아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae, capítulo 8

Autores invitados @Jeannelok

TE AMO SIN QUE NADIE LO SEPA

B.A.P

Capítulo 8

Al despertarse al día siguiente, Young Jae no podía creerse tener a Dae Hyun entre sus brazos. En algún momento en la playa se habían separado y vestido, quedándose cogidos de la mano, sentados, sin regresar con los demás. No habían llegado todo lo lejos que ambos deseaban, pero era suficiente. Al final habían vuelto al garaje y habían ido a dormir otra vez a la cama de Dae Hyun. Le vio caer poco a poco dormido abrazado a él, hundiendo la cabeza en su pecho y se dedicó a acariciarle el pelo con cariño.

La respiración de Dae Hyun mientras dormía contra él le hacía cosquillas en el pecho desnudo. La sensación era única y maravillosa, sin embargo comenzaba a martillearle la cabeza la triste realidad. No duraría mucho más. Porque al día siguiente, aprovechando que irían todos de fiesta, él tenía que llevar a cabo un plan y pronto acabarían descubriendo su identidad.

No quería hacerlo. No quería traicionar a Dae Hyun. Ni a Zelo, Jong Up, Him Chan… Yong Guk. Apretó más el cuerpo dormido del otro chico contra el suyo y notó cómo se removía para ajustarse a él. Podría contarles la verdad y largarse todos juntos pero… sabía que no era lo correcto. Y él siempre hacía lo correcto. Además, ¿y si luego los cogían y era peor? Al menos si él era el que los descubría podría pedir rebajas de condena.

Estaría separado de Dae Hyun.

Sabía que si apretaba más fuerte le haría daño, pero tenía la urgente necesidad de apretar sus cuerpos hasta fundirse, aunque fuera imposible. Había sido todo tan fácil cuando sólo se dejaba llevar por lo que la mente le decía, sin importarle otra cosa que no fuera la razón…

Poco después se levantó, cuando supo que Dae Hyun se había vuelto a dormir, se vistió y regresó al piso. Aunque no había dormido más que un par de horas, se sentía con fuerzas de encender el ordenador y estudiar por enésima vez la información que tenía.

Bang Yong Guk era el hijo de uno de los más importantes narcotraficantes coreanos, el cual se movía no sólo por dicho país sino por casi todo el continente asiático. El joven se había criado con su madre y casi no había tenido contacto con su padre, hasta que la mujer falleció debido a una enfermedad. Aunque no había sido el padre ideal, nunca se había desinteresado de su familia, así que no les fue demasiado difícil recuperar el tiempo perdido. Según los informes, comenzó a llevarse a su hijo en algunos viajes de negocios aunque nunca le dejaba participar. También era conocido que si tenían tantos integrantes y seguidores en esa especie de mafia, era por el trato que daban a los subordinados: no sólo el padre ayudaba a los suyos, sino que el hijo trababa amistad con los hijos de algunos, sin importar que fueran adoptados, tuvieran ataques nocturnos o sus madres fuesen ninfómanas. Junto a estos amigos, se había ido a vivir a Tailandia donde aunque no se dedicaban al comercio de drogas, sí lo hacían con el de piezas de vehículos bajo la coartada de un garaje normal y corriente.

Se había leído ese resumen tantas veces que sabía de memoria dónde estaba cada punto y coma, igual que pasaba con el resto del papeleo. Hasta entonces los chicos no le habían dado ninguna información útil y casi era hora de que se moviera por sí mismo. Apagó el aparato dos horas más tarde y se fue a dormir. Le había dejado una nota a Dae Hyun alegando que tenía que ir a trabajar y que los vería por la noche.

Cuando se tumbó en el sofá y cerró los ojos, lo último que sintió antes de dormirse fue el ardor de las caricias del otro chico sobre la piel.

