse cuenta de que allí no podía hablar pues entraba y salía demasiada gente. Lo guió hasta una sala y se sentaron el uno frente al otro.
— Supongo que te imaginarás de qué quiero hablarte—Hak Yeon asintió despacio con la cabeza—. No quiero que te pienses que por ser amigo de Iseul, vengo a echarte nada en cara. No has hecho nada malo, no sabías lo que ella sentía por ti y por eso la situación se vio forzada hasta el nivel de anoche—omitió el comentario a sus ojos cansados—. Sé que no se pueden forzar los sentimientos de nadie, así que no te voy a pedir que le correspondas. Pero como su amigo… sí que hay algo que me veo en la necesidad de pedirte. Intenta no hacerle daño… no más daño. Aunque fuera involuntario, la hacías sufrir, y ahora que está en tu mano evitarlo… dale tiempo y espacio. Piensa en el futuro de Iseul, porque tiene planes muy grandes. No puede lanzarlos por la borda por quererte y centrarse demasiado en ese sufrimiento.
— ¿Planes muy grandes? ¿A qué te refieres?—Preguntó Hak Yeon, obviando con premeditación todo lo demás.
— No quiere ser sólo estilista. Quiere ir más allá, trabajar con las empresas más importantes del sector y quién sabe si fundar la suya propia en el futuro. Suena muy fantasioso, pero no dudo que ambos sabemos que si se lo propone, Iseul es capaz de conseguirlo. Pero si sigue perdida en sus sentimientos… nunca logrará avanzar. Sé que no debería estar pidiéndote esto, es cosa vuestra. Lo siento Hak Yeon, pero no puedo evitarlo. De verdad, por favor… intenta no hacerle daño. Sobra decir que para mí, Iseul es alguien muy especial. No te hablo de quererla como mujer. Es algo que no sabría explicar. Para ella ya es bastante duro que tú sepas lo que siente, lleva escondiéndotelo demasiado tiempo. Creo que pensaba vivir para siempre con ese sentimiento oculto. Ahora sólo necesita algo de tiempo para aclararse.
—…
— ¿Hak Yeon?
—Entiendo lo que dices… sé que tienes razón pero… maldita sea, estoy demasiado confuso—gruñó el cantante, despeinándose todavía más—. Nunca me imaginé que Iseul sentiría eso por mí, de verdad. De haberlo sabido…
—De haberlo sabido, si no la correspondes, no podrías hacer nada. Lo estás comprobando ahora.
—Tampoco quiero hacerle daño… también es mi amiga… alguien muy especial.
—Confío y deseo que no se lo hagas, Hak Yeon.

Habían pasado tres días desde la confesión de Iseul, y durante ese tiempo, los demás miembros del grupo se habían dado cuenta de que las cosas entre ella y Hak Yeon no iban bien, pero ninguno de ellos decía nada. Hongbin era el que más curiosidad sentía, pero Taek Woon le había prohibido meterse por medio.

Ese día tenían la grabación del vídeo musical, y al ser Iseul su estilista, tendría que estar con ellos hasta que terminasen.
— Creo que hoy será un día muy largo. — Hongbin observaba a Iseul que estaba dando órdenes a los ayudantes de vestuario para que tuviesen cuidado con la ropa que ellos se pondrían para la grabación. Que Hak Yeon e Iseul estuviesen juntos tantas horas teniendo en cuanta la situación en la que se encontraban no auguraba nada bueno.
— Hyung, ¿decías algo? — Sang Hyuk, el más joven del grupo lo miró con curiosidad.
— No, nada, tonterías mías. — Hongbin le sonrió y vio cómo su compañero se encogía de hombros y se marchaba hacia otro lado.

— ¡Hora de cambiarse! ¡Id al camerino! — Se volvieron a mirar a Iseul cuando les gritó la orden. Todos se apresuraron de inmediato a obedecer, aunque Hak Yeon se demoró un poco más observándola desde cierta distancia. No habían hablado desde la confesión y eso le estaba tocando la moral. No sabía cómo aproximarse a ella ni qué decirle.
El camerino era un verdadero caos con todos allí juntos, pero Iseul había organizado la ropa de cada uno de ellos con sus nombres, por lo que todo fue algo más rápido.
— ¿Qué tal estoy, noona? — Hongbin se había acercado a ella intentando hacerla sonreír y que se mostrase un poco más relajada.
— Matador, y eso que todavía no estás maquillado. — Iseul le sonrió y vio cómo Hongbin sonreía feliz.
— ¿En serio? ¿No me lo dices sólo por quitarme de en medio? — Su sospecha hizo resoplar a Iseul.
— En serio. Y ahora ven que te maquille. — Se dirigió hacia la zona de maquillaje y movió el sillón para que se sentase. — Vamos a terminar de darle el último toque al rompecorazones
— No soy ningún rompecorazones. — Iseul enarcó las cejas y le dedicó una mirada burlona. — Bueno, vale, algunos habré roto, pero no a propósito. — Y sin decir más se dejó maquillar por ella.
Hak Yeon había estado observando todo en silencio y con disimulo, mientras una de las maquilladoras hacía el trabajo que tendría que haber hecho Iseul. Se sentía mal. Aunque en realidad se estaba engañando a sí mismo, porque lo que sentía eran celos. Celos de la complicidad entre Hongbin e Iseul. Tendría que haber sido él quien ocupase el lugar de Hongbin, pero lo había perdido y se preguntaba si lo recuperaría otra vez.
— A ver, vamos, reuníos que quiero ver el resultado final. — Iseul dio palmas para que todos se juntasen en el centro de la estancia formando una fila. Les fue repasando uno por uno, quedando Hak Yeon para el final.
— ¿Qué tal estoy? — Se había arriesgado a dirigirle la palabra por primera vez en tres días. Se sentía inseguro y su sonrisa no era todo lo brillante que solía ser.
— Perfecto, como siempre. Y ahora salid ahí fuera y haced un gran trabajo. — Aunque se suponía que aquellas palabras tenían que ser de halago y ánimo, la frialdad con la que las dijo le hizo sentir como si le propinasen un puñetazo en el estómago.
— Gracias. — Apenas había tenido fuerzas para responderle. Se sentía fatal por cómo lo trataba y se estaba hartando de esa situación.

La grabación del vídeo musical duró casi un día entero, pero a pesar de todo, el grupo se mantuvo siempre a tope. Lo malo llegaba cuando tenían que arreglarles el maquillaje, Iseul siempre evitaba a Hak Yeon y buscaba a otro, dejando a éste apesadumbrado. Y aunque lograba esconder lo que sentía con rapidez, para Taek Woon y Hongbin era un libro abierto.

Cuando terminaron el rodaje del vídeo musical, regresaron a casa, pero poco después de llegar, Hak Yeon volvió a irse, dejando a parte de sus amigos estupefactos. Había escuchado que Iseul volvía a la empresa para dejar organizado el vestuario que habían usado en la grabación.
El trayecto hasta la empresa se le hizo eterno. Estaba nervioso, tanto que estaba empezando a hiperventilar, por lo que trató de calmarse antes de enfrentarse a Iseul.

