“비밀” Bimil – secreto. Especial Navidad II

By @Jeannelok y Nuna

ailee go

G.O. asomó la cabeza cual tortuga por la bufanda que llevaba envolviéndole el cuello. Hacía un frío infernal, a un día de Navidad y la iba a pasar irremediablemente solo.

Sus amigos tenían planes con sus respectivas parejas o con otras personas, y aunque le habían ofrecido apuntarse él no quería estorbar en un día tan especial e importante.

Hasta entonces había podido pasar esos días con Thunder o Mir, pero el primero estaba ocupado en sus misiones en solitario y el segundo no se separaba ni un segundo de Sun Nyu, sobre todo desde que había despertado. Armaggedon desaparecía por esas fechas, e Insanity y Cyber Danger…no, mejor no.

Metió las manos en los bolsillos, pues el aire frío le traspasaba hasta los guantes, y se encaminó hacia casa. El local permanecía cerrado esos días así que ni tan solo podía ir a bailar y despelotarse para sentirse medianamente mejor.

Así que el plan de esa noche y la siguiente iba a ser ver un partido acompañado de una lata de cerveza y una pizza. Perfecto, sin duda.

Escuchó unas voces cercanas, más altas de lo normal, y decidió ignorarlas por completo, hasta que se convirtieron en gritos. Se preguntó si estarían asaltando a alguien y decidió ir a curiosear. Se trataba de una calle situada en uno de los barrios menos visitados por los transeúntes a causa de la mala fama que se había ganado. Posiblemente no tenía de qué preocuparse y se trataba simplemente de una pelea entre jóvenes de falsa valentía. Cuando llegó su cara se desencajó.

Tres tipos contra SU Ailee. Bueno, no, no era SU Ailee pero la chica llevaba un año largo resistiéndosele y ya era por orgullo que quería… un momento, no era momento de pensar en esas cosas.

-¡Eh!-atrajo la atención de los cuatro. Los muchachos le daban la espalda, y eran más o menos de su misma estatura y menos corpulentos. Ailee sujetaba el bolso contra el cuerpo, quién sabe si para protegerse o evitar que se lo robasen- ¿Qué es eso de 3 contra una?

-¿Y tú quién eres? Vete antes de que…-uno de los chicos se había acercado hasta él. Mejor para él no haberlo hecho, porque de repente estaba retorciéndose de rodillas con el brazo detrás de la espalda.

-¿Yo? Papá Noel, ¿es que no me ves? Me he adelantado para daros vuestro regalo… ¿venís a por él?-sonrió, crujiéndose los dedos tras soltar al capull* que seguía quejándose del dolor en el suelo. Cuando el siguiente muchacho se acercó y se preparó para atacarle, Ailee dio un grito llamando la atención de todos los presentes y lanzó el bolso al suelo.

-¿Habéis acabado ya, gallitos?-su voz sonaba irritada y más molesta de lo que G.O. podía recordar haberla escuchado estar nunca- He estado aferrándome al bolso para no estampárselo a uno de estos en la cara, pero va y se les une un cuarto. No tengo más tiempo que perder con vosotros, así que si me disculpáis seguid meando para marcar vuestro territorio que yo me voy a mi casa.-cuando hizo ademán de marcharse tras coger el bolso del suelo, uno de los tipos la agarró por el brazo, y antes de que G.O. se hubiese abalanzando a machacarle, ella le había clavado el codo en la cara.

Se fue de allí caminando como si nada hubiera sucedido, aunque en su rostro podía leerse la molestia y el enfado. G.O. todavía tardó unos segundos en reaccionar, y al hacerlo se echó a reír con ganas. Sin detenerse a escuchar las quejas de los asaltantes, fue tras ella y se colocó a su lado, acompasando el paso con el de Ailee.

-Has estado espléndida.

-Y tú has estado ridículo… ¿queriendo rescatar a la dama en apuros? Te daría las gracias, pero más que querer ayudarme lo que querías era hacerte el macho impresionante ante mí. Pues siento decirte que no me has impresionado nada.

G.O. se detuvo, sorprendido ante lo que la muchacha decía. La acusación le había dolido como un puñetazo y se dio cuenta de lo que eso significaba. Ailee tenía razón. Estaba tan interesado en llevársela a la cama, que ni siquiera al verla en apuros había sido capaz totalmente de dejar ese lado mujeriego suyo de lado.