La fiesta se escuchaba desde el garaje. Los gritos de la gente y la música, las luces de los fuegos artificiales. No recordaba haber visto algo semejante nunca, y la verdad es que era una pena que fuera a perdérselo. Mintió al llegar diciendo que no se encontraba muy bien y que por eso no se les uniría. Debería haberse imaginado que nada más escucharlo, Dae Hyun se ofrecería a hacerle compañía. Le costó más de media hora convencerlo de que él se quedaría descansando y que si necesitaba algo ya lo llamaría. No fue hasta que Him Chan y Jong Up se lo llevaron a rastras que pareció aceptarlo.

—Yong Guk hyung está preocupado—le hizo saber Zelo mientras Young Jae se tumbaba en la cama de Daehyun—. Y yo no entiendo que tengas que venir hasta aquí para descansar si te encuentras mal, la verdad.—Al principio había creído que tratar con el más joven sería sencillo, pero tras ganarse la confianza del resto de chicos, a veces parecía que él lo mirase con un conocimiento del que sus amigos carecían.

—Porque me siento más a gusto en el garaje que solo en mi oscuro piso.—Respondió. Zelo sonrió como si no acabase de creérselo y asintió con la cabeza.

—Yong Guk hyung dice que si necesitas algo no tienes más que llamarlo a él o a Dae Hyun. Dudo que puedan disfrutar mucho de la fiesta dejándote aquí solo pero les obligaré a intentarlo… ¿Te apago la luz al salir?

—Por favor.—Y se quedó solo en el cuarto. Le habría gustado un beso de despedida de Dae Hyun, sin embargo hubiera sido capaz de no poder quedarse allí si eso sucedía. Esperó hasta que les escuchó cerrar la puerta del garaje y pasaron unos minutos hasta que se levantó. Bajó despacio las escaleras.

De momento, lo primero que haría, sería registrar el despacho. Allí había muchos papeles, y no le extrañaría encontrar algo sobre los asuntos que Yong Guk y los chicos se traían entre manos. Sería más difícil encontrar nada relacionado con su padre, pero tenía que intentarlo.

Encendió la luz del despacho. Era sofocante y los papeles se amontonaban los unos sobre los otros llenándose de polvo, y no le extrañaría encontrarse algunos bichos paseándose por allí con impunidad.

Comenzó a rebuscar por encima. Nada interesante, alguna factura, pagarés, recados del banco… todo en tailandés. Siguió rebuscando más abajo y en las cajas que había en el suelo. Estaba todo asqueroso, en comparación a lo limpio que mantenían el resto del garaje, a pesar de estar todo el día trabajando en él.

Pasó más de hora y media rebuscando sin encontrar nada, sólo consiguiendo llenarse las manos de polvo y suciedad. El teléfono móvil comenzó a sonarle. Era Yong Guk.

— ¿Dime?

— ¿Qué tal estás? Tenemos a Dae Hyun aburrido y estresado por no poder hacerte compañía. Diría que ya no soy el único que sabe tu secreto, ¿no?

—Gracias por guardármelo. Estoy bien he… he bajado a por un poco de agua. Tenía sed.

— ¿Seguro que no quieres que vaya? La fiesta está animada pero demasiado ruidosa para mi gusto.

—No te creo, Yong Guk.

—…

—Estoy bien, en serio. Habré comido algo en mal estado, pero mañana podré unirme a la fiesta sin duda alguna. No te preocupes.

Colgó el teléfono, con ese dolor en el pecho que sentía desde hacía tanto tiempo. Al final lo había logrado identificar como culpa. Se guardó el aparato en el bolsillo y siguió buscando hasta que no soportó las manos sucias y se fue al piso de arriba a ducharse.

Se metió en la ducha y abrió el grifo, dejando el agua caer con suavidad sobre su pelo y cuerpo. Era de agradecer la sensación con ese maldito y sofocante calor tailandés. Había sudado más en esos cinco meses que en toda su vida. Cuando  cerró el grifo y comenzó a secarse, escuchó una voz llamándolo y asomó la cabeza, sorprendido.

— ¡Estoy en la ducha!—anunció al reconocer la voz profunda y grave de Yong Guk. Se puso los calzoncillos y los pantalones y salió a su encuentro, secándose el pelo con una toalla para no dejar el suelo perdido.

