Oh, my Venus. Episodio 7

Por Nuna para Bombasoju

Después del final tan ♥♥♥♥♥ del capítulo 6, la vida es bella, el mundo es precioso, y el calentamiento global, una delicia. ¡Vivan los grados centígrados, los Celsius y hasta los Fahrenheit!

Por tu culpita toda

 

Venga, vamos a verlo otra vez:

WIIIIIIIIIIII.

El gran entrenador, ha caído. Jijijijijiji.

Volvemos a ver el momento kissu, kissu, y deseando estábamos saber qué pasa a continuación.

Pues lo que pasa es que Young Ho (So Ji Sub) está feliz como una perdiz, y Joo Eun (Shin Min Ah) está muerta de la vergüenza, porque es que creo que no se lo esperaba para nada. Aunque también creo que ahora ya no piensa que él le esté tomando el pelo.

Pero no sabe cómo reaccionar. Y no puede ni mirarlo a la cara. Por eso le pide que se quite su chaqueta, que se la dé, y así poderse esconder bajo ella durante el camino de vuelta a casa.

Young Ho está muerto de la risa, a la par que contento, e intenta quitársela varias veces.

Cuando llegan, Joo Eun sale zumbando hacia su habitación para no enfrentarlo, y le deja la chaqueta en la puerta poco después. Young Ho la recoge, y le da las buenas noches a través de la puerta.

Está encantado con ella, con la situación, con su rodilla, con el mundo, con el azúcar y con todo.

A partir de ese momento, la pobre Joo Eun pasará el resto de la noche encajando la situación, y después, soñando con él todo el rato. En sus sueños, se refleja la nueva realidad que vive con él: el hombre que la provoca y la besa, y el entrenador inflexible y estricto.

Al día siguiente, le apetece ponerse mona. A alguien le puede parecer que es para gustarle más a Young Ho, y una parte de razón tiene. Pero la realidad, es que un poco de maquillaje y perfume no suponen nada, y más con Young Ho, que la ha visto en las peores situaciones. Es el hecho de recuperar las ganas de estar guapa lo que me parece muy positivo en esto. Porque en términos de autoestima, Joo Eun está mejorando muchísimo.

Cuando sale de su habitación, todavía insegura sobre cómo reaccionar cuando se lo encuentre, resulta que él la está esperando en la puerta con esa sonrisa maliciosa. Algo trama…

“Gracias por tu regalo de ayer, hoy me toca a mí”.

¿Reeeegalo? ¿Qué regalo? ¿Es el lo del “día de Joo Eun”, es lo de abrir su paladar a los dulces, o habla del beso? OTTOKEEEEEE. Ya estamos jugando…

Pero no es ninguna de las tres. Su regalo es pesarla y que se dé cuenta de que en un día de desmadre calórico, ha ganado nada más y nada menos que un kilo y ochocientos gramos. Y la continuación del regalo, es subirla a la maquinita, y hacerla correr como loca. Está en modo entrenador implacable, y hasta el formalismo para dirigirse a él quiere que utilice.

Joo Eun intenta que le deje bajar el duro ritmo, pero Young Ho está totalmente convencido de que ni un día se puede permitir. Su cuerpo tiene que durarle toda la vida, y no puede estar cuidándolo a ratos, tiene que ser constante.

“¿Y a ti que te importa? No vas a estar conmigo toda la vida”.

“Bueno, de eso no estoy seguro todavía”.

“¿Te parezco enferma ahora?”

“¿Te parezco débil?”

O sea, que no va a ceder, que toca volver a correr y punto. Da igual que te pases poniéndole velocidad a la maquinita, salgas despedida y te dé un abrazo por detrás, mientras te pregunta si es eso a lo que se refiere la gente cuando habla de ellos. Da igual que siga con sus bromas y provocaciones. ¡A correr!

