“비밀” Bimil – secreto. Especial Navidad I

By @Jeannelok y Nuna

lotte world 7

Navidad…

En Navidad hasta los agentes especiales del GOSE hacen las mismas cosas que la gente normal. Celebran la Nochebuena en familia, pasan la Navidad con ella… bueno, eso si no están de misión especial, porque de todos es sabido que los malos no descansan ni se toman vacaciones navideñas.

A Joon le gustaban las celebraciones, pero por encima de todas, le gustaba la Navidad. Tenía buenos recuerdos de su infancia y adolescencia, cuando todo el mundo le adoraba y las Navidades eran un no parar de reuniones familiares y con los amigos, de intercambio de regalos, y de alegría sin fin.

Lejos quedaban ahora tanto su familia como aquellos amigos (y alguna amiga que otra), pero sin embargo tenía a Seung Min. Lo malo es que a Seung Min la Navidad no le entusiasmaba demasiado. Tras una infancia abruptamente interrumpida, y una vida entera de lucha y de sentirse sola o perseguida, era normal que Seung Min no conociera la parte divertida de una celebración que para ella no era más que unos días en el que las calles se llenaban de luces, de árboles de Navidad, y la gente se volvía loca comprando regalos. Seung Min era al espíritu navideño, lo que una gota de aceite al agua: no se mezclaban.

Y él quería devolverle esa ilusión que alguna vez tuvo aunque ni siquiera lo recordara o lo hiciera vagamente.

Para eso, tenía a Soo Min. Su caso era distinto. Ella sí que había vivido lo que era la Navidad junto a su madre, y aunque sólo habían estado las dos, la habían disfrutado. Esto fue lo que ella le dijo cuando le comentó el asunto. Joon quería vivir la Navidad, Soo Min también, y ambos querían que tanto Seung Min como Seungho lo hicieran con ellos. Y es que Seungho también tenía lo suyo. El líder no tenía ni la más ligera noción de lo que era vivir unas navidades felices en familia. De hecho, después de escuchar la confidencia de Soo Min sobre quién era el padre de Seungho (y pobre de él si se lo contaba a alguien más), y de cómo ese hombre entendía el hecho de “educar” a un hijo, entendía perfectamente que su líder no supiera siquiera lo que era vivir algún buen momento en familia.

Pero ahora ellos cuatro eran familia. De la noche a la mañana, Joon no sólo había ganado a una hermana a través de Seung Min, sino que también había ganado un cuñado… el líder. Aunque todavía le resultaba difícil pensar en él más como hermano que como jefe.

Joon y Soo Min se habían empeñado en transmitirles algo de espíritu navideño a sus parejas, e iban a hacer todo lo posible por proporcionarles unas Navidades en condiciones.

Y en la víspera de Nochebuena, les propusieron, aunque más tarde casi tendrían que obligarles, a pasar el día siguiente en un sitio emblemático de la ciudad, símbolo de diversión y de tiempo de ocio bien aprovechado para cualquier seulense que se preciara: el Lotte Park.

Seung Min torció el gesto y Seungho resopló al oír aquello, pero ambos insistieron e insistieron en que pasarían el día allí hasta que anocheciera, y entonces volverían a casa y cocinarían juntos una gran cena de Nochebuena.

Así que, allí estaban, entrando al Lotte Park, dos de ellos llenos de emoción, y los otros dos preguntándose cómo narices les habían convencido para ir a un parque de atracciones infantil. La presencia de la pista de hielo les ayudó a convencerles, pero no iban a pasar todo el día patinando…

Tras un rato, y mientras avanzaban por el iluminado lugar lleno de gente, y sobre todo, de niños, hubo una gran discusión que terminó en triunfo para el bando de Joon. Tras mucho insisitir, consiguieron que el bando de Seung Min también se colocara la diadema con las orejas de tigre. Todo el mundo llevaba cosas así, algunos llevaban gorros de invierno con todo tipo de animales encima… incluso un guardia de seguridad del parque llevaba un gran conejo rosa en la cabeza.

Así que, con mucho esfuerzo, Seung Min y su cuñado vencieron las reticencias, y más por evitar que la discusión arruinara el día que otra cosa, se colocaron sus diademas.

Pero Seung Min seguía protestando. Así que Joon le señaló una familia que caminaba delante suya.