—He venido a traerte unas medicinas—le explicó—. Nos las ha recomendado un amigo de Jong Up. Nada peligroso, todo tradicional y a base de plantas de su huerto.

— ¿Marihuana?

—No, nada que ver con… ese tipo de plantas—había utilizado la palabra con toda la malicia, pero Yong Guk había respondido sin problemas. Se fueron hasta el piso de abajo y el otro se metió en la cocina a prepararle una infusión—. Dae Hyun no sabe que estoy aquí. Si hubiera venido él, después no habría regresado con nosotros. Sé que le preferirías de compañía, pero no sé hasta qué punto quieres que te vea pasándolo mal…

—No estoy tan mal. Es sólo un dolor de estómago.

— ¿Le llamo? Como le insististe tanto en marcharse creí que era por eso.

—No quiero que se pierda la fiesta. En serio, con lo que me darás para beber ahora y un poco de descanso, mañana cuando estéis todos resacosos y maldiciendo la bebida yo seré el que mejor esté.

—Menudo profeta más positivo. Estoy calentando el agua, no falta mucho.—Young Jae asintió, yendo a sentarse al sofá. Con Yong Guk allí no podía hacer mucho más. Dejó la toalla a un lado. Tenía el cabello casi seco. Minutos después el otro chico se sentaba en una de las sillas y le servía una infusión caliente.

—Uff… más calor.—Musitó, agarrándola y comenzando a beber sin esperar a que se enfriase. Yong Guk se quedó en silencio mirándolo beber, hasta que al fin le preguntó por qué no hablaba.

—Me alegro mucho de haberte conocido—al escucharlo, estuvo a punto de atragantarse con la bebida—. La verdad es que nos diste un golpe de aire fresco. Además, aunque Dae Hyun siempre ha sido un chico animado… estás obrando algún cambio en él.

—Creo que es más bien al revés—no supo en qué momento abrió la boca y dejó escapar esas palabras, pero una vez dichas no intentó ocultarlas. Creía que hablar con Yong Guk podía hacerle algún tipo de bien… al menos con los otros eso había funcionado. Iba a probar su magia—. La verdad es que gracias a él estoy… cambiando, y sintiendo cosas que no sabía ni que existían. No sé en qué momento comenzó a convertirse en alguien tan importante en mi vida, pero desde luego quiero que se mantenga en ella.

— ¡Qué romántico! Pero sí, es algo que paulatinamente he ido viendo en ambos. Dae Hyun lo pasó mal algunos días, estaba como perdido, ausente. Hasta ahora le habían gustado mucho las mujeres, no tanto como a Him Chan pero solía… en fin, ya sabes de qué hablo. Pero de un tiempo a esta parte dejó esa vida, para desgracia de nuestro cazador de chicas particular. No parecía el mismo al salir de fiesta, no se fijaba en nadie… y de repente, lo vi. Estando contigo sonreía más, aunque no hicierais nada. Reconozcamos que nunca has sido la alegría de la huerta—asintió con la cabeza, dándole la razón—. Pero para él, estar a tu lado… no sé, le daba un brillo en la cara diferente. Con esas pistas no me costó demasiado ver lo que sucedía. Lo que faltaba en la vida de Dae Hyun eras tú.

—Y lo que faltaba en la mía, él. Cuánta palabrería romanticona que nunca creí escuchar salir de mi propia boca, la verdad…

—Tampoco pega con mi cara tanta sensiblería, ¿no crees? Hay niños que se asustan al escuchar mi voz—Young Jae no pudo evitar una carcajada y para disimular le dio otro trago a la infusión—. No pasa nada, sé que es gracioso, puedes reírte.

—Es que tienes una voz muy particular. Por ella y tu aspecto, engañas mucho. Luego eres un blando que sólo sabe reírse y preocuparse por los demás.

—No sé si darte las gracias o meterte un puñetazo.

—Ambos sabemos que serías incapaz de hacer eso segundo.