La pobre Joo Eun, se va para el curro sin saber en qué terreno afectivo se mueve con Young Ho, aunque por lo menos tiene claro que su entrenador sigue siendo igual de duro que antes (esa distinción entre ser y estar del español, muajajajajaaaa, pero aunque sea, creo que también está, XD). Lo único que ha cambiado es que ahora sonríe con más frecuencia.

Para colmo de males, en el despacho hay un follón que no veas. La madre de la chica que agredió aquella ricachona insoportable que Oh Soo Jin (Joo In Young) defendía, se ha presentado indignada en el bufete, y le está gritando de lo lindo. La mujer está que trina. Porque tras la agresión a su hija, que es una trabajadora modesta, sólo ha recibido la visita de abogados que le han ofrecido dinero. Y ella lo que quiere es una disculpa. Es muy fácil dar una parte ínfima de tooooodo lo que tienes para solucionar un problema que has creado, sin molestarse en, por lo menos, poner un poquito de sinceridad o arrepentimiento. O cuanto menos fingirlos.

Es Joo Eun quien va a sacarle a Soo Jin las castañas del fuego. Primero, se lleva a la mujer del despacho para hablar tranquilamente con ella tomando un café. Después, LA ESCUCHA. A la gente agraviada le gusta que la escuchen, joer, qué mínimo que eso. La hija de la señora tiene la cara llena de arañazos, ha sido humillada, y el dinero no sirve para reparar el daño moral. Es mucho, y no podrá optar jamás a tanta cantidad junta en su vida, pero el daño moral es más importante. ¡Que los pobres también tienen dignidad, oye!

Joo Eun lo tiene claro cuando aconseja a la mujer qué hacer. Tiene que aceptar ese dinero. Y tiene que hacerlo porque, por mucho que la situación sea injusta, y sí merezca una disculpa, la persona que la ha perjudicado no lo siente así, ni lo va a sentir nunca, porque se cree por encima del bien y del mal. Ahora bien, tiene que presionar y presionar. La cosa ha trascendido a los medios (precisamente por eso le ofrecen dinero, que antes ni eso), y ahora ella tiene la sartén por el mango.

Si se pone dura y sigue presionando, al final, conseguirá mucho más dinero, y encima, aunque sea de forma hipócrita y nada sincera, alguien terminará disculpándose con ella. No es la solución ideal, pero es lo máximo a lo que puede aspirar. Pretender cambiar a la gente malvada, es otra historia. Un imposible. Y además, por si sirve de algo, le pide disculpas por ese hecho. La mujer, ya más calmada, se muestra agradecida con ella.

Y es que Joo Eun, tiene muy clara la forma de actuar en estos casos. Ya no por ser una abogada, sino porque lo vivió en sus propias carnes, cuando su padre murió en un accidente laboral, y se presentaron en su casa los abogados de la empresa, con la misma actitud que acaba de describir la señora. O sea, lo sabe por experiencia.

Recordar lo vivido en propia carne, la hace querer llamar a su madre. Ella está con su hermano y la cuñada. Están ultimando los preparativos para la inauguración de su restaurante. Tenían pensado hacerlo el siguiente fin de semana, pero al saber que ella no puede acudir, su madre insiste en retrasarlo. Y hace bien, que es la inversora principal, ajjajajajaa.

De vuelta al despacho, toca reunión con Soo Jin para hablar de lo ocurrido. ¿Dónde quedaron para Soo Jin los ideales de ser abogadas de causas justas? ¿Cómo es posible que su interior haya cambiado tanto como su exterior? Soo Jin le repite lo que ya le dijo: no quiere volver al pasado. Y le repite también otra cosa que ya le dijo: ciertas cosas siguen ocurriendo y necesitan ser atendidas, aunque no les guste. Y dado que ha intervenido en el caso, de ahora en adelante ella se encargará de negociar la indemnización, así Soo Jin se libra de dar la cara y de disculparse por la parte que le toca. Por lo pronto, la ricachona ha aceptado hacer una disculpa pública, y parece ser que aumentarán el dinero que tenían pensado dar también. Se cumplen los pronósticos de Joo Eun, y además, si esto es un castigo, añadimos a la lista otra cosa que le sale mal a Soo Jin, porque creo que esta mujer, de entre todos los abogados del mundo, solo escucharía a Joo Eun.