– Venga, mírales, ¿acaso se avergüenzan ellos?

Joon los observó mientras Seung Min los descartaba con rapidez como posible justificación para lo que a ella le parecía hacer el ridículo. Eran cuatro. Un hombre delgado y casi encorvado, al que su mujer le sacaba por lo menos un palmo sin tacones. Los niños caminaban formalmente a uno y otro lado de la pareja. Un chico y una chica.

El padre llevaba unas orejas redondas atigradas en color blanco y negro. La madre no llevaba nada, puesto que con aquella melena rubia dorada y aquel vestido ajustado que mostraba sus perfectas curvas, no le hacía falta nada más para llamar la atención. Los niños llevaban gorritos. Con orejas de oso o de perro según su perspectiva.

La mujer señaló algo, y entonces el marido se volvió en la dirección que ella indicaba y mostró su perfil.

– No puede ser – exclamó Joon.

– ¿Qué pasa? – preguntó Seungho.

– Ese hombre… se ha dado la vuelta un segundo y me pareció… No. Imposible. No puede ser él.

– ¿Quién te pareció que era? – preguntó Seung Min curiosa.

Joon sacudió la cabeza.

– No puede ser – repitió, dando por zanjada la cuestión.

Pero el niño tiró ligeramente del brazo de su padre, y éste no sólo se giró, sino que se agachó para poder escuchar lo que el pequeño tenía que decir a través del sonido del gentío, y entonces todos lo vieron. Joon se había equivocado. Sí podía ser. De hecho, era él.

– No estoy viendo lo que estoy viendo – dijo Soo Min con la boca abierta cuando los cuatro se detuvieron llenos de sorpresa.

El padre estaba respondiéndole algo al crío y después le pasó el dorso de la mano con ternura por la mejilla, para sacudirle el pelo cariñosamente a continuación. La madre, que también se había detenido junto con la niña, se volvió hacia ellos dos y sonrió con una expresión feliz. Era guapa, muy guapa. De hecho, Joon habría jurado después que podría haber sido la mujer más guapa y despampanante de todo el Lotte. Rubia, ojos azules, nariz recta y pequeña, labios gruesos… no era coreana, por supuesto, y ahora entendía por qué todos los que pasaban a su lado se la quedaban mirando. No sólo era una occidental de metro ochenta paseando con sus niños al lado de un coreano de estatura media… era una mujer muy hermosa. Despampanante.

– Díos mío, dios mío… estamos viendo visiones. ¿Tiene esposa y familia? – susurró Soo Min -. ¿Desde cuándo?

Se acercaron un poco.

– Es un artefacto adaptado – explicaba el padre -, una aplicación de las antiguas norias de agua o de las que se utilizaban para moler grano y aceitunas. ¿Ves? Los ejes son cables tensados. Al no haber agua que la impulse y le sirva de fuente de energía, se incorporan elementos mecánicos y eléctricos para hacerla girar…

– ¿Pero qué le está contando a un niño que apenas tiene seis años como mucho? – susurró Seungho.

Todos se quedaron boquiabiertos cuando el niño respondió:

– ¿Sería posible conseguir componentes para hacer una réplica en miniatura, papá? Me gustaría añadirla a la colección de maquetas. Pero sería genial que funcionara. Que girara y esas cosas.

La niña se soltó de la mano de su madre y se acercó. Era más alta que el niño, pero nadie supo decir después si esto podía deberse a que era mayor que él o a que había heredado la forma física de su madre.

– ¡Sí, papá! – exclamó -. Y podemos añadirle un circuito de iluminación además del motor. ¡Será genial!

– ¿No os parece que eso estaría algo por encima de vuestros conocimientos? – preguntó la madre, sonriendo, y en perfecto coreano -. Todavía os queda terminar el proyecto de la grúa fija.

El niño esbozó un gesto de decepción. Pero el padre volvió a sacudirle el pelo.

– Haremos una cosa: primero terminaremos la grúa, y cuando consigamos que levante una carga moderada sin tambalearse, entonces comenzaremos a diseñar el proyecto de la noria.

Su voz fue tan cariñosa y tan suave, que los cuatro testigos de aquel extraño momento familiar se quedaron totalmente de piedra.