Se echaron a reír con fuerza. Esos momentos… también iba a perderlos, y no quería. Temía el día en que se encontrase con los semblantes de los chicos observándolo defraudados. Podía imaginarse el rictus de dolor dibujado en la cara del mismo chico con el que se estaba carcajeando y notó una mano invisible agarrarle el cuello. Con ellos había recordado lo que era sonreír, reír. Temía que estaba a punto de rememorar algo más que su cuerpo había olvidado de pequeño hacer. Desde que tenía uso de razón había sabido dominar sus pensamientos y sentimientos, porque creía que eso era lo que un buen policía debía hacer. Sus padres se habían quejado muchas veces delante de él, de la carga emocional que tenían en algunos casos y que los convertían en tareas el triple de duras para ellos.

Había creado un muro todos esos años que Yong Guk y los demás chicos parecían empeñados en destruir.

Las lágrimas querían ir más allá de su garganta. Era incapaz de borrar la imagen de la policía arrestando a sus amigos y llevándoselos, los ojos cargados de odio de Zelo, Dae Hyun gritándole que era un maldito asqueroso embustero… No podría soportarlo. No quería traicionarlos…

— ¡¿Young Jae?!—escuchó gritar a Yong Guk. Las lágrimas resbalaban ya por sus mejillas y él se tapó el rostro, incapaz de detenerlas. Les suplicaba en su interior que regresaran, que no asustaran a Yong Guk porque no podía explicarle lo que sucedía. Pronto el otro chico se puso delante de él y le obligó a levantarse y enseñarle la cara— ¡¿Qué te sucede?! ¡¿Te duele?!

—No es… eso…

— ¿Entonces, qué sucede?—sin aguantarse más, alargó los brazos y abrazó a Yong Guk con fuerza. No era como los abrazos con Dae Hyun. No había pasión, ni deseo. Pero sí necesidad, aunque una diferente. Quería encontrar la paz y la tranquilidad que el chico solía ofrecer, obtenerla al instante para calmar su mente y su corazón. Borrar las imágenes de ese futuro que estaba por llegar. Profeta positivo le había llamado, sin saber ni la mitad de cosas que cruzaban sus pensamientos…

Las manos de Yong Guk acabaron por afianzarse también en su espalda desnuda. Las sintió, grandes pero con dedos finos, fuertes pero cariñosas. Las manos de un padre, una madre, un hermano. Unas manos que le ofrecían ayuda sin pedir nada a cambio. Unas manos que él iba a atar durante mucho tiempo.

—Que soy muy feliz, Yong Guk. Soy muy feliz por haberos conocido, tanto que no quiero que esta amistad termine nunca.

— ¿Por qué tendría que acabarse, pues?—removió la cabeza, ajustándola al cuello del otro chico, dejándoselo empapado en lágrimas. Young Jae no respondió, sólo se convulsionó. Yong Guk olía a ramen y a sudor. Nada agradable, en comparación con Dae Hyun, y más cercano al olor de Him Chan borracho. Sin embargo, le resultó reconfortante y cercano. Por eso, cuando logró tranquilizarse y dejó de llorar, le dijo que se encontraba mejor y que de repente le apetecía comer algo de ramen… todos juntos.

5 respuestas a 아무도 몰래 사랑해 Amudo mollae saranghae, capítulo 8

  1. Si YoungJae está así sólo de pensarlo, no me imagino cómo se pondrá cuando llegue la hora de hacerlo (eso si lo hace finalmente, que siempre cabe la posibilidad de que cambie de opinión u opte por otra solución (si, no hay que perder la esperanza de que haya un final feliz XD)).
    La espera ha merecido la pena. Muy bien llevado el capítulo ^^

  2. Ana dijo:

    Que se me han salido las lágrimas a mi también me encanta leerte 😍

  3. Fi dijo:

    Usualmente no comento, pero por San Siwon que estoy picadísima con la historia. Empecé por el último capítulo y aún sabiendo como acaba todo, ando como Young Jae (con unas ganas irreprimibles… pero de terminar esta historia tan bien llevaba) y peor que Jorge el curioso, si no fuera por que tengo que regresar al trabajo me la comería toda right now. Gracias por la historia.

    Saludos a todo el equipo desde Perú.

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