Joo Eun le echa en cara que sea tan ruin en su trabajo. En lo personal, puede pasar que le haya robado al novio, pero para Joo Eun, que sea indecente profesionalmente sí es algo importante (no te hoooode, a ver quién se acuerda ahora del Woo Shik ese asqueroso, cuando tenemos al super entrenador estupendón).

Oh Soo Jin le responde algo con lo que, oye, por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy totalmente de acuerdo. Y es que a un tío no te lo roban. Un tío se va solito si le da la gana. Y si se va, pues hasta luego. Y también estoy de acuerdo, en que todo lo que tiene uno lo puede perder, ya sean personas o bienes materiales. La vida es así. Hoy estás arriba, y mañana abajo.

Pero intuyo que en el caso de Woo Shik (Jung Gyu Woon), no tardaremos en verle volver arrastrándose. Y la patada en el c*lo que espero por parte de Joo Eun, tiene que ser antológica.

Respecto a lo de no vivir en el pasado… Perdóname, Soo Jin, pero Joo Eun sigue adelante con su vida y con sus metas, y hasta hace poco, Woo Shik era muy mucho su presente. La que está inmersa en una estúpida venganza por hechos y envidias PASADAS, y la que se ha encaprichado de un tío sólo porque fue el único que la trató bien en el PASADO, eres tú, guapa. He dicho.

Y después de esto, para quitarnos el mal sabor de boca, POR FIN, veo un reencuentro que estaba esperando como el agua. El de Young Ho y su abuela.

Ella está haciendo otra de sus visitas a la tumba de su hija, y de repente, lo tiene al lado, mostrando también sus respetos a su madre.

Ya en la calle, por fin la achucha. Se estaba muriendo por hacerlo. Qué bonito.

Pero el que casi me hace llorar es el secretario Min (Choi Jin Ho), que se emociona hasta las trancas al verlos juntos, y tiene que esforzarse a mil para reprimir sus lagrimillas. Al final me cantidadenamoro de él, ¿eh?

El caso es que hablar con la abuela es la última intentona que puede hacer Young Ho para que no le obliguen a trabajar en la empresa. Ésta, siente una mezcla extraña de cosas por él: Arrepentimiento y pena por la vida que le ha tocado vivir, pesar por tener que obligarle a hacer algo que sabe que no quiere hacer, y enfado por haber sido él un nieto díscolo.

Sin embargo, siendo la empresa que levantaron ella y la madre de Young Ho, no concibe que él no la herede, así que, el arrepentimiento, el pesar, y la pena, quedan relegados hasta próximo aviso. Por otra parte, se siente ya mayor, así que, tiene prisa por que Young Ho se sitúe donde debe. Quiere dejarlo bien establecido, y sabe que va a haber guerra.

Él insiste. Es capaz de gastar todo el dinero construyendo centros de lucha contra el cáncer y de rehabilitación, llevando así la empresa a la ruina. Pero la abuela no ceja en su empeño. Le pide perdón por no respetar sus decisiones, y a la vez le da las gracias porque piensa que hará lo que tiene que hacer.

Pero vámonos a cosas más divertidas.