Entonces el hombre levantó la mirada y les vio. Su gesto tierno cambió para mostrar sorpresa, y muy rápidamente volvió a mostrar la cara fría e inexpresiva que les era más familiar. Insanity, el científico loco de la unidad de élite más conocida por GOSE, se levantó, le pidió a su familia que le esperaran unos segundos, y se acercó a sus compañeros, que todavía estaban intentando encajar lo que habían visto.

– Buenas tardes – saludó, en tono neutro.

– Son… ellos… – balbuceó Joon.

– Sí. Mi esposa y mis hijos – afirmó Insanity.

– Dios mío, son pequeñas réplicas tuyas – a Seungho se le escapó el pensamiento en voz alta. Iba a pedir disculpas por lo que podría considerarse una descortesía, cuando otra vez se sorpendió hasta el infinito al ver la sonrisa amplia y orgullosa de Insanity.

– Gracias – dijo -, pero esa afirmación podría no ser del todo correcta. Físicamente se parecen a su madre, lo cual agradezco bastante, porque hay por ahí un par de genes recesivos que no debieron aflorar en su generación, y ahí están, para afianzar la idea de que la naturaleza hace y deshace a su antojo. Sin embargo, a nivel intelectual, no sabría decir a quién se parecen.

Las dos asombradas parejas se miraron entre ellos.

– Su madre es un genio. Un verdadero genio. Su coeficiente intelectual es mayor que el mío incluso… algo que a veces me hace sentir incómodo, por cierto.

Insanity se volvió hacia su familia y les indicó que se acercaran.

La rubia se aproximó llevando a los dos niños de la mano y sonriendo de tal forma, que la palabra radiante se quedaría corta para describirlo.

¿Qué hacía una mujer como aquella con un tipo como Insanity, que sólo se preocupaba por lo que ocurría tras las puertas de su laboratorio? O quizás esa era la imagen preconcebida que tenían de él, y resultaba que Insanity no era un hombre muy distinto a cualquiera de los demás… sólo que un tanto peculiar.

– Esta es mi esposa, Emelie. Es originaria de Suecia, pero nos conocimos haciendo una investigación para el Instituto Smithsonian.

Insanity le lanzó una mirada de total adoración a su mujer, que ésta correspondió con otra aún más intensa. Si había que hablar de química, la que había entre esos dos podía hasta verse. Átomos de amor intercambiándose de uno a otro cuerpo en órbitas perfectas podría haber sido una manera de explicarlo al modo de Insanity.

La mujer estrechó sus manos sonriéndoles.

– Estos son Herman y Linnea – dijo ella, presentándoles también a los niños.

– Encantados de conocerles – replicaron las dos vocecitas al unísono.

Todavía asombrados, sólo podían mirarles, sin decir una palabra. Fue Seungho el que rompió su silencio, al ver que éste podría tomarse como una descortesía.

– Lo siento si estamos algo… desconcertados, pero no sabíamos que Insanity tenía familia.

– ¿Cómo te ha llamado, papá? – preguntó el niño.

– Es un apodo cariñoso, hijo.

Seungho se sonrojó. Ni siquiera sabían su verdadero nombre.

– Mi papá se llama Kang Min Ho – dijo la niña, luego le susurró a su madre -: Pero, ¿por qué le llaman así? Esa palabra en inglés significa… – la niña arrugó el ceño.

– Ya ha dicho papá que es un mote cariñoso – explicó la madre en voz baja -. Una broma entre compañeros de trabajo.

– ¿Trabajáis con papá? – al niño le brillaron los ojos -. Sería maravilloso saber las investigaciones que hacéis juntos. ¿Química nuclear? ¿Astrofísica? ¿Genética molecular? ¡Papá nunca nos cuenta nada!

Insanity le dedicó una mirada de reprobación, y el niño se calló de inmediato.

– Disculpadle – dijo -. Es un niño muy inquieto, y por eso pregunta tanto.

– ¿Queréis que comamos juntos? – propuso Seung Min.

Insanity y Emelie se miraron. Hubo un momento de comunicación entre ellos y luego sonrieron.

– Será un placer – dijo Emelie.

Durante la comida, la extraña pareja dio algunos datos que todos se morían por saber y nadie quería preguntar, mientras los niños callaban y escuchaban, dando muestras de una más que correctísima educación tanto en su comportamiento como en sus modales en la mesa.