Pero maldita sea, ¡Ailee le interesaba, y mucho! ¿No podía hacérselo ver?

La alcanzó de nuevo, esta vez interponiéndose en su camino y obligándola a detenerse.

-¿Qué haces?- “no lo sé”. No podía decirle eso, pero era básicamente lo que sucedía…

– ¿Tienes algo que hacer mañana?

-… ¿Qué? Creo que no te he escuchado bien, ¿qué te importa lo que tenga que hacer mañana?

-Cierto, me da igual. Mañana te paso a buscar en la plaza de al lado del trabajo sobre las ocho de la tarde. Ponte guapa y no traigas dinero, que a la cena invito yo.

G.O. sabía que Ailee no iba a acudir a la cita. De todos modos, lo único que se le había ocurrido hacer en ese momento era aquello, antes de marcharse y dejarla sola. Ni siquiera la acompañó a casa. Y al llegar al cuartel y meterse en el cuarto donde vivía, se lanzó sobre la cama. Se sentía como un adolescente de nuevo.

¿Qué problema había con él? Era popular entre las chicas y daba igual lo que hiciera, siempre acertaba para ellas. Solo había fallado una vez, intentando seducir a Sun Nyu y aquello fue porque la chica estaba totalmente prendadísima por su amado Mir.

Hasta que se encontró con Ailee. Y en ella, no había razón para no dejarse seducir, ¿qué quería esa mujer que él hiciera? Si era amable, si era perfecto, si era caballeroso, si era bromista, si la defendía… todo le molestaba.

Estaba confundido. Y se durmió así, con la cabeza hecha un lio.

Por la mañana le despertó el sonido de su despertador. No eran más de las seis, pero cuando atendió escuchó la voz de Seungho y se puso en alerta enseguida. Una misión urgente, le necesitaban enseguida en la sede de Tailandia. Era el único del equipo que podía acudir pues la misión la realizaba otro equipo, sin embargo G.O. había mostrado mucho interés por esa misión y era el que mejor se la conocía. Había pedido expresamente que le avisaran si sucedía algún imprevisto en el cual pudiera colaborar. Se puso en pie de un salto y se arregló después de una ducha fugaz. Llamó nuevamente para que le siguieran ultimando los detalles mientras iba hasta el lugar donde un helicóptero lo llevarían a él y a otros agentes al lugar de operaciones.

La misión era rescatar a unos periodistas coreanos infiltrados en organización mafiosa. Habían sido descubiertos y no tardarían en ejecutarlos, al menos que Corea accediese a una serie de tratos. Obviamente, todo eso se le había ocultado al público y ellos debían hacerse cargo de la situación.

Una operación realmente delicada, donde diversas vidas corrían peligro. G.O. tenía la mente totalmente puesta en la misión. No quería perder a nadie. No se le daba bien soportar pérdidas.

Las navidades y los días consiguientes fueron para el grupo unos días realmente agotadores y terribles. Terminaron la misión sin bajas aparentes y heridos leves, sin embargo la tensión había sido constante desde que pisaron tierras tailandesas y no se habían detenido a descansar prácticamente ni para dormir. Por eso, cuando G.O. regresó a Corea tres días más tarde, no era capaz ni de recordar su propio nombre.

Descansó, comió bien y se dedicó a mimarse. Fin de año era al día siguiente, y se dio cuenta de que debía preparar algo, apuntarse a alguna fiesta, preparar una rápida él mismo e invitar a algunos amigos, gente fuera del ambiente del cuartel, por ejemplo…

Oh. Mi*rda.

Llevaba ya dos días en Corea y hasta entonces no se había preocupado de volver a pensar en Ailee. Oh mi*rda, oh mi*rda. IBA A MATARLO. Seguro, no cabía duda. Eso si se había presentado, porque lo dudaba. La chica lo detestaba, seguramente al día siguiente ni siquiera recordaba la promesa que G.O. había hecho por su propio lado, sin pararse a escucharla.

De todos modos… había roto una promesa. Se levantó y cogió el teléfono móvil que usaba para fuera del cuartel, el cual había dejado abandonado al marcharse pitando para cumplir la misión. Únicamente había un mensaje del día veinticinco a las once en el cual rezaba “Mentiroso”. Lo demás eran llamadas. Todas de ella.