Nuestra Korean Snake (Sung Hoon) está entrenando, y adivinad quién se presenta en el atestado gimnasio dando gritos. Sí, Jang Yi Jin. Está enfadadísima porque él ha vuelto a rechazar el anuncio. Está dispuesto a hacer las fotos, pero su agenda le imposibilita comprometerse más allá de eso. Lleva una minifalda tan corta, que Joon Sung no puede menos que lanzarle su chaqueta a las piernas para que se tape, pero la chica lo que quiere es gustarle, así que la chaqueta le dura cero coma encima. Yi Jin busca por todos los medios estrechar de alguna forma la relación con él o ganar confianza, pero siempre topa con un muro, así que al final, por rabia, desesperación y orgullo, rompe a llorar. Y ahí sí que lo deja sin defensas, porque no sabe cómo reaccionar. Y menos cuando ella se le echa encima y le confiesa que sus rabietas son por orgullo, porque él no le hace caso y la chica es fan suya.

Ya no sabe qué hacer para llamar su atención y ganárselo.

Pero aunque parezca una piedra, Joon Sung tendrá que acostumbrarse a ella, porque está empezando a verla por todas partes. Literal. Está en todas partes, no sólo porque se aparezca de improviso donde él vaya, sino porque con la cantidad de publicidad que hace, hay fotos suyas hasta en los vestuarios del gimnasio.

Eso sí, el cachondeo que se llevará Ji Woong (Henry) con el momento abrazo de la chica, lo traerá frito durante un buen rato. Llegan a casa, y el mánager aún se está burlando de él. Menos mal que otra cosa llama la atención del trío sano. Joo Eun va de un lado para otro con su maletín de cuero, y éste huele fatal. Se dejó dentro una mandarina la última vez que lo utilizó… hace un año. Y está intentando limpiarlo. Ji Woong y Joon Sung salen zumbando, y ella le explica a Young Ho que es su maletín especial. Lo llevó la primera vez que ganó un juicio y ahora lo utiliza siempre que tiene uno importante.

Los dos se quedan pensativos. Los dos reparan a la vez en el sillón de masaje que tienen cerca. Los dos se acuerdan del momentazo que vivieron en él…

THIS moment

Y es que, como todavía tienen pendiente resolver los motivos y circunstancias del beso, pues están ambos sensibles. Sobre todo Joo Eun, que no sabe cómo actuar ni lo que significó ese beso. Lo que es Young Ho, creo que lo tiene bastante claro. ¿Por qué no se lo dice ya? Cuánto le gusta tenerla en vilo.

Gastándole una broma sobre el mal olor de su maletín, Young Ho vuelve a escaquearse de la seria conversación que les está haciendo falta.

Joo Eun continúa intentando salvar el maletín en su habitación, pero sigue pensando en lo otro y anda medio enfadada. Necesita que él le explique qué son, por qué la besó, si esto significa algo… ¿Por qué dio ese paso para dejarlo luego todo en el aire?

Menos mal que llega Ji Woong para rescatarla de su mal humor. El chico ha puesto en la tele un programa de danza deportiva y la ha llamado para hacer ejercicio mientras se divierten. Como Young Ho se va a tomar el aire y sigue sin dar explicaciones, nuestra abogada termina bailando y divirtiéndose mucho con Ji Woong.

La distracción es corta. De nuevo en su habitación, a vueltas a pensar en lo mismo. Por la mañana, durante el entrenamiento, él la empotró contra la pared, bromeando sobre la posiblidad de que ella pensara en algo erótico, pero se puso a enseñarle un ejercicio para alcanzar la posición correcta de su cabeza. Joo Eun estaba enfadada, porque no entendía su actitud después del beso, y se enfada mucho más cuando él menciona impasible que van a trabajar sobre su grasa abdominal, tras lo cuál, se larga sin más. ¡Sin más! PAMATARLO. Una explicación quiero (queremos).

Momento empotre

No es la única que anda intranquila. Young Ho no está tomando el aire, o por lo menos no sólo eso. Está pensando en ella y en su abuela. Su dilema es tremendo. Una vida como John Kim es lo que le gustaría, y ahí Joo Eun encaja totalmente. Pero necesita complacer a su abuela, y si se convierte en un gran empresario, no cuadra tener a su lado a una simple abogada de familia humilde. De hecho, su abuela ya le ha buscado la esposa ideal, esa chica con la que se ha visto un par de veces. Finalmente termina llamando al secretario Min: va a aceptar el puesto. Total, antes o después terminaría haciéndolo por presión familiar, ¿por qué retrasar lo inevitable?