Insanity, o Kang Min Ho, y Emelie se habían conocido realizando una investigación para el Smithsonian, y fue totalmente alucinante escuchar a Emelie relatar cómo se había sentido irremediablemente atraída por la meticulosidad y el asombroso intelecto del miembro coreano del equipo investigador. Según les contó, para ella fue amor a primera vista, y le costó muchísimo hacer que Min Ho entendiera sus sentimientos. De hecho, él quedó totalmente desconcertado cuando ella, un día en que se hartó de que sus intentos de aproximación pasaran desapercibidos, se le declaró sin más.

Entonces Insanity les contó que en un primer momento pensó que ella le tomaba el pelo, aunque la sinceridad en su mirada y el ligero temblor en su voz indicaban lo contrario.

Tras unos meses de relación, y al comprobar que más allá del trabajo, eran totalmente compatibles a nivel espiritual, descartando un posible “apego transitorio hormonal”, decidieron casarse.

Seung Min, algo más descarada, no pudo evitar en ese momento preguntarles cómo conseguían llevar una vida normal en familia, dado que Insanity solía pasar días enteros en el laboratorio.

Emelie sonrió.

– Videoconferencia – dijo, con serenidad -. Yo entiendo más que nadie cómo se siente un científico cuando está totalmente inmerso en una investigación. Sé que no nos desatiende, y sé que no nos quiere menos por pasar unos días fuera de casa. Está trabajando para mejorar el mundo y para contribuír a la ciencia. Para mí eso es un orgullo. Lo último que quisiera es limitar su potencial. Ambos lo discutimos antes de casarnos, y también antes de tener a los niños.

– ¿Y tú? – preguntó Soo Min -. Insa… Min Ho dice que tienes más potencial que él.

Emelie rió.

– ¿Eso ha dicho? – observó a su marido con una mirada cargada de amor mientras éste se sonrojaba tímidamente, levantando la sorpresa entre el resto de miembros del GOSE, y hasta una sofocada exclamación de Joon -. Bueno, yo también hago mis investigaciones en casa. Tenemos un pequeño laboratorio allí. Pero uno de los dos tiene que permanecer cerca de los niños y yo quise adoptar ese rol. Ahora investigo por placer, no por encargo o contrato. Sigo publicando en revistas científicas. Se puede decir que soy más feliz, porque estoy cerca de mis hijos y profesionalmente me dedico a lo que quiero, cuando quiero y cuanto quiero.

– Cariño, sabes que si quisieras volver a la circulación, yo sería el primero en apoyarte – intervino Insanity.

– Gracias, lo sé. Pero sabes que soy feliz tal como estamos.

La comida continuó al tiempo que unos iban menguando su asombro inicial y otros iban mostrando que no eran ni más ni menos que una familia normal, que se adaptaba a sus propias circunstancias.

Fue asombroso, revelador, y tuvieron que reconocer que bastante agradable. Emelie era encantadora, tanto por dentro como por fuera, y los niños, lejos de ser unos pequeños resabidos, aunque mostraban un intelecto muy por encima de su edad, también se manchaban la ropa con el postre y se ilusionaban con pequeñas cosas como los demás, aunque siempre acorde con sus propias inquietudes.

Fuera lo extraña que fuera su familia, su forma de vida, o la relación entre todos ellos, lo que estaba claro era que se querían muchísimo… y eran muy felices. Quizás, eran mucho más felices de lo que pudiera ser cualquier otra familia “normal”.

Tras la comida, se despidieron. Insanity les confesó que no disfrutaban de mucho tiempo en familia y querían aprovecharlo con los niños. Conociéndole, sabiendo cómo era, todos comprendieron perfectamente a qué se refería.

Los observaron mientras se iban. Herman propuso que cantaran una canción, y su hermana empezó a entonar una conocida melodía infantil, cuya letra habían cambiado radicalmente. La niña se alejaba mientras canturreaba los gases nobles de la tabla periódica. Sus voces se perdieron entre las de la gente cuando Emelie, Insanity y Herman se unieron a ella.

– Increíble – musitó Joon.

– ¿Has visto cómo la mira? Adoración no es suficiente para definirlo – le dijo Soo Min a su hermana.

– Sí. Y ella también. Creo que jamás he visto a una pareja tan unida – respondió Seung Min.

– Y tan enamorada.

– Los niños son preciosos. ¡Y tan listos! Yo no sabría qué hacer con un niño tan inteligente.