Justo en ese momento, entró una nueva llamada la cual atendió por inercia.

-¿¡G.O.!?

-A… ¿Ailee?

-¡¿Estás bien?!

-Sí, perfecta…mente…

-…

-¿Ailee?-se escuchó cómo la llamada se cortaba. La había hecho buena. Si antes le odiaba, ahora debería estar rezando ante un altar para el demonio que se pudriese en un lugar tenebroso y alejado.

Se quedó una hora sentado, mirando el techo, con la mente en blanco. Suspiró, se levantó de un salto y se estiró del corto cabello, indeciso, tomando una decisión simple.

Llamó al trabajo, preguntando si Ailee se encontraba allí. Cuando le dijeron que sí, simplemente cogió sus cosas y se dirigió hacia allí, sin saber qué iba a hacer. Con ella, nunca sabía cómo actuar.

Cuando llegó, no saludó ni se fijó en nadie, buscándola entre bastidores pues sabía que estaría llevando y trayendo cajas para y del almacén. Así fue. Dejó una caja de bebidas en el suelo, pasándose la mano por la frente y suspirando. Tenía el ceño fruncido y cuando fue a coger nuevamente la caja G.O. se fijó en que no se apoyaba bien en uno de sus pies.

-¡Ailee!-al escucharle, la chica alzó la voz. Pero en cuanto se encontró con su rostro, puso cara de eterno disgusto y asco y le ignoró.

G.O. caminó con seguridad hasta ella. Se arrodilló en el suelo, dejando sus cosas a un lado y apartó la caja. Enseguida supo cuál de sus tobillos estaba malherido.

-¿Qué te ha pasado?

-No te importa. Déjame trabajar en paz.

-¡Tienes el tobillo muy inflado!

-¡Déjame trabajar!-en un acto reflejo, G.O. le agarró el tobillo herido deseando que la chica flaqueara y se dejase ser ayudada, no obstante aunque pareció vacilar aguantó el dolor hasta que él la soltó. Cogió la caja y dio unos cuantos pasos mientras él observaba su espalda alejarse, hasta que el tobillo le falló.

Por suerte, fue lo suficientemente rápido para agarrarla a ella y la caja. Las sujetó a ambas rodeándola por detrás con ambos brazos. El aroma femenino entremezclado con el sudor llegó hasta su nariz, y cuando se dio cuenta estaba apoyando la cabeza en el hombro de la chica. Si alguien pasaba por allí, sin duda malpensaría de la situación. No obstante, le daba igual, porque la chica no iba a proporcionarle una ocasión igual para acercársele. Levantó la caja por encima de la cabeza de Ailee, siendo quien era y con los genes especiales que tenía, algo fácil de realizar.

La dejó en el suelo y agarró a Aile del codo. La chica forcejeó pero sin contemplaciones, G.O. la levantó del suelo. Sabía que si intentaba llevarla en brazos luego lo mataría y tampoco podía arrastrarla, así que se la echó a la espalda como quien se echa un saco de patatas. La agarró de las piernas y aunque ella le golpeó sin pereza la espalda, sentía simples aleteos de mariposa.

Escuchaba a Ailee maldecirle, gritarle, exigirle, pero hizo caso omiso y cuando salió fuera simplemente le dijo al jefe que se la llevaba al hospital para curarla. Y así fueron por la calle, la muchacha a sus espaldas, agotaba de tanto gritar y únicamente pegándole y estirándole del pelo y él dirigiéndose al hospital más cercano. Les atendieron y se la llevaron a curar el tobillo, mientras G.O. esperaba fuera dándose cuenta de que le iba a caer una bronca increíble, pero importándole más bien poco. Cuando la enfermera salió le comentó que tenía el tobillo bastante hinchado y que tendría que ponerse una pomada y tomarse unas pastillas para el dolor durante tres semanas. Le dio los papeles y el chico entró, encontrándose con Ailee observando el pie vendado. Tenía el ceño fruncido y seguía sudando. También le habían comentado que tenía algo de fiebre debido al dolor, pero que ya la habían medicado y en un par de horas su temperatura volvería a la normalidad.