Veremos cómo se lo monta ahora con Joo Eun. ¿O pretende pasar de ella?

Tenemos miedo por un momento, pero luego vemos que no. Young Ho vuelve a casa con una bolsa en la mano, que pretende dejar colgada de su puerta, justo en el momento en que ella sale y lo pilla. Así que, le toca dárselo en mano. Es un maletín nuevo, justo igual que el que ella ha estropeado. No puede admitir que quería hacerle un regalo, así que le dice que se lo ha traído por el olor que tiene el otro. Joo Eun salta como un resorte, pero antes de que pueda lanzarle alguna pulla, él aprovecha el gesto de cerrar su puerta (también por el olor, dice) para realizar una aproximación física peligrosa y, como siempre, ambigua. Es un maestro en ello, oye.

Medio tartamudeando, Joo Eun intenta preguntarle directamente lo que ha estado pensando todo el día, pero Young Ho se adelanta sin dejarla ni empezar: “¿Te gusta hacer preguntas para las que ya tienes respuesta? Esto es una cartera. Y lo de anoche fue un beso”.

Pero claro, eso no es demasiado concreto. Joo Eun contrataca: “¿No es una forma de saludarse en América?”

“Un beso tan profundo, no”.

ÑDHFAÑDSJHFÑADSHFJHADÑSFHASKDSJFHAÑDFHAGFJKAAÑDSJFHGHAHDSJKÑHFAKFDSF

“Pero hoy has actuado como si no hubiera pasado nada, y también está Anna Sue…”

Y él por fín le aclara, aunque lo hace de una forma que podríamos no creeerle, que “Anna Sue y yo somos solo amigos.”

Joo Eun no lo va a dejar así. Tiene que definirse y ella tiene un argumento magistral por el momento masaje: “Amigos con derecho a beso, ¿no?”

Young Ho respira profundamente mientras hace otra aproximación física, esta vez sin ambigüedad ninguna, DSÑFHAÑDHFÑADKFHÑADHF

Un acorrale contra la pared es basssstante poco ambiguo. Abogadas que sufren con el calentamiento global.

Le susurra: “Pensé que te lo había dejado bien claro ayer, ¿no? ¿Qué hago? ¿Tengo que volvértelo a aclarar?” Y hace un amago de volverla a besar. Pero Joo Eun le planta una buena cobra en toda regla.

Es en otra situación, y le quito el gato de siete colas a Ari para apalearla por fastidiar el que sería el segundo beso, peeeero dado que él lleva haciéndola sufrir todo el día, esa cobra está MUY BIEN hecha. Que se fastidie Young Ho también. Aquí o sufrimos todos, o la Soo Jin al río.

Luego que si qué hacías saliendo de tu habitación, que si fui a coger a Capullo (el oso), que si es que te sentías sola, que si lo que sentía era frío… Vamos, lo de siempre. Provocándose. Bueno, provocando él y Joo Eun dando réplicas como una campeona. En el entrenamiento de púas voladoras también la tiene ya hecha una máquina.

Sin embargo, Joo Eun sabemos que es intuitiva. Ve algo en él que le indica que tiene una preocupación, y le pregunta. Pero claro, Young Ho no puede contarle todo de golpe. Todo lo que le ha caído encima ni quién es. Se limita a responder que tiene algo que decirle, y no sabe cómo. La reina de la comprensión, Joo Eun, le dice que hay más días que longanizas, que no pasa nada, y que ya lo hará mañana.