No se escuchaba música en su oficina. El silencio era absoluto. Quizá se había marchado ya, aunque no lo creía posible. Respiró hondo y llamó a la puerta, algo que nunca antes había hecho.
— Adelante. — Su voz sonaba cansada y eso le hizo fruncir el ceño. Vale, llevaba muchas horas despierta y eso dejaba a cualquiera en un estado lamentable, pero la voz normalmente poderosa de Iseul, había desaparecido.
— ¿Puedo pasar? — Vio cómo pegaba un pequeño bote y le temblaban las manos al colocar una percha en el perchero.
— Sí, claro, adelante. — La vio hacerle un gesto para que pasase y se sentase, para luego verla cruzar los brazos y frotárselos.
— Me preguntaba si podríamos hablar. — En vez de sentarse, se quedó de pie muy cerca de ella, algo que la hizo tensarse.
— ¿Tienes algún problema con el vestuario? — Su voz sonó ahogada y eso la sonrojó.
— El vestuario es perfecto y lo sabes. Tu trabajo ha sido maravilloso. — La vio tensarse y desviar la mirada incómoda. — De lo que quería hablar es de nosotros. — Ante eso, ella lo miró asustada.
— Hak Yeon, yo…
— No, déjame hablar, por favor. — Levantó una mano para callarla y ella accedió aunque de mala gana. — Sé que necesitas tiempo para recuperarte tras lo que pasó entre nosotros el otro día. También sé que las cosas no pueden volver a ser como eran antes. Pero es que no soporto esta situación. — La miró apesadumbrado y vio cómo ella lo miraba azorada.
— ¿Qué es lo que no soportas exactamente, Hak Yeon? — Sospechaba que la respuesta no le iba a gustar nada de nada.
— No soporto no poder hablar contigo, no soporto ver cómo les dedicas toda tu atención a los demás y a mí nada. No soporto ver cómo me miras pero sin verme, no soporto la frialdad con la que me tratas cuando no te queda más remedio que hacerlo, no soporto que me evites como si tuviese alguna enfermedad contagiosa… Te echo de menos. — Aunque su tono había empezado siendo recriminatorio, acabó siendo lastimero. Y se había callado lo más importante, algo que todavía no entendía… O más bien que no quería entender. Un sentimiento de posesión y protección que le atenazaba el corazón con mano férrea.
— Hak Yeon, estás siendo muy egoísta, ¿no te parece? — Iseul se había llevado las manos a las caderas y le miraba asombrada. — Hace apenas tres días te dije algo que no quería que supieses. Algo que había guardado con celo porque no quería que lo nuestro se estropease, ya que siempre supe que nunca me verías como mujer. Y ahora, sin darme tiempo a recuperarme pretendes que todo vuelva a como estaba antes, ¿es que te da igual cómo me sienta yo? ¿Tan poco cuentan mis sentimientos en este tema? — Estaba levantando la voz, y se apresuró enseguida a volver a un tono más moderado, pero el enfado la estaba quemando por dentro.
— Iseul, claro que me importan tus sentimientos… — La miraba dolido pero ella no hizo caso.
— A mí me parece que no. — No le había dejado acabar y se había acercado más a él. El enfado le estaba dando una valentía que no había tenido hasta ese momento. — Sólo te importan tus sentimientos, sólo te importa tu persona, yo no cuento para nada. — Le estaba clavando un dedo en el pecho para acentuar cada una de sus recriminaciones. — ¿Que te sientes mal? ¿Que no lo soportas? ¿Y yo? ¿Es que de buenas a primeras tengo que volver a sonreírte, a dejar que invadas mi oficina cuando quieras, a…? — Hak Yeon empezó a sentir que la ira y la frustración se apoderaban de él. No soportaba todo lo que le estaba diciendo Iseul, a pesar de que tuviese razón. De pronto, esa ira y frustración se convirtieron en un mismo sentimiento, el deseo de besarla. De hacerle saber a través del beso cómo se sentía por dentro. La atrajo hacia él y agarrándola con fuerza la besó. El beso estaba cargado de furia, de desesperación, de dolor, de celos… Era un verdadero caos.
Iseul empezó a debatirse, pero Hak Yeon tenía más fuerza que ella. Las respiraciones de ambos eran agitadas, ella seguía debatiéndose para soltarse, pero Hak Yeon no cedía, logrando incluso penetrar en su boca. Fue al sentir las lágrimas de ella en la mano con la que le sostenía la cara cuando se retiró y la miró aterrorizado. Maldita sea, ¿qué acababa de hacer?
— Márchate Hak Yeon. — La voz de ella era débil. Se había dado la vuelta para que no la viese llorar. No iba a perder el poco orgullo que le quedaba ante él.
— Iseul, yo… — Estaba roto. No sabía por qué lo había hecho. No entendía por qué había reaccionado así.
— Hak Yeon, déjame sola, por favor. — Se acercó a ella agarrándola por un hombro y dándole la vuelta. La reacción de ella le pilló por sorpresa, aunque sabía que se lo merecía. Le dio un bofetón dejándole la palma de la mano marcada en la cara.
— ¡Lárgate! — Ya no podía más. Ya no aguantaba el llanto que corría con libertad por su rostro.
— Iseul, lo siento muchísimo. — Y sin añadir nada más, salió de allí con el corazón roto. Ahora sí que había roto su relación de manera definitiva. Iseul no le perdonaría. ¿Por qué había tenido que besarla? ¿Por qué? ¿Por qué? Esa pregunta lo torturaría durante mucho tiempo.

DOS SEMANAS MÁS TARDE.

Genial, lo que le faltaba para terminar de volverla loca, Hak Yeon tenía una sesión de fotos para una revista en Jeju y ella tenía que ir con él.
Desde el beso en su despacho, la situación entre ella y Hak Yeon se había vuelto más tensa, si es que eso era posible. Así que, para evitar que eso repercutiese en el grupo y se crease mal ambiente, decidió ponerse la máscara de la indiferencia y fingir que todo estaba bien. Hizo de tripas corazón y volvió a tratar a Hak Yeon como siempre, haciendo que todos se relajasen, aunque a él eso lo pilló con el pie cambiado y no lograba entenderlo.
Pero por otro lado, las emociones de Hak Yeon seguían siendo un verdadero caos, porque cada vez que veía que Hongbin tonteaba con ella le daban ganas de pegarle cuatro voces, algo que nunca le había pasado. Y a eso se sumaba que David seguía yendo a por ella siempre que podía y él no tenía más remedio que volver a casa sin poder hablar con ella como quería.
— Será mejor que en cuanto lleguéis a casa de la radio te acuestes pronto y descanses. Cogemos el primer avión de la mañana. — Iseul había ido a la cafetería de la empresa, donde estaba comiendo con los demás y eso le pilló por sorpresa. — Chicos disfrutad de la comida y procurad descansar todo lo que podáis. Sé que la promoción de este trabajo está siendo agotadora. — Les sonrió y se giró para irse pero Hak Yeon la detuvo.
— Iseul, — aunque un escalofrío la recorrió de arriba abajo no dejó que lo notasen. Se puso de nuevo la máscara y se giró hacia él — ¿pasamos a recogerte por tu casa o nos vemos aquí en la empresa? — Estaba ansioso. No había parado de desear tener tiempo para ellos dos solos y al parecer su petición había sido escuchada. Tendrían algo más de un día para estar a solas y trataría de arreglar las cosas. Después de todo, ella se estaba esforzando por recuperar la normalidad.
— No hace falta, nos veremos en el aeropuerto. David viene esta noche a casa y me llevará al aeropuerto. — Y se marchó de allí dejándolos a todos sin palabras, sobre todo a Hak Yeon, que estuvo a punto de gritarle que no podía dejar que pasase la noche con ella.

Al día siguiente, a las seis de la mañana Hak Yeon e Iseul se reunieron en la entrada del aeropuerto. Había visto a David con ella y la bilis empezó a corroerle por dentro. Por su parte, David, en cuanto vio a Hak Yeon de lejos, le saludó con una mano y dándole un beso en la mejilla Iseul y diciéndole algo que la hizo sonreír, se fue.
— Buenos días, ¿lograste descansar? — La alegría de Iseul le seguía desconcertando.
— Sí, ¿y tú? — Su mirada sospechosa no se le pasó a ella por alto.
— Sí. Bueno, será mejor que nos apuremos. — Y sin más, entró y se dirigió al mostrador de facturación.
Una vez en la zona de embarque, Iseul empezó a consultar todo que se haría ese día. Hak Yeon se moría de ganas por preguntar. Quería volver a hablar con ella de esos temas como habían hecho antes, pero no se atrevía. Simplemente la miró con concentración y anhelo.
— ¿Sucede algo? — A Iseul no se le había pasado la forma en que la miraba, y eso la hizo temblar por dentro y tragar con fuerza, pero lo disimuló.
— No, nada, sigue a lo tuyo. — Hak Yeon cogió su teléfono y se puso a mirar cosas en él, mientras mantenía un ojo en Iseul.
— Está bien, pero si tienes alguna duda respecto a la sesión de fotos, ya sabes.
— Tranquila, lo haré.
Cada uno siguió a lo suyo, o al menos lo fingieron, porque no podían abstraerse a la tensión que había entre ellos.

El vuelo transcurrió en silencio y en cuanto llegaron a Jeju, un miembro del equipo de la revista les recogió y los llevó al lugar donde tendría lugar la sesión de fotos.
A pesar de ser invierno, la sesión tendría lugar en las playas de la isla, y en un faro que había salido en varios dramas y películas.
Como era costumbre, saludaron a todo el equipo de manera respetuosa, y tras hablar con el director sobre la sesión de fotos para confirmar los últimos detalles, fue a cambiarse para empezar.
La sesión estaba transcurriendo sin incidentes, o eso parecía, pero en realidad Hak Yeon había empezado a evitar a una de las modelos porque se estaba mostrando demasiado insistente. Por desgracia tenían que seguir haciéndose fotos juntos y le tocaba disimular. Por otro lado, no le quitaba ojo a Iseul, que se había empezado a enfadar al ver el comportamiento de la otra mujer.