Ni lo miró cuando le arrebató las hojas de la mano y fue a pagar el tratamiento y las medicinas. Sin embargo al llegar se dio cuenta de que no llevaba el monedero ni el bolso encima. G.O. fue lo suficientemente avispado como para no esperar a que ella tuviera que pedírselo prestado y puso los billetes sobre el mostrador. Mientras recibía el cambio Ailee comenzó a caminar hacia la puerta de salida. No le costó nada ponerse a su altura.

-Sé que estarás enfadada…

-Oh, eres realmente avispado.

-Y que no tengo ninguna disculpa adecuada para ti…-salieron a la calle y G.O. se dio cuenta entonces de que Ailee no llevaba ningún tipo de protección contra el frío. Se quitó la chaqueta y la bufanda y se las puso. Las prendas pronto descansaron sobre el suelo.

-No me vengas ahora de chico perfecto. Acudí a la cita pensando que estarías allí esperando en el frío, confié en ti una vez. Y no solo no viniste, sino que desapareciste completamente y pensé que te había sucedido algo, pero cuando reapareces lo haces como si nada, perfectamente… ¿quién te supones que soy, o que es nadie, para jugar con los demás de esa manera?-comenzó a alejarse de nuevo, y G.O. agarró la ropa y se la volvió a poner encima, agarrándola por los hombros y obligándola a darse la vuelta.

– Tienes razón, ¡lo siento! La he cagado. No sé qué más puedo decirte. Ni siquiera tengo una excusa para darte, ¡pero aunque la tuviera, no quiero meter excusas estúpidas cuando he hecho mal!

-Al menos sabes que has hecho mal-intentó zafarse, pero esta vez G.O. no se lo permitió. Ella suspiró, hastiada-, ¿tienes algo más que decir?

-¿Puedes darme otra oportunidad?

-… No eres demasiado inteligente, ¿verdad?

-¡Venga, Ailee! Solo te pido otra oportunidad. Salimos por ahí. Si te lo pasas bien, seguro que quieres perdonarme. Y si no disfrutas pues nada… no volveré a molestarte.-la última frase pareció interesarle bastante, pues levantó la cabeza y le miró desafiante.

-¿De verdad? ¿No romperás tu promesa? No confío en las personas dos veces seguidas, pero si haces eso podría intentarlo contigo.

-¿En serio? ¡No te arrepentirás, te lo aseguro! ¿Quedamos mañana para celebrar el fin de año? No hay mejor oportunidad para decidir si quieres seguir soportándome o pegarme una patada.

-… De acuerdo. De todos modos, no tenía nada que hacer en fin de año. Y ahora haz el favor de llamar al trabajo y decir que harás doble turno para suplir el haberme sacado así del trabajo. No, nadie ha pedido tu ayuda así que cierra la boca. De todos modos, ¡me hice daño por esperarte como una estúpida el otro día! Pero bueno-suspiró, encogiéndose de hombros o al menos intentándolo porque él seguía sujetándola-, eso ya lo has arreglado.

G.O. estaba acostumbrado a tener muchas citas, con todo tipo de mujeres diferentes, pero cuanto más lo pensaba, menos sabía dónde catalogar a Ailee. Algunas se habían hecho las duras e interesantes con él, por supuesto, no obstante era una simple fachada para atraerle todavía más. Con ella era diferente. Al principio sabía que le toleraba, otras veces la chica no le soportaba y ahora… ahora estaba enfadada con él. Ninguna se enfadaba con él, y si lo hacía, era realmente fácil tranquilizarlas.

Mientras perfumaba la ropa que quería ponerse al día siguiente, se preguntó por qué narices hacía todo aquello por una chica por enésima vez. Hacía tiempo que no se revolcaba con nadie en la cama por estar centrado en ella, ¿qué buscaba exactamente? ¿Restaurar su orgullo o…?

-Ni de coña.-se echó a reír de la posibilidad que su mente quería plantear. Enamorarse no estaba hecho para él. Era una fantasía creada para los soñadores que necesitaban sostenerse en otros para sentirse completos. G.O. no era así: por sí solo, se bastaba y se sobraba.