Y creo que Young Ho se alivia tanto con esa simple y espontánea respuesta, que hasta se permite tener un gesto cariñoso con ella antes de marcharse…

♥____♥

Y así, puedo tocar el hoyuelo otra vez antes de irme a dormir

Al día siguiente, Joo Eun sale con su maletín nuevo después de desayunar con el dúo boxeador. No ha visto a Young Ho. Ella no lo sabe, pero él se encuentra mal ese día. Le duele la rodilla y está en su habitación dándose calor en ella, pero está con la antena puesta escuchando todo lo que ocurre afuera.

Poco rato después, la vemos salir del juzgado, y sí, ha ganado. El maletín que le regaló Young Ho también le ha dado suerte. Sale muy contenta.

Recibe una llamada de su amiga Hyun Woo (Jo Eun Ji). Su suegra está en el hospital (apuesto a que ha recibido otra paliza del marido), y como el exmarido está muy pendiente de la vida de los demás, y muy poco o nada de las personas de la suya, es ella quien va a ir a cuidarla. El problema, es que su hijo tiene en el cole una presentación de padres, y claro, es imposible localizar al suyo. Hyun Woo le pide que se haga cargo de esto.

Rápidamente, Joo Eun llama a Joon Sung, para pedirle que haga una exhibición de lucha para los niños, y éste, acepta rápidamente. Ji Woong le acompaña, pero el tercero en discordia, que estaba por allí, también se apunta.

Mientras el dúo boxeador hace una demostración de lucha algo torpe, en calidad de tíos del niño, Joo Eun observa entre el público con Young Ho al lado, que no deja de tontear con ella.

La exhibición termina siendo un éxito. A los niños les ha encantado, y el hijo de Hyun Woo es muy feliz (menos mal, porque si es por el padre…)

Pero la tarde no acaba ahí. Joo Eun tiene preparada otra actividad para el peque. Junto con Young Ho, van los tres juntos a una exposición de super héroes y personajes de dibujos y comics, con muñecos de todos los tamaños, y tipos.

Cuando Joo Eun le pregunta a Young Ho cuál es su héroe favorito, la respuesta de él es tan ambigua y múltiple como de costumbre: “Vivo una vida opulenta como Iron Man, tengo una identidad secreta como Batman, y soy más guapo que Superman”. Y olé.

También es más guapo que Batman… ay Dios ♥

Ya es de noche cuando llegan a casa de Hyun Woo, y el pequeño Min Joon está medio dormido. Young Ho ha estado bromeando todo el rato, lo han pasado muy bien, pero también ha estado observando la forma de interactuar de Joo Eun con el niño… y algo en esto ha movido todavía más su corazón.

Pero como la madre no ha llegado todavía, y pasará la noche en el hospital, Joo Eun se queda con Min Joon en su casa, y se hará cargo de llevarlo a la escuela al día siguiente.

Sin embargo, acostumbrados como están a compartir espacio y a encontrarse todo el rato por la casa, se van a echar tanto de menos, que la tomarán con los mensajitos y no dejarán de enviárselos el uno al otro.

“He hecho otro trato con Ji Woong. Si pierdo otros cinco kilos antes de la primera nevada, nos iremos de acampada”

“¡Vale!”

“Me he sentido agradecida por conocerte desde la primera vez que te vi, Ángel Musculado John Kim, señor Young Ho, Young Ho y Señor Entrenador”

O sea, traducido, que me molas en todas tus facetas, has hecho tanto por mí que te lo agradeceré siempre… y estás muy bueno.

Young Ho sonríe al leerlos.

Hombre feliz en el baño sin enseñar six pack. Fans sin fanservice T____T

Pero la sonrisa le dura poco. Acaba de aceptar el puesto de directivo en la empresa, y todavía tiene que confesarle a Joo Eun que es un chaebol, con todo lo que eso supone no sólo para él, sino para ella también. Para los dos.