No pararon hasta mediodía, aprovechando ese descanso para comer.
Hak Yeon se acercó presuroso a Iseul, pero ésta demostró una fría eficiencia, a pesar de que por dentro estaba que echaba humo.
— Quiero largarme de aquí cuanto antes. Una de las modelos es una maldita acosadora. — Su voz era baja pero apremiante y la forma en la que miraba a Iseul, como si se la estuviese comiendo con la mirada, hizo que ésta no aguantase más y le temblasen las manos mientras le arreglaba el maquillaje.
— Ten cuidado y no dejes que te meta en un lío. — Aquella volvía a ser su Iseul. Su voz, su mirada, su preocupación… Era su Iseul, la Iseul a la que tanto había ansiado recuperar. Sintió que su corazón se saltaba un latido y la miraba como si fuese a desaparecer ante sus narices en cualquier momento. De repente fue como si una burbuja los aislase de todo y de todos creando un lugar suspendido en el espacio y en el tiempo.
Por desgracia, ese pequeño refugio se rompió al cabo de un minuto, cuando escucharon el obturador de una máquina. Ambos se volvieron a la vez, y vieron cómo el fotógrafo los miraba primero a ellos y luego a la foto que había conseguido con absoluta fascinación y deleite.
— Una de las mejores fotografías que he conseguido en mucho tiempo, sí señor.
Iseul se puso roja como un tomate, mientras que Hak Yeon, no sabía si matar al fotógrafo o agradecerle hasta la saciedad que les hubiese hecho esa foto.
— Director, si quiere puede hacernos más fotos. Ahora que lo pienso, apenas tengo fotos con ella. — No pensaba dejar que ella se escapase con tanta facilidad. Aprovecharía aquella oportunidad para tener más recuerdos con Iseul.
— No, Hak Yeon, de eso nada. — Se había vuelto hacia él para recriminarlo en voz baja, antes de volverse hacia el fotógrafo. — Director no hace falta. Este patán es tan afecto a ser el centro de atención que se ha convertido en enfermedad.
— No hay problema. Creo que formáis una bonita pareja. ¿Hace mucho que os conocéis? — Se acercó a ellos sonriendo cámara en mano.
— Toda la vida. Somos amigos desde que éramos críos y apenas levantábamos un palmo del suelo. — Hak Yeon se sentía más feliz y libre de lo que se había sentido en mucho tiempo.
— Entonces no me extraña que tengáis esa química tan enorme. Ya me gustaría que todos los que fotografío la mostrasen. A ver Hak Yeon – ssi, abrázala desde atrás y sonreíd.
Iseul empezó a debatirse, no quería aquello, por lo que tuvieron que esperar un momento.
— Vamos Iseul, apenas tenemos fotos juntos. Haznos este favor a ambos y deja que el director pueda disfrutar sacando fotos. Ha dicho que tenemos una gran química. — Establecieron una lucha de miradas y al final ella acabó capitulando.
— Está bien, si no queda más remedio… — Suspiró resignada pero pudo ver cómo Hak Yeon sonreía satisfecho y feliz ante eso. Tampoco se le escapó la sonrisa del fotógrafo.
Cuando Hak Yeon la abrazó desde atrás por la cintura y pegó sus cuerpos, se sintió arder por dentro. Aun así, se obligó a sonreír y aguantar con estoicismo… Aunque al final resultó ser una gran tortura, porque el fotógrafo quiso sacarles unas fotos con él besándola en la mejilla y en la frente.
Iseul estaba tan tensa y tan preocupada por evitar que todo lo que sentía por Hak Yeon se dejase ver en las fotografías, que no se dio cuenta de cómo el humor de él iba cambiando. Lo que empezó como algo divertido, se volvió demasiado serio. Hak Yeon notaba su corazón acelerarse a cada mínimo contacto con ella. El olor de su cuerpo le invadía las fosas nasales deseando llevársela de allí y explorar con calma por qué ese olor le estaba enloqueciendo. Las miradas que le dedicaba habrían logrado encender una gran hoguera, pero ella no lo vio.
— Bien, ya puedo darme por satisfecho para una buena temporada. Te enviaré las fotografías y un CD con ellas en cuanto regresemos. A mí con la primera foto que hice me basta. Es que tengo una colección privada de parejas que me atrajeron por la química que mostraban. Y ahora os dejo que vayáis a comer, que ya os entretuve demasiado. — Y se marchó de allí mostrando una sonrisa satisfecha.
— El director tiene razón, será mejor que comas. — Iseul no se atrevía a mirarlo y jugueteaba con sus manos.
— Tú también tienes que comer. — El susurro de Hak Yeon la dejó en un estado de nerviosismo tal, que quiso ponerse a gritar.
— Voy a por tu comida. — Se dio la vuelta para girarse con rapidez, pero él la detuvo agarrándola de una muñeca, logrando que así lo mirase. Al ver sus ojos, Iseul tragó con fuerza y palideció. Tenía que estar viendo mal. No podía ser que Hak Yeon la mirase como si quisiese devorarla.
— Vamos a por nuestra comida. — Y la llevó hasta la mesa de catering donde se ocupó de servirle y que comiese en condiciones.

Tras el descanso para la comida, la sesión continuó hasta las ocho de la noche, momento en que todos recogieron y usaron las típicas fórmulas de agradecimiento tras un duro día de trabajo.
Hak Yeon estaba cabreado. Tras el descanso para comer, la modelo no se había despegado de su lado y le había estado interrogando sobre Iseul, pero él había logrado esquivar todas las preguntas. Para su desgracia se quedaba en el mismo hotel que ellos y miedo tenía de lo que podía intentar.

En cuanto llegaron, Hak Yeon se dirigió a su habitación a toda prisa para cambiarse, y luego, salió huyendo para pedir refugio en la de Iseul. Al final, en el hall del hotel, la modelo le había dicho que se pasaría por su habitación esa noche, y él ni en broma quería tener que enfrentar esa situación que podía mandar al traste su carrera.
— ¿Se puede saber a qué viene esa manera tan desesperada de llamar? — Iseul apenas había abierto la puerta, pero no obtuvo respuesta, ya que Hak Yeon empujó con fuerza y se coló dentro cerrando con prontitud, mientras ella le miraba estupefacta. — ¿Pero me puedes explicar…? — No pudo continuar porque la empujó contra la pared de la entrada tapándole la boca mientras le hacía un gesto para que guardase silencio. Ella empezó a protestar y debatirse, por lo que él se inclinó más hacia ella aprisionando su cuerpo con el suyo, y acercándose hacia una de sus orejas le susurró su petición.
— ¡Por favor, Iseul, te lo ruego, guarda silencio! — Ella siguió gritando contra su mano, por lo que tuvo que seguir con la explicación. — La modelo que me estuvo acosando todo el día, por desgracia se aloja en este hotel, y me dijo que iría esta noche a mi habitación y que lograría hacerme claudicar ante ella. Pero no quiero tener que armar una escena echándola a patadas porque no quiera pillar ni las indirectas ni las directas. Por favor, deja que pase la noche contigo. No te molestaré, en serio. — Sintió cómo ella se iba relajando, así que retiró la mano y la miró estudiándola con calma, aunque enseguida ambos giraron la cabeza hacia la puerta al escuchar cómo alguien llamaba a la puerta de la habitación de Hak Yeon. Iseul miró por la mirilla y vio que era la modelo. Se giró y poniéndose un dedo en los labios hizo que Hak Yeon guardase silencio. Al momento se volvió hacia la mirilla, y en cuanto vio que la modelo se iba se giró hacia él.
— Ya se ha ido, puedes volver a tu habitación.
— No me fío, es capaz de lograr que le dejen una llave maestra y colarse. Por favor, te lo ruego, deja que pase la noche aquí. — Había juntado las manos mientras le dedicaba una mirada implorante.
— Está bien. De todas maneras la cama es lo suficientemente grande para que quepamos los dos sin problemas. — Iseul había decidido tomarse aquella situación con filosofía y hacer como que no pasaba nada grave.
— No hace falta, si me prestas una manta y una almohada puedo dormir en el suelo. — Hak Yeon se había apresurado a rechazar el ofrecimiento de Iseul, y eso a ella, le sentó como un tiro.
— Tranquilo, que no pienso saltarte encima como la modelo. Deja de ser tan remilgado y duerme en la cama. Hay suficiente espacio para que no nos molestemos en toda la noche. Si duermes en el suelo te levantarás hecho polvo y a ver cómo te recuperas para seguir con las promociones. — Aunque Iseul se mostraba indiferente, por dentro estaba hecha un flan.
— Pero es que no me parece correcto… — No pudo continuar porque Iseul lo interrumpió con un bufido al tiempo que levantaba las manos.
— ¿Sabes qué? Haz lo que te dé la gana. Yo me voy a dormir que quiero aprovechar al máximo las horas de sueño. — Hak Yeon se había quedado estupefacto ante aquella reacción.
— Bonito pijama. — Quiso darse de puntapiés al haber dicho semejante tontería. Vio cómo Iseul se giraba antes de meterse en la cama y lo miraba incrédula.
— Gracias, fue un regalo de David. Sabe que soy muy friolera, así que anduvo buscando por no sé cuántas tiendas de Nueva York hasta que dio con el pijama que cumpliese con todas sus exigencias. — Sonrió divertida ante el recuerdo. Se había presentado con una caja envuelta en un bonito papel y con un gran lazo. Cuando la abrió y vio aquel pijama de colores con gatos y tan gordito, le dio un buen ataque de risa, para luego lanzarse a los brazos de su amigo y agradecerle aquel extravagante regalo. Se giró de nuevo hacia la cama y se metió en ella tapándose hasta las orejas.
Hak Yeon, dudó un momento, pero al final decidió compartir la cama con Iseul.
“Pues no serás tú quien duerma con ella, David.” Ésa fue la idea que le cruzó la mente mientras se acostaba en el otro lado de la cama antes de apagar las luces.