– Sí – rió Seung Min -. Imagínate que un día se le ocurriera preguntarte las valencias del carbono.

– ¡Me haría volver a estudiar!

La animada conversación entre las hermanas fue interrumpida por un leve carraspeo de Seungho.

– ¿Os parece que subamos en alguna atracción? – dijo, animado.

– Sí – Joon apoyó la idea -. Y hagámoslo antes de que estas dos decidan que deberíamos parecernos más a Insanity como pareja… no lo soportaría.

– El tío es bueno… – murmuró Seungho al oído de su compañero cuando las chicas no le oían -. Pero me pregunto en qué momento tuvo tiempo para hacer a esos dos pequeños.

Joon rió con ganas.

– No creo que fuera por videoconferencia… a no ser que Insanity haya ideado algún método científico que nosotros no conocemos.

***

Aquella noche, después de cenar y de acostar a los niños, Kang Min Ho y Emelie Lindberg intercambiaban impresiones sobre el encuentro con sus compañeros de trabajo.

– Creí que me moría del susto cuando les vi – decía el marido -. ¿Crees que se habrán dado cuenta?

– Mmmmm… no lo creo. Sólo mirándote no creo que pudieran adivinarlo, quizás si hicieses alguna demostración de fuerza en el trabajo, de forma descuidada, podrían averiguarlo, pero no por lo de hoy. Has podido evitar que te descubran todo este tiempo, ¿por qué estás tan preocupado precisamente ahora… No lo sabrán.

– Mmmmm… eso espero. No sé, quizás verles fuera del entorno normal me hizo sentir inseguro.

– De todas formas, algún día se darán cuenta de que tu envejecimiento celular es anormalmente lento, y entonces tendrás que explicarles lo que hiciste.

– No tenía a nadie con quien experimentar – se excusó el científico -. ¿Qué querías que hiciera, darle longevidad a un roedor? Y luego, cuando obtuve el éxito, ¿iba a dejarte fuera? Siempre estaremos juntos, no podría vivir si tú no estás.

– Sí, cariño, lo entiendo. Yo también estuve de acuerdo en que me inocularas el agente… pero algún día se darán cuenta.

– Renunciaré antes de que eso pase. Les diré que he aceptado una de las miles de ofertas que me hacen para investigar y nos iremos.

– ¿Y qué haremos con los niños?

– Ellos también serán como nosotros… algún día. Esperaremos a que crezcan y después se lo explicaremos. Están bien educados, serán muy útiles a la sociedad y a la comunidad cientifica.

– Tenemos unos niños preciosos…

El marido le dedicó una mirada pícara a la mujer rubia.

– Sí… pero sigo pensando que son pocos.

Bimil

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8 respuestas a “비밀” Bimil – secreto. Especial Navidad I

  1. Mercedes Casiano dijo:

    Waaaaaaaaaaaaaaa!!! Ya los extrañaba!!!! Gracias x este regalo de navidad!!! ¿Cuando leeremos el siguiente capitulo? Lo esperare con ansias!!! 🙂

  2. Ana dijo:

    Wow quiero más !!!!! Cuándo el próximo capítulo? Mmm cambiando de tema 🙂 no se cómo inscribirme a este blog jijiji si alguien fuera tan amable de decirme como se los agradecería un montón 🙂

  3. Agra dijo:

    Waaaa, ahora me surgen demasiadas preguntas. ¿Estarán pensando en tener tantos como… un equipo de fútbol o como un ejército, pensad que si viven más tienen más tiempo para hacerlos XDDD? ¿Estará Insanity pensando dominar el mundo junto a su prole? Que este tío es un peligro, jajaja.
    ¡¡Genial regalo de navidad chicas!! Me encantan este tipo de encuentros desconcertantes y divertidos entre los personajes.

  4. TonksMi dijo:

    waaaa, gracias por el regalo de navidad soy muy feliz ^.^, espero con ansias el siguiente capítulo, amo cómo escribes y en definitiva amo a mblaq, combinación perfecta ^.^

  5. sandy dijo:

    ahhh q si llevo desconectada como dos meses del blog y revisando (gracias a dios)…me encuentro con esto ahhhh q alegria, sera empezar a leer (aunq este en la oficina)….gracias y aunq tarde FELIZ AÑO!!!! , abrazos gigantes desde COLOMBIA…=)

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