Pero aún en este punto, insisto. La suerte de la fea, la guapa la desea. Aunque hablar de “fea” cuando se trata de Shin Min Ah, aún con la cara rechoncha, es estar algo cegata, pero bueno. El caso es que si ella y Young Ho han vivido una tarde-noche estupenda, tenemos a Oh Soo Jin, la supuesta guapa, tan amargada, que está zampando chocolatinas como loca. Woo Shik no tiene tanto tiempo para ella como le gustaría, y Soo Jin se está dando cuenta de que no lo tiene tan comiendo de su mano como creía, ni supone para él prioridad ninguna.

La verdad es que ir a jugar al golf con accionistas, para prometerles presidencias en otras empresas, a cambio de que cabroneen a Young Ho en la suya, quita mucho tiempo, pero no será con Woo Shik con quien la pague Soo Jin. Será con Joo Eun.

Al día siguiente, la convoca, junto con el presidente de la firma, a la sala de reuniones. Joo Eun, no sin cierta desconfianza (me encanta que no sea la típica protagonista tonta a la que pisotean todos), se dirige hacia allá, seguro pensando en qué le depara ahora el rencor de Oh Soo Jin. Menos mal que por le camino va tirándose mensajitos con Young Ho, y eso siempre es motivador.

Joo Eun entra a la sala y se une al grupo con Soo Jin y el presidente. Esperan a que llegue la otra parte, y Joo Eun sigue sin tener idea de qué va todo, pero está confiada.

De repente, se abre la puerta, y entra un grupo de abogados trajeados… encabezados por el secretario Min. Nos tememos lo peor. ¡Nos tememos lo peor!

Y sí, lo peor ocurre.

Young Ho quería contarle la verdad, pero la malvada Soo Jin ha hecho que se entere de la peor manera. Y ésta, es cuando, después de los abogados, entra también en la sala el Director del Departamento Médico, Kim Young Ho.

La leche…

¿Cómooooooooooo?

¿¡Peeeerdonaaaaaaa!?

Los dos alucinan. Young Ho no sabía que iba a estar allí. Pero es que Joo Eun estaba en las mismas, añadiendo el hecho de que ni se imaginaba que él fuera quien es.

Y todas odiamos seguro, la forma en que Soo Jin disfruta al ver las reacciones de los dos. Claro, eso de incluirla en un grupo de trabajo junto con el jefe era demasiado bonito. Tenía truco. Joo Eun podía esperar alguna jugarreta, pero jamás se habría imaginado que a quien iba a encontrarse en esa sala de reuniones era a Young Ho. Al Director Young Ho.

El jarro de agua fría es tan grande, que sin importarle su jefe, o los demás miembros de la reunión, Joo Eun siente que debe de salir de allí, y pide disculpas para ausentarse un momento. Se dirige hacia los ascensores, y por el pasillo, va recordando todos los detalles que ha ido viendo y que ahora encajan con la verdadera identidad de Young Ho. Incluso recuerda aquel día en la cafetería en el que él le dijo que se ocultaba tras el nombre de John Kim porque era un niño rico, y ella no le creyó.

Ahora todo encaja.

Mientras espera el ascensor, Young Ho la intercepta. Él también ha abandonado la sala de reuniones. Le pide disculpas, pero Joo Eun está demasiado confusa y desorientada como para razonar con claridad en ese momento.

El estrés es malo para ella, y Young Ho lo tiene más presente que la chica. Le pide que se calme y respire profundo.

Su frialdad y tranquilidad aparentes hacen que ella se enfade. Cuando Young Ho le intenta tomar el pulso, le aparta la mano de un manotazo.

“Tú… era cierto que estabas fuera de mi liga”.

Y así termina el capítulo.

Vaya palo para Joo Eun.

Y no sólo porque Young Ho le haya ocultado su identidad, creo que esto ella podrá comprenderlo cuando lo piense más fríamente. Es una tía muy comprensiva, y además, él venía queriendo contárselo y ella lo sabe.