Había pasado una hora, pero él seguía despierto y completamente despejado. Encendió la lamparilla de su lado y vio cómo Iseul dormía ajena a él y al caos interior que estaba enfrentando. Lo consideraba alguien inofensivo, aunque él le había dado motivos para ello.
Al verla al borde de la cama temió que se cayese y se hiciese daño, así que con mucho cuidado la destapó, pudiendo ver cómo se encogía al sentir el frío. Sonrió ante ese gesto y se movió hacia ella con cuidado para no despertarla. La cogió en brazos y la llevó hasta el centro de la cama para que estuviese segura. Mientras tanto, Iseul seguía ajena a todo, sumida en un profundo sueño.
Hak Yeon sonrió satisfecho y la tapó con cuidado. La estuvo observando durante unos minutos, mientras pensaba en que le gustaría verla dormir todas las noches en sus brazos, en que le gustaría ser quien la despertase cada mañana. Hasta que de repente la realidad le golpeó con gran fuerza: Se había enamorado de Iseul.
Todo el caos emocional que había estado sintiendo durante las dos últimas semanas. Todo lo que había hecho por ella con anterioridad y que no había querido pararse a considerar, lo habían llevado a una única conclusión. Hacía tiempo que se había enamorado de ella pero se había negado a verlo.
Tras aceptar que estaba enamorado de su mejor amiga se sintió relajado, libre y feliz, pero al mismo tiempo aterrorizado por cómo se lo diría, cómo harían para llevar la relación sin que nadie se enterase y por cómo lograría protegerla en caso de que los descubriesen. Bueno, ya se iría ocupando de todo eso más adelante. Ahora el sueño le estaba reclamando y se acostó, pero antes usó uno de sus brazos como almohada para Iseul y la abrazó mientras sonreía feliz.

Al despertarse, Iseul se encontró en brazos de Hak Yeon, algo que la asustó.
— ¿Cómo acabé así? — A pesar de todo, no se había movido y él se mostraba de lo más tranquilo en esa posición.
— Tenía miedo de que te cayeses de la cama, así que te cogí en brazos y te dejé en medio de la cama. — Y se encogió de hombros con toda tranquilidad.
— Será mejor que nos levantemos, tenemos que coger un avión de vuelta a Seúl. — En realidad quería preguntarle por qué la estaba abrazando y no la soltaba, pero no se atrevía.
— Todavía tenemos tiempo, así que aprovecha y duerme diez minutos más. — La sonrisa tan cariñosa que le dedicó Hak Yeon le hizo sentir que su estómago estaba en una montaña rusa.
— Puede haber problemas de tráfico o que pase algo, así que será mejor que nos levantemos ya. — Estaba al borde de un ataque de nervios. Y aunque no quería abandonar esa cama ni los brazos de Hak Yeon, se levantó quedándose sentada. Le escuchó rezongar y al momento sentarse también en la cama.
— Por cierto, buenos días. — Y la besó en la mejilla mientras le sonreía. Iseul se quedó helada y sólo pudo observar cómo se levantaba incapaz de reaccionar. — Voy a cambiarme y recoger mis cosas. En cuanto esté listo, vendré a buscarte, así que date prisa. — Y salió de allí son una sonrisa de oreja a oreja.

Hak Yeon, al verla hecha un caos, decidió darle una tregua y tener un viaje de vuelta tranquilo. En cuanto llegaron al aeropuerto, el mánager estaba esperándolo para llevarlo a un encuentro con las fans, mientras que Iseul regresó a la empresa intentando discernir qué estaba pasando entre ella y Hak Yeon.

Hak Yeon salió de la ducha manoseándose la cabeza sin poder dejar de darle vueltas a todo lo que estaba sucediendo en su vida últimamente. Desde que Iseul se había declarado no se la había podido sacar de la cabeza. Estaba claro que estaba enamorado de ella, y quería decírselo, demostrárselo. No quería perder el tiempo en banalidades. Sin embargo, sabía que no podía hacerlo de golpe porque ella se lo tomaría mal. Pero no había podido evitar la escena en la habitación del hotel…
—Maldita sea…—Murmuró, dejándose caer sobre la primera cama que encontró en su cuarto, sin ni siquiera preocuparse por si era la suya o no. — Si no le digo algo pronto, quizá se vaya con otro… con David, por ejemplo… pero si le salto así de la nada diciéndole que la amo, se reirá en mi cara, o aún peor, se enfadará. No me va a creer, la conozco… pero joder, que es cierto. Tengo que buscar una manera de demostrárselo y que no pueda evitarlo… tengo que ganármela del todo. Iseul me ha querido siempre, pero últimamente casi parece que me odie, y no puedo permitirlo. A ver, Hak Yeon, ¿qué puedes hacer para demostrarle que eres del todo sincero? Ah… cómo me gustaría volver a dormir abrazados…—Musitó, mirándose los brazos y negando al siguiente segundo. — No, no seas tonto. Regresa. A ver, a Iseul no puedo prepararle algo típico, porque ella es especial. Pero tampoco nada de película, porque es demasiado tímida para ello. Estoy demasiado bloqueado, no se me ocurre nada ni hablando en voz alta. Yo sólo…—Pataleó sobre el colchón unas cuantas veces, confuso. — ¿Por qué eres tan difícil, Iseul? Con lo fácil que sería reservar un restaurante y declararme… ¡wow, declararme! No recuerdo hacerlo hecho nunca. Hasta ahora, eran ellas las que venían a mí… Ella también lo ha hecho… pero no, esta vez será diferente, porque… porque es Iseul. Y no hay más… ¿pero qué le hago? Una tarta… jajaja… qué tontería, por favor. ¿Será muy caro un viaje en helicóptero? Bueno, no creo que sea muy diferente a lo que me costaría reservar el restaurante. Pero Iseul tenía vértigo de pequeña… ¿Le escribo una canción? Mm… Oh mi amada, cuánto te quiero, no me hagas sufrir… No, mejor no… se me da mejor cantarlas que pensarlas… ¿Por qué es tan difícil pensar algo? ¡Mierda!
— ¿Qué haces?— Taek Woon estaba de pie junto a la puerta, observándolo con el ceño fruncido. Hak Yeon se quedó estático unos instantes.
—Nada…—Logró balbucear al fin. — Sólo… pensaba… en voz alta.
—Cada día estás peor de lo tuyo…—Y sin decir nada más, Taek Woon cogió algo de la mesa y volvió a marcharse.
—Como si tú no hubieras pasado por esto.—Le dijo a la puerta, sacándole la lengua.