A pesar de que ella tuviera una forma tan directa de mirar, encandilándolo. Y de que cuando riera, mostrase graciosamente los dos dientes frontales superiores y le recordase a un tierno conejo. Tampoco podía estar enamorado, aunque le encantada la forma de sus piernas, apetecibles y seductoras. Ni porque le encantase la manera en la cual se pasaba la mano por el pelo para retirárselo mientras trabajaba. No era porque le trataba como una persona, y no un chico guapo con el que pasárselo bien. Ni porque supiera abrirle los ojos, siendo sincera, obligándole a reconocer sus propios errores y haciendo que deseara esforzarse por enmendarlos.

No. No podía estar enamorado por ese tipo de tonterías.

G.O. vio a Ailee llegar. La chica se colocó justo donde habían quedado. Generalmente y para disculparse, sería bonito hacer que un grupo comenzase a tocar a su alrededor hablándole de las maravillas de su cabello y de lo preciosa que estaba y entonces él apareciera con un gran ramo de flores, se arrodillase y pidiera disculpas. Oh, magnífica parafernalia para ganarse a cualquier chica menos a ella.

Cuando llegó a su lado, G.O. simplemente le sonrió y le tendió la mano. Ella se lo pensó unos segundos y finalmente decidió agarrarse de su brazo, aunque parecía visiblemente incómoda. No se había arreglado en exceso, y como sabía que eso sucedería, él tampoco había sido exagerado con su vestimenta.

Nada de locales caros. Si algo sabía de Ailee, era que se trataba de una chica sencilla, que gustaba de un ambiente calmado y acogedor más que de sitios exquisitos con comidas carísimas. Por eso escogió un restaurante típico coreano de ambiente familiar.

-Nunca imaginé que vinieras a sitios así-comentó ella cuando sentaron-. No sé, tienes más pinta de llevar a tus chicas a…restaurantes italianos y de pasta o cosas así…

-Pero tú no eres como ellas.-dijo sinceramente. A veces sentía que Ailee podía leer a través de él, y seguramente decir la verdad era su mejor baza para ganarse su confianza. Encargaron algo para cenar y comieron tranquilamente, con una conversación algo tensa al principio que fue relajándose a medida que avanzaba la velada. G.O. sabía y agradecía el esfuerzo que debía estar haciendo Ailee para estar allí con él, detestándolo como lo hacía.

Cuando terminaron, la mesera se acercó a ellos y les ofreció una botella de vino, argumentando que no acudían muchas jóvenes y guapas parejas por el local a menudo. Fue Ailee quien se lo agradeció, alegando que volvería a pasarse por allí para comer algún otro día.

Aún faltaba una hora para las campanadas, pero G.O. la dirigió a una plaza ante un gran televisor. Entraron en el edificio que había justo en frente, y subieron hasta una de las plantas. Las paredes eran de cristal y podía verse perfectamente la pantalla de la calle.

G.O. sabía que a Ailee la agobiaban las aglomeraciones de personas. Por eso había alquilado aquella planta de una compañía. Le pidió que esperase un momento allí, y al poco reapareció con una manta que colocó en el suelo, una botella de bebida, copas y uvas.

-Eres realmente meticuloso.

-Debo serlo si quiero ganarme tu perdón.-se sentaron sobre la manta, mirando hacia el gran televisor.

-El problema está en que si solo piensas en que yo disfrute, y tú no lo haces… será en vano. G.O., te agradezco todo esto. Sé que has elegido lo que hacer acorde con lo que me va a gustar, pero debe ser algo que ambos disfrutemos por estar en compañía, o se pierde la gracia. No sé qué habrás estado haciendo con otras mujeres hasta ahora, pero si solo te dedicabas a complacerlas y te olvidabas de ti mismo… ¿qué gracia tiene eso?-se quedaron en silencio. G.O. meditaba sus palabras, mientras ella se fijaba en la gente caminar bajo sus pies.

-Me lo paso bien. Aunque lo haga en predisposición a lo que vosotras queréis… me lo paso bien. Porque así, además, puedo intentar averiguar y descubrir más sobre otras personas.-algo esencial para el trabajo que Ailee desconocía.

Nuevamente, silencio. Destapó la botella y sirvió en ambas copas. Bebieron. Faltaban quince minutos para fin de año y no veía ningún tipo de mejora en su relación con Ailee. Disimuladamente, repasó con la mirada su perfil. Cuando llegó a sus labios apretó los puños, obligándose a no ser como un animal salvaje, lanzándose sobre la chica.