Esta frase final es la que deja claro qué es lo que la tiene tan afectada. Y es que Young Ho, si es un alto directivo, un niño rico nacido en una familia pudiente, está realmente fuera de su liga. De su alcance. Está, como le dijo él en una de sus bromas, fuera de su mundo. Un sitio al que no debió llevarla, pero al que la ha llevado de cabeza.

Ya sabéis cómo funciona lo de las clases sociales en Corea, y cómo las familias poderosas buscan matrimonios que supongan alianzas empresariales. Y ya sabéis que la abuela de Young Ho tiene candidata para casarlo, y que él ha estado siguiéndole la corriente al quedar con ella para poder continuar con su vida privada sin interferencias.

Pero ahora Joo Eun ya sabe a lo que se atiene. Y si habéis visto algún que otro drama, si siguen adelante, el camino puede ser duro y muy muy muy doloroso.

¿Qué pasará?

Por lo pronto, a ver cómo comienza el octavo, porque que una abogada abandone una reunión, es una cosa, pero que el heredero de la gran empresa también lo haga para salir detrás de ella, canta pero en gregoriano.

Maldita Soo Jin… Ojalá te cebes bien a base de chocolatinas.

Entradas relacionadas: 
Oh, my Venus. Episodio 1
Oh, my Venus. Episodio 2
Oh, my Venus. Episodio 3
Oh, my Venus. Episodio 4
Oh, my Venus. Episodio 5
Oh, my Venus. Episodio 6
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2 respuestas a Oh, my Venus. Episodio 7

  1. Ruka dijo:

    ah!! estuvo genial me encanta…gracias por la revisión
    haces que uno no pare de sonreir!!!

  2. Ari2pmam dijo:

    Vale, tengo el gato de siete colas en la mano y me estoy arremangando porque tengo mucho trabajo que hacer con Soo Jin. Maldita ZP. Le encanta jugársela a Joo Eun por cualquier motivo cada vez que se siente frustrada. Si algo malo le pasó en el pasado, fue culpa de Joo Eun, así que a hacerla pagar ahora; si el novio no le presta atención, a hacerle pagar los platos rotos a Joo Eun.
    Soo Jin es una miserable que sólo se merece que le pasen cosas malas porque está tratando de amargarle la vida a Joo Eun. Y ahora seguro que tratará de meterse en medio de la relación de Joo Eun y Young Ho, con calzador.

    Vaya sorpresón para Joo Eun descubrir que su Young Ho es un chaebol. La pobre no me extraña que se quede alucinada y no quiera saber nada de él, porque ya sabemos cómo van estas cosas: los chaeboles se casan con chaeboles y nunca con personas normales y corrientes. Hay que mantener los millones juntos y a poder ser, conseguir más casándose con otra cartera bien forrada.

    Tengo que hacer especial mención al secretario Min. Este hombre cada vez es mejor. Siempre con cara de palo, pero tiene su corazoncito que se preocupa en todo momento por Young Ho. Claro, lleva con él desde que era un crío, y aunque tenga que mantener las distancias, todo me dice que para él es como su hijo. Así de claro lo digo.

    En cuanto a Young Ho, es un PUÑETERO. Mira que le gusta jugársela a la pobre Joo Eun. La trae a la retortera. Que si frases con doble sentido, que si acorralamiento, que si caricias… Y luego sale el entrenador implacable y la deja con un palmo de narices. Así se frustra cualquiera.
    Lo de compararse con Batman, me mató, en serio. Es que fue muy bueno.

    Y la pobre Korean Snake, es que va a tener que esconderse debajo de una piedra para que la reina de los anuncios no dé y lo deje tranquilito. Ah, no, espera, que eso tampoco sirve porque iría Ji Woong corriendo a decírselo para así partirse la caja a su costa. Ains, pobrecito mío, lo que le espera XDDDDDDDDDD.

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