Iseul maldijo en voz alta cuando vio el desastre que había montado. El agua se estaba saliendo de la tetera, empapando la encimera. Por suerte, el fuego de inducción se había apagado solo en cuanto había notado el líquido. Secó el desastre y al terminar, sólo pudo suspirar fuerte y patear con rabia el suelo. No era la primera vez que montaba un desastre como aquel durante la semana. Aún recordaba cómo le había rayado la cara a Hongbin mientras le maquillaba. Por suerte, él se lo había tomado con humor.
Se dejó caer en el suelo, frustrada. Sabía por qué estaba tan distraída, y eso la cabreaba. Hak Yeon no quería marcharse de su cabeza, volviéndola loca. Aunque se había mostrado tranquila y entera en el hotel tras despertarse en sus brazos, la verdad era que no había podido hacer nada a derechas desde entonces. Dormía mal por las noches, se le caían las cosas y en el trabajo no dejaba de usar los colores que no eran y darles más trabajo a las otras estilistas. Le habían propuesto que se tomase unos días de descanso, pues tenía mala cara. Ella lo había rechazado las tres primeras veces, pero la cuarta tuvo que aceptar que necesitaba un descanso.
O aclaraba las ideas, o la próxima vez lo que haría sería clavarle el lápiz de ojos a alguien sin querer.
—Hak Yeon es estúpido—dijo—. No entiendo cómo puede haber alguien tan insensible… ¿Tan difícil es darme tiempo? Se supone que es mi amigo… una cosa es que no le dé importancia a lo que hice para no crear incomodidad entre ambos, pero esto… Lo peor es que no puedo hablarlo con nadie…—si se lo contaba a David, estaba segura de que éste iría a matar a Hak Yeon— ¿Por qué tuve que enamorarme de un tipo tan imbécil e insensible? Iseul… mira que se han cruzado tíos en tu vida y tú eres incapaz de olvidar a… a ése…—se levantó del suelo sin saber cómo sentirse todavía. Sabía que estaba enfadada con Hak Yeon, pero también sabía que pagaría por repetir lo que había sucedido en el hotel. Abrir los ojos y encontrarse entre sus brazos era un sueño que ni siquiera llegó a imaginar nunca de lo imposible que se le planteaba—No te hagas ilusiones. Eres sólo una amiga para él.
Su teléfono móvil comenzó a sonar. Se extrañó, pues David le había dicho que tenía que irse de viaje unos días y dudaba que hubiese llegado, y era demasiado tarde para que se tratase del trabajo. Lo cogió por si era alguna emergencia, y casi se le resbaló de la mano al ver quién era.
—Dime—no debería haberlo cogido, era idiota—, ¿qué pasa?
—Necesito verte—se quedó helada al escucharle decir eso—, ¿podrías venir?
—¿Ahora? Es tarde y estoy cansada…
—Por favor, Iseul. Necesito que vengas. Es importante.—Hak Yeon no le pedía favores, y mucho menos, por idiota que fuera, anteponía algo que tuviera que pedirle a dejarla descansar. Era torpe, pero siempre había sabido cuidar y preocuparse por los demás. Por eso aceptó. Se arrepintió casi antes de decir nada, pero algo dentro de ella la hacía sentirse importante porque Hak Yeon la necesitara con tanta urgencia.
Llegó a la empresa media hora más tarde y cuando bajó del taxi, se dio cuenta de que debería haberse abrigado mejor. Quitándole importancia, subió hasta la sala de ensayos donde Hak Yeon la esperaba. Entró y encendió la luz, extrañada. Ahogó un grito al ver la figura del chico al lado del aparato de música, sonriendo. Le señaló un rincón del suelo sin hablar. Y mientras se quitaba la chaqueta, Iseul no apartó la vista de él, curiosa.
Hak Yeon encendió el aparato y se colocó en medio de la sala en una bonita postura, con los brazos extendidos hacia adelante y un pie un poco más avanzado que el otro. Cuando la música comenzó a sonar, el cuerpo del chico lo acompañó. Movimientos suaves, delicados y bien planificados. Los brazos siempre por delante del cuerpo, sujetando con cariño la nada. Iseul olvidó todo al verlo moverse. Olvidó lo sucedido, lo enfadada que estaba e incluso quién era. El baile de Hak Yeon la hipnotizaba, hacía su corazón latir con tanta fuerza que le dolía y sólo podía desear que siguiera danzando.
Hak Yeon no la miró en ningún momento. Sólo tenía ojos para algo que había frente a él pero que la muchacha no adivinaba a saber qué era.
Cada paso era una caricia. Iseul tuvo envidia del suelo, el cual era acariciado por los pies descalzos de Hak Yeon. Envidió el aire que se movía entre sus brazos por el cuidado con el cual lo trataba, por captar su respiración. Incluso envidió a la música, por inspirarlo a hacer algo tan hermoso y maravilloso.
Hak Yeon estaba hermoso en esos momentos. Tanto, que Iseul notó las lágrimas golpeando a la puerta de su garganta y tuvo que hacer un esfuerzo titánico por no dejarlas salir. Cuando la música cesó y el chico se detuvo, su respiración era agitada pero sonreía con felicidad.
Cuánto desearía Iseul ser la causa de sonrisas como aquella.
— ¿Qué te ha parecido?
—Ha sido muy… hermoso… mucho.—no sabía qué decir. No podía mentir, ni tampoco mostrarse fría, tras haber presenciado una escena así. Le dijo a sus piernas que se levantasen, sin embargo su cuerpo parecía estar decidido a desobedecerla. Hak Yeon fue hasta el aparato de música y lo desconectó.
—Iseul, por favor, espérame aquí. Voy a darme una ducha rápida… y nos vamos. Tenemos que ir a un sitio.
—Pero…
— ¡No tardo nada!—la interrumpió. Estaba claro que aquella noche no pensaba dejarla en paz. Iseul se apoyó mejor contra la pared, preguntándose qué estaba sucediendo. El comportamiento de Hak Yeon era demasiado extraño, y ella era incapaz de reaccionar como le gustaría. Ah… qué débil era ante el chico. A pesar de sus esfuerzos por olvidarle, era indudable que no había nada más para ella que él…
Tal y como le había prometido, al poco rato Hak Yeon estuvo listo. La ayudó a levantarse, y el contacto fue una corriente eléctrica e invisible que recorrió todo el cuerpo de Iseul. La noche estaba siendo mágica, y ella sabía que cuando la magia se rompiese, regresar a la realidad sería todavía más doloroso.
Hak Yeon usó uno de los coches de la compañía. Le explicó que se lo había pedido al mánager y éste no había puesto problemas. Iseul supuso que se lo contaba porque en realidad no tenían tema de conversación y quería romper el ambiente enrarecido.
Cuando Hak Yeon aparcó el vehículo, a Iseul no le costó adivinar dónde se encontraban. Recordaba a la perfección aquel parque donde años atrás, ellos dos, como grandes amigos, se habían despedido. Lo que le sorprendió fue que el chico también se acordase.
Bajaron del coche y caminaron en silencio hasta el punto exacto donde se habían dicho adiós aguantándose ambos las lágrimas. Muchas promesas de cartas y correos rotas con el tiempo. Cada uno había seguido su camino, aunque por arte del destino se habían reunido de nuevo…
— ¿Qué hacemos aquí, Hak Yeon?—preguntó Iseul. Hacía frío y comenzaba a notarlo en la punta de los dedos. Ya debían ser las dos de la madrugada, y no tenía ni idea de qué estaban haciendo allí.
—Te acuerdas de este lugar, ¿verdad? Aquí nos dijimos adiós, hasta la próxima… nunca creí que tardaríamos tanto en volvernos a ver.
— ¿Me has traído aquí para ponerte melancólico?—de repente, Iseul estaba nerviosa. Todo era demasiado raro, no entendía qué estaba sucediendo. Quería irse a casa, meterse bajo las sábanas y olvidarse del amor que sentía por ese idiota que estaba frente a ella. Tenía miedo de que Hak Yeon… se despidiera de nuevo, como en el pasado.
—Hoy te he mostrado un baile muy especial. Hice la coreografía en poco más de una tarde… fue muy fácil. Pero estoy seguro de que no sabes por qué… pregúntame, Iseul. Pregúntame.
—… ¿Por qué, Hak Yeon?
—Porque mientras la hacía, pensaba en ti—sonrió él, perforando aún más su corazón. ¿Qué estaba diciendo?—. No está diseñada para que lo haga yo solo… entre mis brazos, todo el rato te imaginaba y te veía a ti… Iseul… mira, date la vuelta—obedeció. Como había hecho desde que la había telefoneado, se dejó llevar por los deseos del chico—. La luna está hermosa, y a pesar de eso… Iseul, ¿sabes qué? Sólo tengo ojos para ti. Porque te quiero. Porque te amo.—Iseul notó los brazos de Hak Yeon rodeándola. Estaba tapándola con su abrigo. Dejó de temblar, no porque no notase el frío. Su cuerpo se puso rígido al escucharlo y sentirlo.
—Qu…
—Soy tan estúpido, que me doy risa a mí mismo. Hasta que no me dijiste lo que sentías, no fui capaz de darme cuenta. Te retenía a mi lado con la excusa de ser tu amigo, pero odiaba que mirases o sonrieses a otros… estuve a punto de gastarle algunas bromas pesadas a Hongbin por lo bien que te llevabas con él, pero Taek Woon no me dejaba.
—No entiendo nada de lo que…
—Sí lo entiendes, Iseul. Lo único importante aquí es que no puedo vivir sin ti, ¿y tú? Te toca decidir, si dejar de lado a este idiota o… quedarte con él.—las lágrimas que se habían atascado antes en su garganta encontraron vía libre. Los hombros de la chica se sacudieron y por instinto, él la abrazó con más fuerza. No podía hablar, en su cabeza había un torbellino de ideas y pensamientos. No podía ser que Hak Yeon le dijera eso. Un sueño, tenía que pellizcarse, despertar… no podía ser cierto, pero el chico jamás bromearía para herirla, al menos eso lo sabía. Así que tenía que ser un sueño, el más dulce y perfecto de todos los que había tenido hasta entonces. Pero los brazos de Hak Yeon alrededor de ella, incluso a pesar de la ropa, le quemaban. Era cálido. Y el aliento del chico sobre su pelo le erizaba el vello de la nuca… ¿era posible que una ilusión fuera así de real?
—¿Y qué pasa si te digo… que tampoco puedo vivir sin ti?—sollozó. Incluso a ella le sorprendió que palabras tan romanticonas escaparan de su boca— ¿Nos convertiremos en pareja? ¿Y viviremos a escondidas?
—De momento, ése es el único plan que puedo ofrecerte. Lo siento, Iseul.
—Pero… ¿pero me querrás? ¿A pesar de que muchas Ailees, perfectas, se crucen frente a ti? ¿Me querrás, incluso si siento que no puedo enfrentarme a una relación como la que me ofreces?
—El único modo que te aleje de mi lado, es que tú quieras marcharte.
—Hak Yeon… te odio… ¿quién te manda ser tan perfecto a mis ojos? Acepto… este plan de vida que me ofreces a partir de ahora.
El movimiento del chico fue tan veloz que Iseul no tuvo tiempo a reaccionar. De repente, estaba frente a ella, aún abrazándola. Pero sus labios estaban pegados, y él hacía presión para que la chica abriese su boca. Entre lágrimas, Iseul se dejó llevar. Pasó los brazos alrededor del cuello del chico, profundizando el beso. Deseó que aquel momento no acabase nunca. Las manos de Hak Yeon se acomodaron en algún momento sobre su espalda. Iseul no tenía ni idea sobre besos, pero el chico la guiaba con tanta maestría que no había manera de no estar haciéndolo bien. Sus lenguas tocándose, sus labios pegados y sus cuerpos unidos. No podía haber algo más cercano al paraíso que eso. Cuando se vieron obligados a separarse, Hak Yeon mantuvo el rostro a pocos centímetros del de ella.
—Olvida el de la otra vez y consideremos éste nuestro primer beso, por favor. — Iseul puso los ojos en blanco al escucharlo antes de sonreír. Tomándose aquello como una respuesta afirmativa, Hak Yeon la volvió a besar.