-G.O., no te detesto. Sé que crees que lo hago… pero no. Te aseguro que no es así.

No sabía por qué decía eso de repente, ni cómo responder.

-Ah…

-Pero huelo a peligro a tu alrededor. Eres alguien misterioso, que oculta un secreto y das miedo. Siempre con una máscara de perfección en el rostro, engatusando a todo el mundo, llevándolos a tu terreno. No quiero indagar en tu vida, pero el que no seas capaz de descansar ni un momento ante el mundo y mostrarte realmente…eso. Eso es lo que hace que no quiera acercarme a ti. Justamente, si acepté la cita del otro día, es para intentar conocerte un poco mejor, descubrir qué se oculta bajo la máscara que siempre llevas puesta.-bebió lentamente, sin dirigirle una mísera mirada.

-Entonces… ¿no te disgusto?

-Mmm…no.

– Pero… ¿tampoco te gusto?

-Si no me gustases ni un poco, no hubiera aceptado una cita contigo.

-Y ahora… ¿me has perdonado?

-Supongo. He visto cómo te has esforzado por contentarme, lo que debes haberte fijado en mí para saber cómo hacer que me sienta relajada.-no tenía palabras, ¿de dónde había salido esa mujer y por qué le hacía sentirse desnudo ante una multitud, descubriendo un nuevo su que nunca había esperado tener?

Una máscara… sí. Desde muy pequeño, así había sido G.O., ocultando el dolor, las preocupaciones y cualquier cosa que pudiera delatarlo ante los demás, dándoles una oportunidad para herirle. Risas, risas, risas… risas vacías. Ailee debía ser algún tipo de bruja, para ser capaz de descubrir todo aquello que tan íntimamente había guardado bajo llave en un baúl bajo el mar de sí mismo y que nadie antes había logrado abrir.

-Van a comenzar las campanadas…

-Cierto.

-G.O.

-¿Qu…?-no pudo finalizar la pregunta. Ailee le estaba besando. Pasional, sincera, entregada. Le exploraba y sabía que él no iba a resistirse, ¡y tanto que no! Igual que lo había comenzado, ella acabó el beso. No se separó mucho de su rostro para hablar, clavando con fuerza sus ojos en los de él, agarrándolo del cuello de la camisa. En algún momento había pasado a estar sentada sobre G.O., apresándolo contra el suelo.

-He confiado dos veces. Y a pesar de tu máscara, sé que puedo seguir haciéndolo. Pero G.O…. conmigo no se juega una noche y adiós muy buenas. Así que decide, aquí y ahora.

No, no podía enamorarse. No iba con él… pero… pero si Ailee era una bruja… quizá podía ser embrujado por ella. Sí, eso era.

La respuesta fue otro beso. Más pasional, más feroz. Las turnas cambiaron, la tumbó sobre el suelo. Rodaron, tiraron las copas, la botella. El líquido se desparramó por el suelo, pero ellos seguían luchan sin descanso. De fondo se escuchaban las campanas sonando. Un año finalizaba, otro comenzaba. Se detuvieron. La decisión de G.O. estaba clara.

-Feliz año nuevo, G.O.

-Feliz año nuevo, Ailee.-vale… su propósito ese año iba a ser sincerarse un poco más con la gente, con la chica y sobre todo, consigo mismo. Pero había algún que otro secreto que todavía tendría que guardarse para sí mismo un poco más.

Bimil

4 respuestas a “비밀” Bimil – secreto. Especial Navidad II

  1. Mercedes Casiano dijo:

    Ownnnnnnnnnnn mi peludito, mi mostachudo, mi biG.Otudo!! (Se desmaya +__+) Gracias has hecho feliz mi noche,,, ♥_♥

  2. cekila85 dijo:

    están geniales los especiales acabo de leer los dos y estoy fascinada ahhhhhh!!!! no paro de sonreir!!!! GRACIAS!!!!!

  3. sandy dijo:

    ahhh q lindo….de todos cuando termino el fic G.O. era el q me tenia como preocupada (aflora mis finales rosa jejej)…y me gusto el especial q ternurita y q buen inicio de año xa los dos,…=)…pregunta…no haran un espercial de san valentin con las parejitas ahhh yo quiero mucha miel y romanticismo jejejej….gracias una vez mas.

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