— Hyung, ¿cuándo es el cumpleaños de Iseul noona? — Aquella pregunta de Hongbin había pillado a Hak Yeon de improviso. Estaban en la sala de ensayos planificando las actuaciones para un encuentro con fans que tendría lugar a la semana siguiente, cuando a su compañero se le ocurrió cambiar de tema.
— El cinco de febrero. Pero ni se te ocurra llevarle una tarta o cantarle el cumpleaños feliz, porque lo más probable es que te acabe abroncando. — Hak Yeon había desviado la vista a los papeles. Si no llega a ser por Hongbin, se habría olvidado por completo de que el cumpleaños de su novia se acercaba. Quería darse pescozones por ese error.
— ¿No le gusta celebrar su cumpleaños? — Esta vez fue Sanghyuk el que intervino, extrañado por aquello.
— No, es algo que siempre ha odiado. Desde pequeña.
— ¿Por qué? Celebrar los cumpleaños es divertido. — Jae Hwan frunció el ceño molesto.
— No a todo el mundo le gusta celebrar su cumpleaños. Así que hacedle caso a hyung. — Aquella intervención de Taek Woon atrajo todas las miradas. Era extraño que decidiese meterse en aquel tema, porque en lo que respectaba a Iseul, siempre se había mantenido al margen… O eso era lo que ellos pensaban.
— Venga chicos, dejemos este tema y centrémonos en el encuentro con las fans. — Won Sik había decidido echarles un cable a Hak Yeon y Taek Woon para que los otros tres se olvidasen de cualquier tipo de celebración.
Así lo hicieron, aunque de mala gana, y Hak Yeon suspiró para sus adentros. Sólo dos personas sabían que él e Iseul eran pareja, una era David, que les había felicitado con gran alegría, y la otra era Taek Woon. Ya que él había estado por medio cuando lo suyo con Dae Gi, consideró justo que él supiese lo suyo con Iseul. Le había felicitado por ello y eso le alegró mucho.

— ¿Qué haces? — Antes de bajar a la cafetería a comer, Hak Yeon había decidido ir a ver a su novia. Llevaban un mes juntos y ambos habían tenido extremo cuidado en que nadie notase que su relación iba más allá de una amistad que venía de largo. Al ver cómo ella pegaba un bote y se llevaba la mano al pecho sonrió.
— Por favor, aprende a llamar a la puerta. — Hak Yeon, en un gesto burlón, llamó a la puerta mientras le sonreía, haciendo que ella pusiese los ojos en blanco. Fue hasta el reproductor de música y lo apagó antes de volver a hablarle, pero no le dio tiempo a decirle nada porque Hak Yeon la había agarrado y empezado a besar.
— No pude darte los buenos días esta mañana como quería, así que lo hago ahora, ¿te ha gustado? — La tenía agarrada por la cintura mientras que ella se había agarrado a su cuello.
— Mucho. Pero más vale que tengamos cuidado, no vaya a ser que alguien le dé por entrar sin llamar y nos descubra. — Se separó de él a regañadientes y fue a abrir la puerta.
— Lo siento. — Hak Yeon la miró apesadumbrado.
— Tranquilo, sabía lo que acarrearía ser tu novia y lo elegí de buena gana. — Le sonrió para infundirle confianza, haciendo que él sintiese cómo se entibiaba por dentro.
— Eres maravillosa. — Aquel sencillo halago cargado de admiración, sinceridad y amor la hizo sonrojar.
— ¿Viniste sólo a darme los buenos días? — Le sonrió burlona pero él se puso serio.
— No, venía a avisarte para que estés preparada. — Aquel tono lúgubre hizo que se pusiese seria.
— ¿Qué sucede?
— Puede que Jae Hwan, Hongbin y Sanghyuk decidan obligarte a celebrar tu cumpleaños. — La vio palidecer y tragar.
— ¡Oh no, de eso nada! Por favor, que no se les ocurra. Detenlos. Ya sabes que nunca me gustó celebrar mi cumpleaños. — Debido al nerviosismo, había empezado otra vez a colocar el vestuario que llevarían para el encuentro con las fans.
— Lo he intentado. Taek Woon y Won Sik me han echado un cable, pero ya les conoces. — Se encogió de hombros con impotencia.
— ¡Oh Dios! — Apoyó la cabeza sobre las manos que seguían en el perchero de la ropa deseando que aquellos tres no llevasen a cabo su plan.
— Espero que ese día tengamos trabajo y así te dejarán tranquila. — Hak Yeon quería acercarse y abrazarla, pero no podía. La puerta estaba abierta y no era plan de que él volviese a cerrarla otra vez. Alguien podría sospechar. — Venga, vamos a comer.
— Adelántate tú, no es plan de que aparezcamos a la vez. Además, sabes que no podremos sentarnos juntos. — La mirada de disculpa que le dirigió le hirió en el corazón.
— Tienes razón. Sólo tendría ojos para ti y trataría de darte de comer. — Su tono divertido la hizo sonreír. Desde que estaban juntos había optado por comer antes o después de que él lo hiciese para evitar miradas que podrían delatarlos. Por las noches, como ya no tenía que quedarse hasta tarde, Hak Yeon iba a su casa y se quedaba con ella hasta las once o las doce de la noche. Durante ese tiempo eran libres de poder hacer lo que quisiesen sin miedo a ser descubiertos. Por eso, para ambos, aquellas horas se habían convertido en su tesoro más preciado. — Me voy, pero asegúrate de comer en condiciones.
— Lo haré, tranquilo. — Y lo vio salir de allí sonriendo.

— ¡Hak Yeon! — al escuchar su nombre, se giró y vio a su mánager en la entrada de la empresa — Tienes un paquete. Un mensajero lo acaba de dejar.
Se acercó a él con el ceño fruncido y lo cogió. Al abrirlo y ver lo que había, sonrió feliz.
— ¿Qué es lo que hay?
— Nada, sólo un dibujo de una fan. — No pensaba dejarle saber que en realidad eran las fotos que el fotógrafo les había hecho a él y a Iseul en Jeju. — Gracias hyung. — Y se fue al vestuario para guardar en el sobre en su mochila. Una vez allí no pudo resistir la tentación de mirar las fotos, así que las sacó y vio que venía también un CD y una nota manuscrita del fotógrafo.

“Como te prometí te mando todas las fotos que os hice en Jeju. En el CD tienes los originales, puesto que no quería que por algún descuido mío alguien pudiese ver que estáis enamorados. Puede que al leer esta nota todavía no te hayas dado cuenta, pero yo lo pude ver con claridad. Supongo que los años y la experiencia hacen que puedas ver cosas que los más jóvenes no pueden ver. Si no le has dicho que la amas, díselo, no seas tonto. Perdóname si me inmiscuyo demasiado, pero creo que ella puede ser la mujer adecuada para ti. Lánzate y sé feliz, los dos os lo merecéis.”

Tras leer la nota, Hak Yeon se sentó en el banco que había entre las taquillas. La sorpresa había sido tal, que sus piernas se negaban a sostenerle en pie. El fotógrafo lo había sabido antes que él. Sabía que estaba enamorado de Iseul. Tragó con fuerza. A partir de entonces tendrían que ser mucho más cuidadosos. Por suerte, había decidido ayudarlos a guardar el secreto. Le debía una por ese favor. Se levantó, guardó las fotos en su mochila y fue corriendo a la cafetería.

Aunque Hak Yeon había advertido a sus amigos que no le preparasen ninguna fiesta de cumpleaños a Iseul, cuando se encontró con ella decidió comentarle que sabían que se acercaba su aniversario y que estuviera atenta.
— Ya les he hecho desistir de esa idea— le explicó —, pero ya sabes… no te confíes.—dijo, encogiéndose de hombros. Había ido hasta el apartamento de Iseul y ahora la chica se encontraba sirviendo dos tazas de té. Se sentó frente a Hak Yeon y él hizo un mohín.
— ¿Qué pasa?
— ¿No puedes sentarte más cerca?
— Hak Yeon, no me seas crío. Y sobre lo que me has dicho, si ya les has advertido creo que puedo fiarme de ellos. Desde luego, me fío más del resto del grupo que de ti.
— Menuda novia me ha tocado.
— La que has elegido.—le respondió ella, sacándole la lengua.
— En fin, mujer cruel… tengo algo más que decirte. Esta mañana me ha llegado un sobre con las fotografías aquellas que nos hicieron, ¿te acuerdas?— ella asintió con la cabeza — Pues bien, venían acompañadas de una carta. Ten.— la sacó del bolsillo, donde la llevaba doblada a la perfección. Iseul la cogió y desdobló, leyéndola. Cuando acabó, sus mejillas estaban sonrosadas y no pudo evitar sonreír.
— Qué hombre más listo. Me cae bien.
— Es un poco triste que los demás sepan lo que sientes antes que tú mismo.
— Conmigo fue igual— esas palabras lo tomaron por sorpresa —. Aunque siempre había estado enamorada de ti, eras el primero y nunca antes me había planteado que todo lo que sentía al verte pudiera ser amor… pero cuando conocí a David, una vez le hablé de ti y él supo darse cuenta enseguida. Fue como un jarro de agua fría… ¿yo, enamorada de ti? Pero de repente, lo vi con claridad. Y mira, desde entonces padeciendo por este pedazo de bobo.
— ¡Eeeh!
— Oye, ¿y las fotos? Me has dicho que te las ha enviado, quiero verlas.
— Ah… lo siento, me las he dejado en casa. Ya te las enseñaré.
— ¡¿Dónde las has dejado?! A ver si…
— Tranquiiiila, nadie las verá. Están a buen recaudo, te lo prometo.
— Sabes que podría liarse buena si alguien se enterase.
— Lo sé, lo sé, pero apacigua tus nervios. He sido ídolo durante el tiempo suficiente para saber cómo lidiar con estas cosas.
— Así que has tenido que ocultar relaciones antes…
— Mm… no eran… relaciones…— no quería decirlo en voz alta, y mucho menos delante de Iseul. Sin embargo, ella entendió enseguida a lo que se refería y se levantó de golpe, del todo roja.
— Sal de aquí, Hak Yeon.
— ¡Están en el pasado! Fue antes de darme cuenta de que…
— Lo sé, ¡lo sé! Pero de repente…— se tapó el rostro con las manos, avergonzada — Esa imagen de ti, con otras mujeres, besándolas y… ¡oh! Nunca quise pensar en ello, y ahora se me hace tan desagradable la idea.
— Pero no disfruté con ninguna… bueno un poco… vale sí pero… ¡pero contigo será inolvidable!
—¡¡Hak Yeon!!— Iseul estaba cada vez más roja. El chico se puso de pie de un salto y fue hasta ella, abrazándola — No es el mejor momento para…
—Con ellas fue pura diversión, con alguna me encontré dos o tres veces pero… sólo era sexo. Por ti, Iseul, estoy dispuesto a esperar hasta después de la boda incluso. Cuando tú te veas preparada, será el momento.
— ¿Boda?— preguntó con voz ahogada ya que tenía el rostro contra su pecho.
— Algún día nos casaremos, ¿no? No podemos vivir siempre ocultando nuestra relación.
— Pero aún es demasiado pronto para pensar en eso… además tengo sueños que cumplir.
— Lo sé, lo sé, hablo de un proyecto futuro. Pero para todos esos sueños que tienes en mente, todos, me tendrás a tu lado apoyándote, animándote y ayudándote. No te enfrentarás al porvenir sola, eso tenlo por seguro.
—Oh, Hak Yeon, a veces me dejas helada de lo maduro y romántico que eres. Creo que me he vuelto a enamorar de ti…— musitó, pegándose más contra él. El chico sonrió satisfecho.
— Enamórate de mí cuantas veces hagan falta, porque yo lo hago de ti cada vez que te veo.
— Tampoco te pases de empalagoso.
— Lo siento, he estado viendo demasiados dramas románticos esta semana… mánager hyung trajo un televisor portátil y claro…— se separaron un poco y Hak Yeon se calló, olvidando la conversación. Sonriendo, inclinó un poco la cabeza y besó a Iseul con cariño. Sin lugar a dudas, aunque los besos de la chica fueran algo torpes e inocentes, eran los mejores que nunca había recibido.

Cuando llegó el día de su cumpleaños, Iseul maldijo a David y a sí misma por no haber hecho caso a Hak Yeon a pesar de que éste la había avisado. Fue hasta el piso de su amigo con la intención de charlar un rato, ya que hacía una semana que no se veían y él la había invitado. Le dijo que llevase a su novio también para que no hubiera malentendidos, y aunque le extrañó, aceptó. Pero al llamar al timbre y tras abrirse la puerta, escuchó unos estallidos, cosas de colores volando por los aires y una serie de voces masculinas felicitándola y Taek Woon, en medio de todos, sujetando un pastel con su cara inexpresiva.
—Te lo dije…— murmuró Hak Yeon, divertido y empujándola a entrar. Iseul se mantuvo seria, pero en cuanto Hongbin se le acercó sintió que perdía la fuerza.
— Felicidades, noona.
—Ah… gracias, Hongbin. Gracias a todos… por esto.
— ¡Ven a hacerte una foto con el pastel, noona!— la animó Sang Hyuk, agarrándola del brazo y llevándola hasta Taek Woon. Comenzaron a hacerles fotografías a ambos, pero desistieron ante la cara de agobio del chico y los intentos fallidos de ella de sonreír ante las cámaras.
— Mejor vamos a cenar…—David los guió hasta el comedor, donde habían puesto una mesa llena de manjares. Se sentaron todos alrededor de ésta, dejando a Iseul en la cabecera. Para su desgracia, le colocaron una corona de cartón en la cabeza y una banda donde le recordaban que cumplía años. Suspiró, incapaz de enfrentarse a esos chicos, pero sin olvidarse de propinarle una patada a su amigo David por debajo de la mesa, al sentarse, por traicionarla de aquella manera.
No fue hasta que se calmó, que se percató de que al lado de Taek Woon se sentaba una chica que no había visto nunca antes. Al darse cuenta de que la miraba, la muchacha le sonrió y le dedicó una leve inclinación de cabeza.
— Siento presentarme en tu fiesta de cumpleaños sin ni siquiera conocernos—saludó la desconocida—. Mi nombre es Kim Dae Gi y bueno… soy la novia de Taek Woon.—si en esos momentos hubiera ido alguien a sacarle sangre a Iseul, no habría podido extraer ni una sola gota.
— Imposible.— musitó, arrancando una carcajada de la otra chica.
— Del todo cierto. Grabé un programa con ellos hace algún tiempo y bueno… mira, sucedió. No podemos vernos muy a menudo y por eso él y los chicos me propusieron venir. Espero que no te moleste…
— ¡Para nada! Pero… pero me dejas alucinada. De todos, a Taek Woon sería al último que me imaginaría con novia. No por nada—intentó arreglar con rapidez—. Es sólo que… bueno…
—Tranquila, sé a que te refieres.— Dae Gi miró a su pareja, quien tenía clavada la vista en la comida sin darse cuenta de que la conversación versaba sobre él. Al percatarse, todos se echaron a reír pero ni así lograron desviar su atención.
La cena fue divertida. Los chicos eran muy bromistas, e Iseul no podía apartar los ojos de Hak Yeon. Se notaba cuánto apreciaba a sus amigos. Ver eso, la hizo sentirse muy contenta de encontrarse allí con todos ellos. Al final de la noche, cortaron la tarta y la disfrutaron.
—¡Y llega la hora de los regalos!— así fue como ante sus ojos, fueron desfilando paquetes que tuvo que desenvolver y agradecer, intentando evitar demostrar la emoción que en realidad sentía por las molestias que todos se habían tomado con ella. Guantes, collares, ropa… no debía haber sido fácil para ellos ir de compras y escoger todo eso, por mucho que David les hubiera ayudado en la tarea. De la única persona que no recibió nada fue de Hak Yeon. No fue hasta que los demás comenzaron a hacer el tonto en la casa de David, y distraerse tras ponerles la videoconsola, que el líder del grupo se acercó a ella.
— Me alegro de que lo hayan hecho— le confesó —. Ya que eso de celebrar David, tú y yo a solas tu cumpleaños se me hacía algo raro.
— No íbamos a celebrarlo… ésa era la idea.— se encogió de hombros.
— Que sepas que sí tengo un regalo para ti, pero quería dártelo… a solas. Más o menos.—se levantó y fue hasta su abrigo, extrayendo algo de un bolsillo. Volvió a sentarse a su vera, y extendió la mano. Sobre ella descansaba una cajita de terciopelo azul con el nombre de la casa donde había comprado la joya.
— Dijimos que lo de la boda es un proyecto futuro…
— Tranquila, no es un anillo de compromiso. Sabía que reaccionarías así de haberlo sido.— se rió. A Iseul le gustaba la confianza y complicidad que había en su relación, capaz de permitirles hacer ese tipo de bromas.
Cogió con cuidado la cajita y la abrió, encontrándose con un precioso colgante con una luna en él. Lo puso en la palma de su mano, mirándolo emocionada. Hak Yeon se levantó y se colocó tras ella, ayudándola a ponérselo.
— Hak Yeon…— musitó la chica.
— Recuerdo que de pequeños, eras una enamorada de la luna. Bien, no puedo regalártela así que al menos acepta esto como una versión en miniatura de ella…
— Eres un romanticón empedernido y empalagoso…
— Sí, pero tú no te quedas atrás… ¿son lágrimas eso que veo asomar por tus ojos?—sonrió divertido. Iseul le sacó la lengua.
— Tooonto.
— Te quiero.
— Gracias, Hak Yeon. Por… por todo. Por quererme.
— ¿Desde cuándo se dan las gracias porque te quieran?
— Menuda pareja de tontos—respondió David, apareciendo de la nada—. Vaya, qué bonito.
— Has roto el momento.— se quejó Hak Yeon.
— Hombre, habérselo dado a solas de verdad. No soy el único que ha visto este entrañable momento.— dijo, apartándose un poco y dejándoles ver que los demás los miraban con sonrisas estúpidas en la boca. Menos Taek Woon y Dae Gi, quienes mantenían una apasionada disputa usando los mandos y con la vista fija en el televisor.
—Maldita sea…— musitaron ambos, sonrojándose. Incluso mientras se despedían para regresar a casa, les persiguieron las risitas burlonas de los demás.

Cuando entró en casa suspiró aliviada. Estaba rota. La insistencia en celebrar su cumpleaños había acabado con ella, no la habían dejado descansar. Pensó que acabaría gritando, pero por suerte Hak Yeon había estado a su lado para ayudarla a sobrellevarlo.
En cuando se puso el pijama y estuvo libre de todo rastro de maquillaje, se sintió libre.
Estaba tirada en el sofá tapada con una manta mientras veía el capítulo de un drama, cuando sonó el timbre.
— Dios, ¿es que no me pueden dejar tranquila? — Rezongó y se levantó de mala gana para ver quién era. Se extrañó al ver a Hak Yeon, pero se apresuró a abrir.
— ¿Qué haces aquí? Pensé que esta noche… — No pudo terminar porque Hak Yeon la agarró por la cintura y el cuello y la besó con intensidad. Ella no tardó en responderle agarrándose a él con fuerza y pegando tanto sus cuerpos que ni una corriente de aire podría pasar entre ellos. Cuando se separaron, Hak Yeon sonrió feliz.
— Vengo a traerte tu regalo de cumpleaños.
— Hak Yeon, sabes… — No pudo continuar porque él puso ante sus ojos un sobre. — ¿Qué es eso?
— Vamos al salón y te lo enseñaré. — Y agarrándola de una mano la llevó hasta el sofá donde la hizo sentarse pegada a él. Tras eso sacó las fotos y se las pasó. — Siento no habértelas enseñado antes, pero ya que se acercaba tu cumpleaños, decidí esperar porque pensé que sería apropiado que las tuvieses en tu día. En realidad son una copia, las originales las tengo yo. — Se calló y la observó en silencio pendiente de todas y cada una de sus reacciones. Vio cómo estudiaba cada foto con meticulosidad, mientras una sonrisa se iba formando en las comisuras de su boca. — ¿Te gustan? — En ese momento ella levantó la vista hacia él y pudo ver que tenía los ojos húmedos. Iseul pestañeó con rapidez para deshacerse de las lágrimas, respiró hondo y volvió a centrar su mirada en él.
— Son maravillosas, muchas gracias. — Él se inclinó y le dio un beso en los labios sin intentar ir más allá. Cuando se separó, le acarició una mejilla con delicadeza y ella sonrió feliz. — ¿Sabes? Mientras nos hacía las fotos estaba tan nerviosa porque intentaba ocultar lo que de verdad sentía por ti que ni me percaté de la manera en que me mirabas. Sólo cuando acabamos lo vi, pero no me lo quise creer. No podía ser que tú me mirases de aquella forma.
— Nunca pensé que al sugerirle al fotógrafo que nos hiciese más fotos, acabaría sufriendo aquel caos emocional. Hubo un momento en que quise agarrarte, sacarte de allí y llevarte al hotel para saber por qué la fragancia de tu cuerpo me estaba volviendo loco. — Mientras él sonreía burlón ella abrió los ojos asombrada.
— ¿Qué…? ¿Qué has dicho? — No se podía creer lo que acababa de escuchar.
— Que la fragancia de tu cuerpo me volvía loco. — Y se inclinó hacia ella para besarla en el cuello. Ella cerró los ojos y se dejó echar en el sofá mientras él se ponía encima de ella sin dejar de besarla. Le desabrochó dos botones del pijama y besó la piel expuesta mientras ella le acariciaba la espalda. Cuando llegó al tercero se detuvo. Iseul abrió los ojos y lo miró desconcertada.
— ¿Qué sucede? — Su inseguridad se dejó traslucir y Hak Yeon le dio un beso rápido en los labios.
— Iseul, quiero hacerte mía, pero no aquí, en el sofá. Tampoco sé si estás preparada, no te lo pregunté y sólo me dejé llevar. He sido un maldito bruto. — Se mostraba contrito. Apoyó su frente sobre la de ella, para luego darle un beso en ella y retirarse para mirarla. — Si quieres podemos parar y dejarlo para más adelante. No quiero presionarte, no quiero que cedas sólo porque yo lo deseo. — La miró inseguro mientras esperaba su respuesta.
Cuando la vio sonreír no supo a qué atenerse, estaba aterrorizado.
— Creo que ya he esperado suficientes años, ¿no crees? — Ante esa respuesta él la besó con fuerza y reverencia en los labios. Cuando se separó le sonreía de oreja a oreja. — Mi dormitorio está al final del pasillo. — Fue a levantarse pero no pudo porque él la cogió en brazos. Eso la pilló de improviso haciendo que se agarrara a su cuello con fuerza.
— Haré que esta noche sea inolvidable, te lo prometo. — Y volvió a besarla antes de dirigirse al dormitorio.
Todos los sueños que había tenido Iseul con Hak Yeon se vieron superados de lejos. Fue una noche increíble y maravillosa. Hak Yeon se mostró brusco y exigente pero también tierno y muy atento. No dejó un rincón de su cuerpo sin explorar y la animó a que ella hiciese lo mismo con él. Fue un dar y recibir por igual que los llevó al límite una y otra vez. hasta que por fin acabaron llegando al mismo tiempo a la cúspide del placer dejándolos exhaustos, pero ahítos de placer.
Iseul respiraba con dificultad, todavía no se había recuperado. Mientras que Hak Yeon se recuperó con más rapidez que ella. La atrajo hacia él y le pasó uno de sus brazos por detrás del cuello para servirle de almohada mientras la giraba hacia su pecho para que durmiese sobre él.
— Descansa. Mañana tenemos otro viaje y quiero que duermas mucho para que no estés fatigada. — Y la besó en la frente mientras la abrazaba con fuerza.
— Lo haré. Pero recuerda que tendrás que irte antes de que el mánager vaya a vuestro piso a buscaros. — Aunque sabía que era lo correcto no quería que la dejase.
— Yo tampoco quiero dejarte. Quiero volver a verte despertar entre mis brazos. Pero me temo que tienes razón. — Y la besó en los labios con delicadeza.
Poco después, ambos dormían libres a todas las preocupaciones que les acechaban en la vida real.

FIN

8 respuestas a Though I know the end, I keep falling for you, capítulo 2

  1. Rox dijo:

    corto pero muy bueno gracias chingus por tomarse el tiempo de escribir y compartir.

  2. Heennytha dijo:

    Y termina suspirando como tonta (la que lee) FIN. Felicidades chicas les quedo lindo y me quedo pensando ¿dónde consigo el teléfono ficticio de David? jajaja.

  3. viviana dijo:

    solo decir ,BUENÍSIMO !!!! XD…..MUCHAS GRACIAS

  4. Danery dijo:

    K loko por su culpa estoy enamorada de el amor =9

  5. Que bonito…. Me encantó la sesión de fotos, los dos sufriendo y el fotógramo inmortalizando sus muestras de afecto ayyyyy para después decirle espero que te hayas dado cuenta de lo coladísimo que estás por ella ¿eh? jajajajaja

    La reacción de la pobre Iseul al despertar en el hotel… pobrecilla está entre trágame tierra y en me quiero morir aquí, ya, ahora (pero de placer no de nada malo)

    Y me ha encantado que volviera Dae Gi y lo a cuadros que se queda Iseul al enterarse que es la novia de Leo XDXDXD de entre todos de él jajajajaja, normal, muchacha, normal.

    Genial, como siempre, sabeis que me encantais, ¿no? Pues eso.

    PD: Seré o no seré—

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